Las dos muertes del Cosmos, el equipo de 'soccer' que enamoró a Nueva York
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EL CLUB HA ANUNCIADO QUE NO SEGUIRÁ EN LA LIGA

Las dos muertes del Cosmos, el equipo de 'soccer' que enamoró a Nueva York

Ni siquiera Pelé, Beckenbauer, Cruyff y Raúl González han conseguido que el Cosmos, la gran baza del fútbol en Norteamérica, sobreviva comercialmente en las grandes ligas

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Cuando Santiago Formoso (Vigo, 1953) entró por primera vez en el autobús del Cosmos se dedicó a contar estrellas: Beckenbauer, Pelé, Rivelino, Neeskens, Carlos Alberto, Chinaglia... allí, los que no eran importantes en sus selecciones, pensó, lo eran en la historia del fútbol. "Llegué en invierno de 1977, para jugar la gira de despedida de Pelé. Para colmo me pusieron a compartir habitación con él, porque no hablaba inglés y yo, al ser gallego, sí entendía su portugués. Nos llevamos siempre muy bien y seguimos conservando la amistad", narra Formoso desde Nueva Jersey, donde vive con su familia desde que salió del Cosmos.

Hijo de unos marinos mercantes gallegos, Formoso llegó a Nueva York con quince años siguiendo a su padre, que había emigrado en 1965 en busca de oportunidades. "Mi idea era estudiar, pero me tiraba mucho el fútbol, jugaba siempre que podía", admite Santiago, cuya técnica destacó tanto en la Universidad de Pennsylvania que los ojeadores del Bayern de Múnich, el Real Madrid o el FC Barcelona le pusieron ojitos. "Dije que no. Lo primero, porque estaba a gusto en Nueva York, que además de ser el epicentro del mundo era donde yo tenía a mi pareja y parte de mi familia. Y lo segundo porque tuve la ocasión de entrar en el Cosmos, que era lo máximo entonces, el equipo al que todos querían ir, porque estaba lleno de estrellas y pagaban mejor que nadie", recuerda Formoso.

A finales de los 70 Nueva York era fútbol y el fútbol era el Cosmos. Steve Ross, director de Warner Bros, había comprado el equipo para expandir mercados y, sobre todo, para explotar el deporte como producto televisivo. Formoso no niega la mayor: define al Cosmos como "un equipo hijo del marketing" que, no obstante, se manejaba dentro de la ortodoxia: "No éramos un equipo despendolado. Todos eran profesionales y había mucho compañerismo. ¿Que si salíamos? Hay cosas que deben quedar dentro de un vestuario, pero no, los jugadores no estaban ahí para hacer el tonto sino para jugar. De verdad, todos los futbolistas del mundo querían venir al Cosmos".

Formoso fue delantero desde que nació hasta que debutó con el Cosmos. En Nueva York le preguntaron que si había jugado en alguna ocasión de lateral izquierdo y él afirmó sin miedo, a pesar de que no conocía la posición ni de lejos. "Habría jugado gratis y de portero, me daba igual", explica entre risas. Pronto se adaptó a la banda, aprovechando la experiencia que acumulaba como extremo regateador: "Defender es mucho más fácil. A veces me adelantaba al delantero porque sabía por dónde iba a salir, de modo que se la robaba y le hacía yo el regate que él tendría que haberme hecho", dice sin reparo el gallego. De hecho Formoso solo reconoce la calidad de Pelé como algo de otro planeta: "Pelé era otra cosa, pero no me consideraba menos que ninguno de los demás".

Entre los demás estaba Franz Beckenbauer, eterno capitán de la selección alemana, al que Formoso sacaba de quicio llamándole Paquito. "Es un tipo muy correcto y muy elegante fuera del campo. Dentro es el patrón, el que manda. Con una mirada te lo dice todo. Y si se iba a la banda a cambiarse las botas -a cambiar los tacos de goma por otros metálicos, concretamente- ya sabíamos todos que había que meter pata", dice Formoso. Tanto influía el kaiser en sus compañeros que hasta les controlaba la dieta. "Un día después de un partido me estaba tomando una Coca Cola, me vio Beckenbauer y le dio un manotazo tan fuerte que la lata se estrelló contra la pared. Recogió el bote, me lo enseñó y me obligó a recitarle todos los productos químicos que lleva. Después me dio su bote de cerveza y me dijo: 'Aquí está todo lo que has perdido en el partido, Santiago".

En 1979 las entradas más caras de Nueva York no eran las de los Knicks ni los Yankees, sino las del Cosmos. Ross manejaba con destreza el aparato promocional de la Warner para vender al Cosmos y viceversa. Cada sábado el equipo llenaba el Giants Stadium, con capacidad para 80.000 espectadores, y Ross personalmente se ocupaba de que alguna de sus otras estrellas, como Mick Jagger, Robert Redford o Dustin Hoffman, se dejasen ver por el palco. "A los jugadores nos daban un calendario de eventos cada semana. Una tarde ibas a una exposición del Metropolitan, al día siguiente a un concierto de los Rolling... y allí estábamos todos los del equipo rodeado de famosos... ¡y te aseguro que éramos tan famosos como ellos!", relata Formoso. Lamentablemente Formoso no hizo tanto dinero como las estrellas con las que se codeaba: "Yo ganaba en un año lo que Pelé en un partido, pero qué vamos a hacerle. A mí en ese momento no me importaba nada, solo quería aprender de ellos y jugar al fútbol". En realidad Formoso no fue contratado como un jugador internacional, sino que, al estar nacionalizado estadounidense, cubría el cupo de jugadores nacionales.

El plan de Ross y Warner lo tenía todo para funcionar. "Yo pensaba en béisbol y me venía a la mente Babe Ruth; en baloncesto, Walt Frazier... así que pregunté: '¿quién es el Babe Ruth del fútbol?' y me respondieron: 'Pelé'", recuerda Ross, fallecido en 1992, en el documental Once in a lifetime. Para fichar al brasileño no solo hizo falta una montaña de dinero -en torno a 7 millones de dólares por dos años, algo sin parangón en otros deportes- sino también la intervención del secretario de estado Henry Kissinger, quien tuvo que emplearse a fondo en los despachos porque los brasileños no estaban por la labor de dejar marchar a Pelé. Después llegarían Carlos Alberto, Beckenbauer, Neeskens e incluso Cruyff, que participó en alguna de las constantes giras internacionales del Cosmos.

Los resultados deportivos vinieron de la mano de las estrellas pero, recuerda Formoso, el equipo perdía dinero: "Como club era un agujero de dinero, pero nosotros abrimos a Warner el mercado asiático, por ejemplo. Éramos rentables de otra manera". Con la ciudad de Nueva York comiendo de la mano del Cosmos tocaba afrontar el gran reto: expandir el soccer por todo el país. La televisión 'ABC' firmó un contrato con la liga NASL, hegemonizada por el Cosmos, con la promesa de darle el mismo peso informativo que al fútbol americano. Y cumplieron con unas retransmisiones por encima de la media europea que, por otra parte, no interesaron a nadie.

Los espectadores, especialmente en el interior del país, reaccionaron tímidamente a la novedad y después se desconectaron. "Poco vibrante y sin las pausas naturales que tienen los demás deportes profesionales", rezaba un informe interno de la cadena que trataba de explicar el desastre. El fútbol en 'ABC' registró en la temporada 79/80 una audiencia media del 2,7%, una cifra inasumible tanto para el Cosmos como para la cadena, que habían invertido demasiado tiempo y recursos en una eclosión, la del soccer, que no parecía llegar nunca. 'ABC' rescindió el contrato ese mismo año y el Cosmos, que seguían ganando la liga sin sudar, fue progresivamente perdiendo a sus estrellas hasta su disolución en 1985.

En la primera muerte del Cosmos figura otro nombre propio: Giorgio Chinaglia. Exdelantero de la Lazio, internacional con Italia y emparentado políticamente con el dueño del Cosmos, Chinaglia hacía las alineaciones, derribaba entrenadores e incluso exigía sumisión a sus compañeros: "El día que debutó el brasileño Marinho metió tres goles. Chinaglia le cogió al final del partido y le dijo: 'Tú eres un lateral y yo el delantero centro, así que los goles los meto yo. Si estás solo delante de la portería me la tienes que pasar. Hoy has metido tres goles, así que te vas a quedar tres partidos en el banquillo", dice Formoso. Y también fue Chinaglia, le consta al gallego, quien pidió su despido en 1980. "No le guardo rencor, lo que me da pena es que aquello tan bonito, con toda una ciudad rendida a un nuevo deporte, durase solo cinco años", dice Formoso, cuya vida ha sido recientemente recogida en el documental Alen do Cosmos, dirigido por los periodistas Pedro Pablo Alonso y Cuco Pino.

El nuevo Cosmos

El Cosmos durmió el sueño de los justos hasta que resucitó en 2013 de la mano del empresario británico Paul Kemsley, que se hizo con la marca e inscribió al equipo en la NASL, la misma liga en la que había militado veinte años atrás. Kelsey completó el revival contratando a Pelé como presidente honorífico del club y diseñando un uniforme-homenaje al que lució el genio brasileño. Uno de los primeros en dejarse seducir por el nuevo Cosmos fue el defensa Ayoze García (Tenerife, 1985), que dejó el Sporting de Gijón siguiendo su instinto: "Me ilusionaba mucho la idea de jugar en el Cosmos porque es un club histórico. Después llegaron Marcos Senna y Raúl González, dos monstruos, y me convencieron de que el proyecto era ambicioso", dice desde Santa Cruz de Tenerife, donde se encuentra desde que el club le comunicase que no habrá más partidos para el Cosmos.

Pero el reinicio pronto perdió gas. Aunque contaban con la bendición de The New York Times, que les dedicaba al menos una página cada vez que el equipo jugaba en la ciudad, el resto de medios no le prestaron mucha atención, mucho más preocupados de lo que sucedía en la Major League Soccer, superior en presupuesto y talento que la NASL. "Nadie entiende por qué el Cosmos no compró una franquicia de la MLS. Creo que la NASL no tiene nada que envidiarle en términos futbolísticos, pero los medios no nos hacían caso; la llegada de Raúl disparó el interés solo durante un tiempo", explica Ayoze.

Fuentes cercanas al club ofrecen una versión de los hechos: "Comprar una franquicia de la MLS es caro y Kemsley no quiso arriesgarse tanto. Prefirió entrar en la NASL, que es mucho más barata, y esperar que, aunque solo fuese por el nombre, la MLS contase con el Cosmos en el próximo draft de expansión. Pero ese draft nunca llegó". La mayor parte de los involucrados prefieren no dar su nombre ya que el club les adeuda mensualidades.

Como al de Steve Ross, a este Cosmos también le acompañaron los resultados: tres títulos de liga en cuatro años. Tanto es así que la continuidad de la liga está en duda tras la desaparición del Cosmos: "Si es que éramos el gran rival a batir, la gran inspiración. Encima éramos como una gran familia en la que nadie se esperaba este final", lamenta Ayoze. Las sospechas comenzaron esta temporada, cuando se empezaron a notar los recortes en el vestuario: "Nos cambiaron de estadio y el campo estaba fatal, era insufrible entrenar", dice García, que ya tiene un acuerdo con un equipo de la MLS para esta temporada.

Kemsley, como Ross, esperó y esperó a la llegada de la televisión. O de la MLS. Ninguna de las dos apareció. Cuarenta años y otros treinta millones de dólares después, Estados Unidos volvió a olvidarse del Cosmos.

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