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Vitesse sigue siendo la sucursal número 1 del Chelsea en Europa
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Veinte ‘cesiones’ en siete años

Vitesse sigue siendo la sucursal número 1 del Chelsea en Europa

El club londinense es el que más jugadores cedidos tiene en el planeta fútbol (37). La sospechosa empatía entre Abramovich y el dueño ruso del cuadro holandés ha sido investigada

Foto: En la imagen,  Roman Abramovich, propietario del Chelsea (EFE)
En la imagen, Roman Abramovich, propietario del Chelsea (EFE)

El Chelsea será, junto al Manchester United, el gran ausente de la fase de grupos de la Champions que acaba de arrancar. Sin embargo, la escuadra que preside Roman Abramovich volverá a ser, por quinto año consecutivo, la que más futbolistas de su propiedad tiene desperdigados por todo el planeta. Hasta 37 jugadores ‘blues’, cifra que constituye un récord absoluto en dicho apartado, tratarán esta temporada de ganarse la confianza de Antonio Conte desde la distancia. De los veinte clubes que se van a beneficiar del abultado fondo de armario londinense (Granada y Betis, entre ellos), uno llama poderosamente la atención. Se trata del Vitesse holandés.

El cuadro de Arnhem volverá a ser, con tres futbolistas (Matt Miazga, Lewis Baker y Nathan Allan de Souza), la principal sucursal de los ingleses. Un clásico que se viene repitiendo desde que en 2010 las excelentes relaciones entre Abramovich y el entonces nuevo propietario del Vitesse, Merab Jordania, culminaron con la cesión de Nemanja Matić, Slobodan Rajković y Matej Delac al conjunto tulipán, en plena fase de reconstrucción tras verse sumido durante dos años antes en la bancarrota. La aparición en escena del magnate georgiano, antiguo jugador del Dinamo Tbilisi y primer dueño extranjero de un club en Holanda, resultó clave para devolver a los de Gelderland la estabilidad económica, aunque fuera a costa de perder cierto grado de independencia a la hora de confeccionar sus plantillas.

A la caza de pruebas

Y es que la influencia de Abramovich y su Chelsea han ido 'in crescendo' en estos últimos siete años, como demuestra el hecho de que hasta 20 futbolistas de las nacionalidades más variopintas han recalado en el Gelredome Stadion procedentes del corazón de la City. El último de esa larga lista, el prometedor zaguero de los Estados Unidos Matt Miazga, aterrizó en tierras holandesas sobre la bocina del último mercado veraniego y después de que Conte le recomendara buscar minutos lejos de Stamford Bridge una vez fue anunciada la vuelta de David Luiz al hogar de los ‘blues’. Con las manecillas del reloj a punto de llegar a la hora límite, la solución al problema planteado por el fichaje del internacional brasileño parecía evidente: llamar a la puerta del Vitesse, que le hizo hueco en su seno de inmediato, pese a andar sobrado de centrales.

Las sospechas de que entre ambos clubes existe algo más que una mera entente cordial aumentaron en 2013, cuando el oligarca ruso Aleksandr Chigirinskiy adquirió el grueso del paquete accionarial del equipo neerlandés, circunstancia que acentuó aún más si cabe la llegada al centro de Holanda de jóvenes valores con la marca Chelsea en su contrato de arrendamiento de servicios. El récord de cesiones se produjo durante el pasado ejercicio, en el que los ‘blues’ enviaron hasta cinco jugadores a Arnhem para foguearse en la Eredivisie (Isaiah Brown, Dominic Solanke, Nathan, Danilo Pantić y Lewis Baker).

Incapaz de encontrar pruebas sólidas que probaran abiertamente el clientelismo de Jordania para con Abramovich, la Federación Holandesa (KNVB) sí lograría relacionar al todopoderoso dueño del Chelsea con los hermanos Chigirinskiy a través de la empresa Snegri Development, de la que el mandamás del conjunto inglés participa con un 16% del accionariado. Empero, la investigación llevada a cabo el pasado año por parte de una comisión independiente al servicio de la KNVB no logró arrojar a la superficie ningún indicio contundente de que esa sociedad empresarial entre sendos magnates se extendía al terreno deportivo a través de sus respectivos clubes de fútbol.

La liga perdida

Esa segunda tentativa de las autoridades deportivas holandesas por echar el guante a los oligarcas del Este de Europa llegó como consecuencia de una denuncia pública del expresidente Jordania, quien acusó a Roman Abramovich de ejercer una influencia abusiva en los designios del Vitesse. El controvertido hombre de negocios georgiano reveló que el Chelsea no sólo colocaba en Holanda a cuantos futbolistas se le antojaba, sino que además les obligaba a darles una cantidad determinada de minutos (requisito que no figura en los contratos de cesión), que el técnico de turno debía cumplir tanto si le gustase como si no. Jordania confesó igualmente que Abramovich hizo lo imposible por evitar que los de Arnhem ganaran la Eredivisie en 2014, una liga que se les escapó en las jornadas finales. Su desencanto fue tal que optó por vender las acciones que le quedaban.

No deja de ser curioso que la mayor parte de los jugadores que el Chelsea ha enviado estos años al Vitesse nunca han llegado a lucir la elástica azul del equipo londinense. Uli Dávila, Christian Atsu, Danilo Pantic, Matej Delac, Izzy Brown, Dominic Solanke, Wallace Oliveira o Cristian Cuevas no han hecho otra cosa que ir de aquí para allá después de ser adquiridos por el Chelsea. Otros, caso del exsevillista y rayista Kakuta o el central Rajkovic, apenas han vestido la camiseta del club que tiene sus derechos en una ocasión.

El Chelsea será, junto al Manchester United, el gran ausente de la fase de grupos de la Champions que acaba de arrancar. Sin embargo, la escuadra que preside Roman Abramovich volverá a ser, por quinto año consecutivo, la que más futbolistas de su propiedad tiene desperdigados por todo el planeta. Hasta 37 jugadores ‘blues’, cifra que constituye un récord absoluto en dicho apartado, tratarán esta temporada de ganarse la confianza de Antonio Conte desde la distancia. De los veinte clubes que se van a beneficiar del abultado fondo de armario londinense (Granada y Betis, entre ellos), uno llama poderosamente la atención. Se trata del Vitesse holandés.

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