guía turística de la sede de la supercopa

Cómo sobrevivir a un día en Tbilisi y llegar a tiempo al Barcelona-Sevilla

Quien se aventure a pisar suelo georgiano para seguir las evoluciones de Messi, Neymar, Konoplyanka y compañía podrá hacerlo sin la necesidad de un visado de entrada al país

Foto: Vista del moderno puente sobre el río Mtkvari con el casco histórico en el fondo (Reuters)
Vista del moderno puente sobre el río Mtkvari con el casco histórico en el fondo (Reuters)

Ver en directo a Barça y Sevilla pelear por el primer título continental de la nueva temporada va a ser un poquito más complejo de lo que resultaron para sus respectivas hinchadas los desplazamientos a Berlín y Varsovia. Situada aún más al este que la capital polaca, Tbilisi (castellanizado Tiflis) es sobre todo la principal puerta de entrada a los montes del Caúcaso para numerosos amantes de la media y alta montaña. Al contrario de lo que sucede en la inmensa mayoría de repúblicas exsoviéticas, incluida la propia Rusia, quien se aventure a pisar suelo georgiano para seguir las evoluciones de Messi, Neymar, Konoplyanka y compañía podrá hacerlo sin la necesidad de un visado de entrada al país. Tener el pasaporte en regla es el único requisito que las autoridades locales solicitarán a hispalenses y azulgranas cuando aterricen en el aeropuerto internacional Novo Alexeyevka, sito a unos 20 kilómetros de la capital.

Hasta ahí, todo sencillo. La verdadera odisea, especialmente para aquellos seguidores que se desplacen por su cuenta, comenzará nada más salir de la terminal en busca de un medio de transporte que les lleve al centro de Tbilisi. Antes bien, no estaría de más cambiar algunos euros por la moneda local, el Lari (GEL). Su valor actual es de 2,45 por cada euro. Si la cifra ofertada por las sucursales bancarias aeroportuarias es sensiblemente inferior, lo mejor es hacer un pequeño trueque de supervivencia y conseguir más en las miles de casas de cambio que existen por cada rincón del centro, inclusive en los alrededores del estadio.

Un aluvión de taxistas se le echarán encima ofreciéndole sus servicios para trasladarle a su hotel, guesthouse o casa alquilada a través de Airbnb. El precio 'oficial' es de 30 laris por trayecto. Si le piden más de esa cifra, toca regatear. Labor, por cierto, nada sencilla en esta tierra, dado que son muy pocos los georgianos que entienden toda lengua que no sea la suya propia o el ruso. En cualquier caso, siempre se puede recurrir al 'information center' del aeropuerto para que nos echen una mano o, en su defecto, nos indiquen el lugar del que parten las Marshutkas (furgonetas) rumbo a la Plaza de la Libertad, uno de los puntos neurálgicos del downtown. Este es, sin duda, el método más económico (apenas 5 laris) y también el más emocionante para sortear el primer obstáculo de la jornada, rodeado de lugareños. Los vehículos, por cierto, suelen ser Ford Transit o de una gama superior. Uno de los aspectos que más llaman la atención nada más plantar bandera en Georgia es el nivel brutal de su parque automovilístico: Mercedes de todos los colores, BMW de alta gama, Audis, Lexus, Maseratis, algún que otro Ferrari y una cantidad ingente de todoterrenos circulan por sus deterioradas carreteras. Demasiada carrocería para un país cuya renta per cápita ronda los 6.600 euros.

Imagen de una calle de Tbilisi (FOTO: David Ruiz)
Imagen de una calle de Tbilisi (FOTO: David Ruiz)

Intenso calor

Kala es el casco antiguo y, sin duda, el lugar de mayor animación de Tbilisi. Un laberinto de casas a punto de venirse abajo y calles en las que el tiempo parece haberse detenido dotan a este tradicional y céntrico barrio de un singular encanto. El mejor lugar y también el más concurrido por los turistas para empaparse del aroma de la ciudad y buscar refugio en uno de sus numerosos cafés, restaurantes o casas de comida típica local.

La gastronomía georgiana, a todo esto, es uno de sus mayores e inesperados tesoros. Platos como el khachapuri, el kubdari, el chishdvari o los ostri (con el queso y la carne como principales ingredientes) a buen seguro superarán las expectativas de los paladares andaluces y catalanes más exigentes. Los primeros se sentirán casi como en casa en lo que respecta a la temperatura. El termómetro no ha bajado de los 30 grados desde que comenzó el verano y la temperatura apenas baja con la caída de la tarde. Una mala noticia para los jugadores de Luis Enrique y Unai Emery, que además acabarán el choque, pase lo que pase, al día siguiente de comenzarlo por aquello del cambio horario: hay dos horas de diferencia entre España y Georgia, lo que significa que el pitido inicial de la Supercopa tendrá lugar a las 22:45 hora local. Si se van a los penaltis, el espectáculo deportivo concluirá en plena madrugada.

Imagen de la iglesia de Metekhi y del monumento al Rey Vakhtang Gorgasali, fundador de Tbilisi (Reuters)
Imagen de la iglesia de Metekhi y del monumento al Rey Vakhtang Gorgasali, fundador de Tbilisi (Reuters)

Un metro muy recomendable

Si viaja con un día de antelación, no debería dejar pasar la oportunidad de darse una vuelta por la fortaleza de Nariqala (con unas vistas magníficas de la urbe), la antiquísima iglesia ortodoxa Metekhi o el Museo Nacional de Georgia, situado al comienzo de la gamziri (avenida) Rustaveli, la más importante y también la más larga de Tbilisi. Aunque el georgiano es completamente ininteligible a oídos de un occidental (su alfabeto se asemeja al cirílico), el centro de la ciudad está, por fortuna, bastante bien señalizado en caracteres latinos, así que las posibilidades de despistarse o de acabar camino de la monumental Davit Gareja son más bien reducidas... salvo en el metro. Y eso sí que puede representar un problema, ya que estamos hablando del transporte más recomendable para desplazarse hasta Didube-Chigureti, el distrito en el que está enclavado el Boris Paichadze Dinamo Arena, a la sazón escenario del partidazo del verano.

Construido en 1966 bajo los mismos cánones que el de Moscú, padece de la misma deficiencia que su hermano gemelo: casi todos los carteles están en el idioma local y es relativamente fácil tomar el convoy que va en la dirección opuesta a la pretendida. Aun así, y teniendo en cuenta el monumental atasco que se prevé la tarde del encuentro, el suburbano será el modo más eficaz, amén del más barato (un billete sencillo cuesta sólo 1 lari), para alcanzar el objetivo. Si lo toma en la estación de la Plaza de la Libertad (la entrada queda en realidad en la avenida Rustaveli), tendrá que bajar hasta casi el núcleo de la tierra para acceder al tren. Tres estaciones más tarde (el viaje durará unos 8 minutos) llegará a Stadion Square. El estadio del Dinamo queda a unos 300 metros de la plaza, aunque para plantarse en sus aledaños hay que atravesar un espectacular mercado ambulante donde se puede encontrar cualquier tipo de falsificación y otro de frutas y verduras.

Panorámica del Boris Paichadze National Stadium (Reuters)
Panorámica del Boris Paichadze National Stadium (Reuters)

Un casino para gastar los laris sobrantes

Si alguno cambia más laris de los necesarios, puede tentar a la suerte en el casino que hay a poquitos pasos de la boca de metro. Lo que no debe perderse de ninguna de las maneras es la mágica atmósfera de un área proletaria que por momentos parece haber quedado varada en los tiempos del comunismo, cuando Georgia presumía de ser una de la repúblicas con más prebendas de la extinta URSS como moneda de cambio por haber sido la patria chica tanto de Iósif Stalin como del temible Lavrenti Beria, uno de los instigadores de las tristemente célebres purgas y el creador de los gulag o campos de trabajo siberianos para los disidentes políticos.

Una serie de carteles advierten a la entrada del recinto deportivo sobre la prohibición de ingresar al mismo con armas de fuego, armas blancas, botellas, bebidas y mascotas. Así que si algún aficionado se ha llegado a plantear tratar de introducir bengalas o cualquier otro artefacto pirotécnico para dar un colorido extra al ambiente, será mejor que se lo piense dos veces porque la policía georgiana no será en absoluto condescendiente con quienes infrinjan las durísimas leyes antiviolencia locales. En suma, que resultará mucho más saludable hacer tiempo hasta el inicio del duelo tomando una buena taza de café 'Pelé', confraternizar con la hinchada rival y disfrutar de la hospitalidad de los lugareños, gozosos por tener en su ciudad un par de días a semejante pléyade de astros del fútbol.

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