SU IDEOLOGÍA CONGREGA A 11 MILLONES DE FANS

St Pauli, el club de fútbol que explota económicamente una calavera antifascista

Actualmente, el equipo de Hamburgo pelea por no descender a la tercera división alemana, algo que no impide que su estadio tenga las entradas agotadas hasta final de año

“Cada uno tiene su forma de vida y hay que respetarla. Nosotros vivimos el fútbol, lo extra –lo que pasa fuera– lo apoyamos, damos la mano y el visto bueno. Nunca había vivido un caso así y creo que el fútbol y el mundo deben verlo para que no exista violencia en ninguna grada. Es un club que abre la puerta a muchas cosas”. Armando Cooper es un jugador extranjero, internacional con Panamá, que acaba de fichar por el particular equipo del St Pauli, un club de Hamburgo que hace unos 30 años se adelantó a las actuales normativas de prohibir símbolos fascistas, racistas y homófobos en sus gradas a través de sus estatutos. Su último fin no son los títulos, sino difundir ese mensaje acompañado de alegrías sobre el césped acompañando una viabilidad económica que se retroalimenta de tales ideales y de acciones como la de haberse gastado sólo 2,5 millones de euros en fichajes en los últimos tres años.

Vídeo: entrada de los equipos del St Pauli y Nuremberg.

Su táctica dentro del campo puede variar, pero no fuera. Una bandera arcoíris ondea en el estadio junto a otra con el escudo del club y recuerda su mentalidad, además de responder indirectamente a la pregunta de que por qué aglutina a tanto público: es un club potencialmente atractivo para aficionados antifascistas, antirracistas y antihomófobos. Este éxito ha roto fronteras y ha provocado que la bandera pirata sea más famosa que la del propio club, identificándose más con los valores anteriormente mencionados que con ser un equipo de un barrio de Hamburgo, del barrio de Sankt Pauli.

Por este motivo, aunque el equipo fuerte de la ciudad marinera sea el Hamburgo SV –único club que no ha descendido de la Bundesliga–, paseando por sus calles son las banderas piratas las que copan las tiendas y las camisetas de los viandantes. Y eso que el equipo ‘pobre’ actualmente pelea en la 2. Bundesliga por no descender a la tercera división, situación que no crispa a sus fans con sus futbolistas. Tampoco con el rival: en el último partido de casa, frente al Nuremberg, el autobús del equipo contrario llegó sin necesidad de escolta a la puerta del vestuario y los hinchas rivales caminaban con tranquilidad por los aledaños del estadio. La normalidad es llamativa para una cultura como la que se respira en España, cuya energía se enfoca de diferente manera. La mayor ‘hostilidad’ hacia los visitantes fue recibirles con su habitual ‘Hells Bells’ –de AC/DC– para saltar al campo. Por cierto, el rock se respira en todo el barrio, sobre todo en su famosa calle de Reeperbahn, donde los Beatles iniciaron su carrera internacional. (“No crecí en Liverpool, crecí en Hamburgo”, John Lennon).

“Al final del partido saludamos a la grada cogidos de la mano”

“Hay un respeto del jugador hacia la grada y viceversa. Al final de partido hacemos cosas que nunca había hecho antes, como reunirnos todos los jugadores en el centro del campo y hablar de lo que se hizo bien o mal. También nos acercamos a cada una de las gradas para saludar a la gente cogidos de la mano. Es una relación que permanece tanto en las buenas como en las malas”, comenta Armando a El Confidencial tras esa sufrida victoria por 1-0 frente al Nuremberg, con el que salieron del descenso hace dos viernes, aunque este pasado fin de semana volvieron a perder y ocupan el farolillo rojo (a dos puntos de la salvación).

Fueron prostitutas, punkis, okupas, anarquistas, estudiantes, gente desfavorecida y contra el sistema de los años 80 de este barrio de la ciudad del Elba quienes comenzaron a imprimir el actual carácter rebelde del equipo, también los portadores de la famosa bandera de la calavera con las dos tibias cruzadas que poco a poco fue invadiendo casi todos los rincones de la ciudad. Pero, a pesar de esta gigantesca tribu social llamada St Pauli, el escaso rendimiento económico que se obtenía de todos estos sentimientos provocó que el equipo ‘enfermase’ gravemente en 2003, cuando descendió a la 2. Bundesliga y la situación financiera del club era ruinosa.

Ese año, el empresario teatral Corny Littmann tomó el mando del conjunto hamburgués y se convirtió en el primer presidente gay de un club de fútbol alemán. Realizó un estudio para monetizar todos esos sentimientos y su lucha de ‘pobres contra ricos’ para expandir la fama del club hasta, según los cálculos de un estudio realizado, haber alcanzado a más de 11 millones de aficionados y más de 500 peñas a lo largo y ancho del mundo. Littmann dejó su sillón en 2010 con las cuentas saneadas y unas vías de financiación que actualmente continúan dando sus frutos para hacer frente a la propia política dentro del club, como la de no vender el nombre de su estadio –propulsado por la afición–, algo que les deja en inferioridad económica con respecto a sus rivales.

Pidió prestado dinero para remodelar el estadio

A pesar de medidas como la anterior –y también de otras como la de vetar la publicidad de Maxim por considerarla sexista–, su estabilidad financiera se plasma con las obras de ampliación de su Millerntor Stadium, cuyo aforo de 25.000 localidades son insuficientes viendo cómo las entradas están agotadas para todos sus partidos. Dichas obras se iniciaron en 2011 gracias, en parte, al 'Bono St Pauli 2011/2018', con un interés del 6% hasta la fecha de su vencimiento y adquirido por 5.000 inversores que en un mes engrosaron en 6 millones de euros las arcas del club portuario (el coste las obras ascendía a 30 millones).

Deportivamente, una de las mayores gestas del St Pauli vino hace poco del brazo de Holger Stanislawski, quien se ganó el respeto de toda Alemania tras impulsar al equipo del barrio marinero desde la tercera hasta la primera división en cinco años, entre 2007 y 2011. Y al igual que su doctrina ha influido en aspectos económicos, en el césped también: en 2012, Marius Ebbers marcó un gol con la mano y el árbitro lo dio por válido, pero el delantero informó al colegiado de cómo lo anotó y anuló el tanto entre los aplausos y abrazos de los rivales. El St Pauli ganó aquel partido por 2-1 al Union Berlin.

Videoclip de Le Fly - We Love FC St Pauli.

En España se suele decir que el St Pauli es el Rayo Vallecano alemán por su similitud en la filosofía obrera y carácter revolucionario de sus gradas. Tal vez sea al contrario y el Rayo es el St Pauli español. Si bien es cierto que sobre el césped los franjirrojos pelean por un objetivo muy superior al de los piratas, fuera de él en los despachos–, la explotación de su ideología ha dado lugar a una maquinaria económica que está varias categorías por delante. Como Alemania de España.

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