sustituye a walter mazzarri

La añoranza del Inter llama a Mancini para volver a la gloria que no perdió Mazzarri

El Inter destituyó a Walter Mazzarri tras ganar dos de los últimos ocho partidos. Pero los problemas del Inter van mucho más allá del entrenador

Foto: Roberto Mancini volverá a lucir su bufanda 'nerazzurra' con el Inter (Cordon Press).
Roberto Mancini volverá a lucir su bufanda 'nerazzurra' con el Inter (Cordon Press).

Lo que pueden cambiar unos equipos de fútbol en unas pocas temporadas es muy sorprendente. La identidad adquirida durante una larga etapa puede verse extinguida en lo que se tarda en abrir y cerrar los ojos. En este magnífico deporte, la tradición es básica para salvaguardar los valores de una entidad, que son con los que se identifica la afición. Ésta es la protagonista, por la que se supone que saltan los 22 tíos al campo (aunque esa sea sólo en realidad la idea de un idealista romántico). Los equipos más grandes de la historia tienen una historia detrás que respetar y recordar. En el Inter cada vez queda menos de esa historia, que una vez, no hace tanto fue victoriosa. Y lo fue con Roberto Mancini. La añoranza por el pasado que jamás volverá hace que vuelva a sentarse en el banquillo del Giuseppe Meazza.

El Inter destituyó a Walter Mazzarri, culpándole como único responsable de la lamentable situación de la entidad nerazzurra. Pasa siempre y seguirá pasando hasta que a alguien se le encienda la bombilla y descubra otra forma de solucionar los problemas de un equipo. Y como suele ser, la responsabilidad de este técnico en la disolución del mejor Inter en 50 años es realmente pequeña. Se acaba su etapa en el Meazza con muchísima más pena que gloria. Aunque antes de criticar al que sale, merece la pena analizar por qué sale y reconocer si en algún momento tuvo una verdadera oportunidad de triunfar en el Inter. Se le ofreció un equipo flojo. Tenía ante sí un graderío que nunca estuvo de su parte y no tuvo ni idea de cómo gestionarlo.

Mazzarri firmó por el Inter de Milán cuando todavía Massimo Moratti era poseedor del paquete mayoritario de las acciones; cuando Javier Zanetti todavía lucía el brazal amarillo en la manga izquierda; cuando la grada se derretía con sólo oír por megafonía el nombre y apellido de Diego Milito. Pero sobre todo llegó cuando el recuerdo de la Champions League de 2010 todavía estaba fresco y la herida que genera su imposible regreso escocía más que nunca. Desde que il capitano levantara la Orejona en el Bernabéu, el Inter se ha arrastrado por el fango de la mediocridad, la vulgaridad y la lejanía de un objetivo cada vez más platónico pero tan básico como jugar la Copa de Europa.

Puede resultar casi frívolo decirlo, pero la decadencia del Internazionale puede que fuera la mayor degradación de un campeón europeo y que se produjera en el menor tiempo. La magnífica plantilla que heredó Mourinho de Mancini la perfeccionó hasta el punto de que pasase de ser el equipo que se paseaba sin rivales en el calcio a ser uno de los grandes favoritos en la Champions. Ese plantel se fue desintegrando a marchas forzadas. Tras la gran inversión con los fichajes de Eto’o, Sneijder, Motta, Lúcio y Pandev, al año siguiente llegaron sólo Pazzini, Ranocchia y Nagatomo, jugadores muy lejos de tener una calidad similar ni un carisma parecido a los jugadores a los que se unieron. Era sólo un aviso de una descomposición inevitable.

El primero en salir fue Balotelli, pero se marcharían en poco tiempo Eto’o, Sneijder, Motta, Lúcio, Pandev, Júlio César, Coutinho… Y este año, Mazzarri se ha quedado sin la base argentina que adora toda la tifoseria nerazzurra, empezando por Zanetti y pasando por Cambiasso, Milito y Samuel. Hace justo un año que el nuevo propietario del Inter pasó a ser Erick Thohir, un empresario de Yakarta al que le gusta acumular entidades deportivas por todo el mundo. Moratti dejaba en manos extrañas un club que es patrimonio de su familia. Alejado de la actividad ejecutiva, Moratti se cansó y dejó el Inter, se arrancó una parte de sí mismo y dejó todo a suerte del indonesio.

Thohir prometió mucho oro… y por ahora sólo ha traído carbón a Appiano Gentile. Las inversiones que anunció no se han producido y el fichaje más caro desde que es presidente del Inter es Gary Medel, al que fichó pagando 12 millones de euros al Cardiff City. Medel no es mal jugador, pero está lejos del glamour y el emblema de la calidad que anunció Thohir poco después de estampar su firma en el contrato con Moratti. Este verano se fichó también a Osvaldo, a M’Vila, a Dodô, a Vidić… y el Inter marcha noveno en la Serie A, ya prácticamente descartado para la Champions League y sufrirá terriblemente para entrar en la Europa League.

El pasado regresa al Inter con Mancini, pero que nadie espere que el exjugador de la Sampdoria pueda devolver la gloria pasada a la Pazza Inter. Cuando Roberto Mancini entrenó por primera vez al equipo interista se encontró con la mejor plantilla de toda la Serie A y sin la competitividad que siempre le garantizaba la Juventus, que empezaba su primera temporada en la Serie B tras el Moggigate. Ganó con Ibrahimović por bandera (y por ahí estaban también Crespo, Figo, Solari, Córdoba, Toldo, Vieira, Recoba, Materazzi...) en una división sin verdaderos adversarios potentes. Estaba el último Milan de Ancelotti, la Roma de Spaletti y muy poco más. Y el Inter era infinitamente mejor que cualquiera de ellos. Pero Mancini lo que sí asegura es volver a hacer del Inter un equipo sólido, competitivo y que al menos pueda optar a entrar en Europa. Eso sí, pasará como con Mazzarri, sin jugadores de primer nivel, difícil será que Mancini sobreviva. Y empieza su aventura en el Derby della Madonnina contra el Milan

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