El Dnipro: el equipo de una fábrica fantasma de misiles, con un técnico 'anti-Putin'
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el rival del sevilla en la final de varsovia

El Dnipro: el equipo de una fábrica fantasma de misiles, con un técnico 'anti-Putin'

El entrenador del equipo ucraniano, Myron Markevych, sueña con batir al Sevilla en la final de Varsovia para "ofrecer el título a nuestros soldados, que siguen luchando por defender nuestra libertad"

placeholder Foto: Aficionados del Dnipro, en las semifinales de la Liga Europa contra el Nápoles (Efe)
Aficionados del Dnipro, en las semifinales de la Liga Europa contra el Nápoles (Efe)

A la sombra permanente de Dinamo Kiev y Shakhtar Donetsk desde que a principios de los 90 nacierael campeonato ucraniano, el último escollo del Sevillacamino de la gloria apenas era conocido hasta ahora en nuestro país por haber sido el último club bajo la batuta de Juande Ramos, el hombre que precisamente conquistó las dos primeras Copas de la UEFA al mando de los nervionenses. El buen trabajo realizado por el técnico manchego, que permaneció durante cuatro campañas (de 2010 a 2014) guiando los pasos del equipo azulón, ha sido muy bien aprovechado por Myron Markevych, quien sólo un año después de su adiós ha colocado al Dnipro en el umbral de obtener el mayor logro en sus 98 años de existencia.

Al igual que la inmensa mayoría de los clubes de la antigua Unión Soviética, los orígenes del FC Dnipro se encuentran estrechamente vinculados a los planes quinquenales de Stalin y a la interminable cadena productiva implementada por el régimen comunista. Fundado apenas un año después de la Revolución Bolchevique por la escuela tecnológica BRIT, no tardaría mucho en pasar a depender de la industria del acero, alterando su nombre hasta en tres ocasiones (Petrovets, Stal y Metallurg), hasta alcanzar el definitivo en 1961 cuando la factoría secreta de misiles y cohetes Yuzhmash se convirtió en su nuevo mecenas.

Su nueva denominación (Dnepr en ruso) hacía referencia al río Dniéper.La crucialidad de esta planta de producción para la extinta URSS en plena carrera armamentística con los Estados Unidos durante los años de la Guerra Fría, llevó a Nikita Kruschev en 1959 a prohibir las visitas de extranjeros a la ciudad de Dnipropetrovsk. Tal circunstancia obligó al Dnipro a disputar sus partidos internacionales como local durante ese período en Kiev, ganándose el apelativo de 'equipo de la Ciudad Prohibida de los Misiles'. Yuzhmash y, por ende, la ciudad del rival del Sevilla no perdería su condición de 'fábrica fantasma' hasta 1987 por mor de la Perestroika. Lo más curioso de todo es que durante casi tres décadas, el propietario del Dnipro fue, oficialmente, una empresa dedicada a la fabricación de tractores agrícolas y equipamientos de cocina, como picadoras o exprimidores. Hoy día, Yuzhmash sigue fabricando misiles, aunque su principal comprador son los Estados Unidos. Ver para creer.

Dos ligas soviéticas en los años ochenta

El Dnipro fue, tras el Dinamo de Kiev de Valeriy Lobanovskiy, el mejor club ucranio antes de la caída de la Unión Soviética. Precisamente, el despegue del equipo de la Yuzhmash arrancó con el áspero coronel en el banquillo, al que llegó en 1968. El mejor técnico en la historia del fútbol de la extinta URSS permaneció siete años al frente del Dnipro, al que llevó desde la Tercera división nacional a Primera, llegando a cosechar un meritorio sexto puesto en su debut en la categoría.

A pesar de su fuga al Dinamo Kiev en 1975 y el descenso en el siguiente ejercicio, lo mejor estaba por venir. Los 'Guerreros de la luz' volverían a la élite en 1981 para ganar, dos años más tarde, su primera Liga soviética tras doblegar al Spartak de Moscú en la última jornada. Gennadiy Lytovchenko, elegido mejor jugador de la URSS en 1983, fue el motor de impulsión de una escuadra que volvería a subir a lo más alto del escalafón en 1988. Una impresionante racha de 20 encuentros sin perder y los 35 goles de Oleg Protasov fueron determinantes para que el Dnipro sumara su segunda y última estrella. Dos veces ganador de la Copa de la URSS, desde que pasó a disputar la Liga ucraniana ha sido incapaz de romper la hegemonía que se han repartido, al alimón, Dinamo Kiev y Shakhtar Donetsk. El subcampeonato logrado el año pasado con Juande en el banquillo ha sido lo más cerca que han estado sus hinchas de festejar un título liguero.

Acaso por ese pasado industrial, el fútbol del Dnipro versión 2015 viene marcado por la solidez y el pragmatismo. Su técnico, Myron Markevych, se ha revelado como un hábil estratega que ha sabido mover sus peones en base al potencial de sus contrincantes con el claro objetivo de neutralizar sus vías de ataque. Pese a sufrir en la fase de grupos para dar el salto a las eliminatorias directas, el equipo engrasó convenientemente su maquinaria durante el stage invernal y, ya con todos sus efectivos, fue dejando en la cuneta a cada uno de sus rivales europeos (Olympiacos, Ajax, Brujas y Nápoles) hasta plantarse en Varsovia. Con un estilo eminentemente conservador, muy presionante y paciente, a la espera del error enemigo, el Dnipro ha sabido rentabilizar al máximo cada gol conquistado. El perfecto conocimiento de sus rivales, mérito sin duda del trabajo del sustituto de Juande, y la intachable interpretación de sus planteamientos tácticos por parte de una escuadra escasa de brillantez, pero sumamente disciplinada y sin lagunas reseñables en sus cuatro líneas, hacen del cuadro ucraniano un rival complicado de doblegar. Su habitual esquema táctico (1-4-5-1), habla bien a las claras de sus intenciones sobre el césped.

Konoplyanka y Seleznyov, conexión explosiva

El Sevilla debe encontrar la fórmula de desactivarla, si no quiere acabar naufragando en las aguas del Vístula. Yevhen Konoplyanka es la excepción a la regla en una escuadra muy escasa de talento. El hábil extremo diestro internacional, aunque siempre jugando a banda cambiada, puede convertirse en un quebradero de cabeza permanente si Emery no acierta con la fórmula de pararle los pies. Dotado de un excelente mano a mano en espacios reducidos, su notable manejo del cuero con la pierna izquierda añade dinamita a sus perfectos cruces desde el costado, siempre buscando la cabeza del lesionado Zozulya o de su sustituto, el fornido Yevhen Seleznyov. Dos goles suyos fueron precisamente los que dejaron compuesto y sin final al Nápoles de Rafa Benítez. El decisivo, por cierto, tras cabecear un centro preciso de la estrella indiscutible del Dnipro. El veterano volante zurdo Ruslan Rotan, al igual que los dos anteriores internacional por Ucrania, es el motor del medio campo. Ya no tiene el fuelle de años atrás, pero su exquisito golpeo puede convertir una falta lateral o un saque de esquina en una suerte de bumerán capaz de hacer estragos en la línea de flotación nervionense.

El joven Valeriy Luchkevych ha sido la aparición inesperada. Fichado a mediados de la pasada temporada del modesto Metalurh Zaporizhya, este polivalente carrilero o extremo izquierdoaterrizó en el primer equipo de la mano del actual inquilino del banquillo ucraniano. Su terrible cambio de ritmo y velocidad complican sí o sí la vida al lateral que se cruza en su camino. Hijo del ex interncional Igor Luchkevych, este portento físico de apenas 19 primaveras se ha ganado con muy buenas actuaciones un puesto en el once de salida de Markevych en los últimos meses.

Myron Markevych, el técnico 'anti-Putin'

El hombre que sustituyó en el banquillo del Dnipro a Juande se ha ganado a pulso la simpatía del pueblo ucraniano. No tanto por supropuesta futbolística, sino por su firme compromiso en defensa de su país frente al movimiento prorruso que ha logrado fragmentar a Ucrania y conducirla a un conflicto armado que dura ya más de un año. Enemigo acérrimo del presidente Yanukovich y sus partidarios, a quienes consideraba “perritos falderos de Putin", Myron Bohdanovych Markevych renunció a su anterior trabajo en el Metalist Kharkiv, tras una década, por discrepancias ideológicas con su nuevo presidente, Sergiy Kurchenko. Un episodio similar le costó el puesto en 2004 en el Karpaty Lviv, el equipo de su ciudad natal y al que ha dirigido hasta en cuatro etapas. Ese despido y su fama de técnico nacionalista y antisoviético le tuvo un año entero en el paro forzoso, "el peor de mi vida" según sus propias palabras. Sin posibilidad de ahorrar dado su exiguo salario en el Karpaty (1.500 euros mensuales), se vio obligado a poner a la venta su extensa colección de libros para poder sobrevivir.

En 2010 simultáneo durante algunos meses su cargo al frente del Metalist con la selección ucraniana, pero acabó renunciando a ésta por entrar en conflicto con la Federación, que sancionó a su equipo por amañar un partido de liga, una acusación que el técnico siempre negó. Una década después, las cosas vuelven a rodar viento en popa para Markevych: su salario actual ronda los dos millones de euros anuales y defiende los intereses de un club y una ciudad, Dnipropetrovsk, totalmente entregada a la causa nacionalista. Tanto es así que el técnico del Dnipro sueña con batir al Sevilla para “ofrecer el título a nuestros soldados, que siguen luchando por defender nuestra libertad”.

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