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Dani Olmo y el despertar de una España que reta "al que quiera" para la final de la Eurocopa
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FRENTE A INGLATERRA O PAÍSES BAJOS

Dani Olmo y el despertar de una España que reta "al que quiera" para la final de la Eurocopa

El tanto del catalán volteó el marcador, dio ventaja a la Selección y fue decisivo para llegar a la final. A pesar de su escaso protagonismo en el inicio del torneo, ha resultado fundamental

Foto: Dani Olmo celebra el gol ante Francia. (Reuters/Annegret Hilse)
Dani Olmo celebra el gol ante Francia. (Reuters/Annegret Hilse)

Es un control fabuloso, en el que un simple centímetro cambia el porvenir. Pero la pelota no se esfuma, es casi una caricia con esa dosis de fortuna imprescindible para dar un paso hacia el éxito. La recepción torna en quiebro con tintes de dinamita: Dani Olmo destruye el malecón francés y España se planta en la final de la Eurocopa, la quinta de su historia.

Se trata de una acción brillante, porque Olmo es un futbolista que se merece tal calificativo, no se trata de elucubrar otros epítetos. Por esperar la oportunidad cuando había pocos argumentos para comprender su suplencia. Por ilusionar a todo un país cuando el monstruo había despertado y sólo había motivos para sentir temor ante un inicio titubeante.

Porque Dani Olmo creyó como ante Alemania, cuando existían profundas razones para pensar en los penaltis. Ahora sabemos que no se cumplirá la mítica canción de Sergio y Estíbaliz, que no Es imposible volver a una gran final, aunque España no cuente con la mejor generación de su historia. En realidad, hay muchas posibilidades de vencer si se emplea un fútbol pragmático y alejado de banalidades.

"¿Inglaterra o Países Bajos? Que venga el que quiera", respondió Olmo al ser cuestionado por las preferencias de la final. España está sin razones para dudar, porque sus futbolistas no se mueven en la incertidumbre. Sus declaraciones son una oda a la audacia: les es indiferente el rival, sólo les sirve que la Copa de Europa viaje hasta Madrid.

placeholder Dani Olmo reemplazó a Mikel Merino. (Reuters/Vincent West)
Dani Olmo reemplazó a Mikel Merino. (Reuters/Vincent West)

El mérito de Olmo

El gol de Dani Olmo fue la culminación de cinco minutos de fantasía, de los que sólo ocurren con asiduidad en los videojuegos. El tanto tiene un claro trasfondo: esta generación, que creció con los grandes éxitos, guarda buenos recuerdos que quieren hacer propios. Han pasado 12 años del último gran título, y sus ansias por tocar la plata son inconmensurables.

Olmo es la confirmación de que hay fútbol más allá del tiqui-taca, que hay transmutaciones que pueden mantener intacta la idea original. Porque esta España no ha alterado la esencia de los años de triunfo, conocedores del elevado importe de la gloria, sólo han aportado matices reseñables. Han tenido la misma valentía que Dani para dejar La Masía. Y para emprender un camino mucho más largo desde un fútbol con menos foco como el croata.

placeholder Koundé tocó el balón antes de entrar. (Reuters/Vincent West)
Koundé tocó el balón antes de entrar. (Reuters/Vincent West)

A escasa distancia de la gloria

Francia sucumbió, como ocurrió en el último duelo en una Eurocopa, en 2012; como años atrás pasó en las semifinales de un Eurobasket, con la mejor actuación de Pau Gasol en la Selección; como tantas otras veces escucharon el himno español en las pistas de Roland Garros con Nadal alzando la Copa de los Mosqueteros. Y quizás no haya habido ninguna otra pesadilla que involucrase tanto a España en términos deportivos.

90 minutos separan a la Selección de sacar a las calles a todo un país, como ocurrió en 2012, una fecha lejana pero de brillantes recuerdos. En este caso, conviene recordar dos sentencias de viejos zorros de este deporte. Arsenio Iglesias: "Cuidado con las fiestas, que te las quitan de los fuciños". Luis Aragonés: "Hacemos fiesta si les ganamos y, como somos mejores, les vamos a ganar". Tocará ganar entonces.

Es un control fabuloso, en el que un simple centímetro cambia el porvenir. Pero la pelota no se esfuma, es casi una caricia con esa dosis de fortuna imprescindible para dar un paso hacia el éxito. La recepción torna en quiebro con tintes de dinamita: Dani Olmo destruye el malecón francés y España se planta en la final de la Eurocopa, la quinta de su historia.

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