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Arbeloa tenía razón: él no es Mourinho. Por qué nada cambiará tras otro ridículo del Real Madrid
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ANÁLISIS

Arbeloa tenía razón: él no es Mourinho. Por qué nada cambiará tras otro ridículo del Real Madrid

La derrota en Copa debería tener consecuencias, algo que se verá este sábado. No solo por la reacción del Bernabéu, sino al ver quién juega y si hay castigos en forma de suplencia

Foto: La primera y dolorosa derrota de Arbeloa. (Reuters/Pablo Morano)
La primera y dolorosa derrota de Arbeloa. (Reuters/Pablo Morano)
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Desastre absoluto del primer Real Madrid de Álvaro Arbeloa. El conjunto blanco vive la situación más dramática de los últimos años, donde todo lo que podía ir mal ha salido peor y, lo que todavía tiene un tinte aún más oscuro, no hay nada a lo que agarrarse como solución ilusionante a corto plazo. La eliminación en Copa del Rey ante un Albacete que pelea por no descender a Primera RFEF (3-2) es la confirmación más definitiva de que este equipo está en la lona. Un drama absoluto.

La extraña situación que se produjo en el Madrid en las últimas horas ha conducido a un proceso de autodestrucción que ha tenido en la Copa del Rey su último capítulo. A un equipo plagado de bajas, con una forma física dantesca, con muchos jugadores desconectados y con claras carencias en puestos claves que la directiva cree que se pueden tapar reconvirtiendo mediapuntas, había que sumarle el fin de Xabi Alonso como epítome del fin del gran proyecto que había en la casa blanca.

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La llegada de Alonso no era un parche, un remedio o una patada a seguir hasta dar con la tecla del equipo. No. Era la primera piedra de un proyecto a medio o largo plazo, con el fichaje de un entrenador moderno, con métodos actuales y con la intención de diseñar una idea de juego para llevar de nuevo a este Real Madrid a estar entre los mejores del mundo. Pero solo ha durado medio año en el cargo: con las manos atadas y poco margen de maniobra, el tolosarra entendió la realidad.

El problema es que la plantilla está descompensada, muchos jugadores viven en un verano continuo y las lesiones recurrentes impiden formar una estructura que siente las bases de un equipo ganador. Y, en ese contexto, sin tiempo para corregir el tiro, llegaba Arbeloa. Lo curioso es que lo hizo justo después de caer en una final de Supercopa donde el Madrid tuvo en sus manos acabar con el Barça, pero donde la falta de puntería le lastró. El cambio de técnico cogió a todos con el pie cambiado.

Así es como aterrizó Arbeloa, cuya primera decisión quizá no fue la más prudente: excesivos descartes en su primer partido. Sí, ante un equipo de Segunda. Sí, en Copa. Sí, en un partido que los menos habituales deberían ganar. Pero sin tener en cuenta la clave de la ecuación: cuando no hay tiempo para trabajar, imponer nuevos conceptos y aclarar las ideas, lo único que valía era sacar los primeros tres o cuatro partidos adelante como pudiera. Y, a partir de ahí, crecer.

El problema es que la derrota en Copa complica aún más el plan y dinamita la poca paciencia que le quedaba ya a la afición. Es verdad que Arbeloa poca responsabilidad tiene en lo ocurrido este miércoles, pues es un recién aterrizado sin margen, pero la realidad es que el Madrid ha tirado dos títulos a la basura en solo cuatro días y las opciones de tocar metal se minimizan. La posibilidad de acabar otro año más sin un solo título son, ahora, todavía más reales que nunca.

placeholder Vinícius y Arbeloa dialogan en un momento del partido de Copa. (AFP7)
Vinícius y Arbeloa dialogan en un momento del partido de Copa. (AFP7)

La frase que le puede marcar

En su presentación como técnico del primer equipo, Arbeloa dejaba una frase que puede marcar su trayectoria en el equipo: "José Mourinho fue una persona que influyó mucho en mí, pero yo voy a ser Arbeloa. No tengo miedo al fracaso, nunca lo he tenido, pero tengo claro que, si quisiera ser Mourinho, fracasaría estrepitosamente". Y la realidad después de sus primeros 90 minutos en el Real Madrid es esa. Efectivamente, no es Mourinho y los jugadores también lo saben.

Más allá de gustos personales sobre el estilo de entrenador que triunfa en el Madrid, la realidad es que, en el momento de implosión que está el equipo, da la sensación de que falta cierta mano dura para enderezar un barco que marcha irremediablemente a la deriva. La rueda de prensa posterior al choque contra el Albacete dejó al entrenador autoinculpándose de la derrota, pero con escasa crítica pública al bochorno de partido que jugaron algunos futbolistas de supuesta clase mundial.

Evidentemente, de puertas para dentro es posible que fuera duro, punzante y le contara las verdades del barquero a más de uno, pero será este sábado cuando se vea la verdad. Si ante el Levante vuelve a alinear a varios de los jugadores que fabricaron el fracaso ante el Albacete, la realidad es clara: la mano dura brilla por su ausencia. Seguro que Mourinho, ante un desastre así, no solo habría incendiado la sala de prensa, sino que muchos jugadores quedarían retratados.

Ese es uno de los problemas más graves de este equipo: la falta de meritocracia y la nula repercusión que tienen los fracasos son un mensaje claro a los jugadores. Y, por si fuera poco, el enorme cupo de lesiones, que impide elegir entre lo poco disponible que se tiene, hace que un ridículo como el de este miércoles no vaya a tener consecuencias. Tabla rasa y volver a empezar. El problema es que eso se ha confirmado que no funciona. Y el Bernabéu lo sabe de sobra.

Desastre absoluto del primer Real Madrid de Álvaro Arbeloa. El conjunto blanco vive la situación más dramática de los últimos años, donde todo lo que podía ir mal ha salido peor y, lo que todavía tiene un tinte aún más oscuro, no hay nada a lo que agarrarse como solución ilusionante a corto plazo. La eliminación en Copa del Rey ante un Albacete que pelea por no descender a Primera RFEF (3-2) es la confirmación más definitiva de que este equipo está en la lona. Un drama absoluto.

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