recuerda a la secuencia del año 2011

El brutal calendario del Real Madrid incluye tres clásicos, un derbi y la Champions

El equipo blanco se jugará toda la temporada en un durísimo mes de febrero en el que tendrá que clasificarse para la final de Copa, los cuartos de Champions y resolver en Liga

Foto: Solari y Suárez se encaran en el Camp Nou. (Reuters)
Solari y Suárez se encaran en el Camp Nou. (Reuters)
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El sorteo, caprichoso, puso en el camino dos clásicos más para esta temporada. Real Madrid y Barcelona jugarán las semifinales de la Copa del Rey y eso es lo mismo que decir que la tensión se eleva a límites insospechados, que el próximo mes girará alrededor de un encuentro célebre, uno de los que más dinero genera en el fútbol mundial, con todas sus grandezas y todas sus miserias, porque en este duelo se juntan lo mejor y lo peor del fútbol. Pero no solo serán dos los clásicos, en realidad serán tres, pues intercalado en esta locura también estará el partido de Liga del Bernabéu.

Solari lleva meses temiendo el calendario y, si tenía ya motivos antes, ahora tiene todavía más. Porque el próximo mes, para el Real Madrid, será de los más duros que se puedan pensar. La Copa, la Champions y la Liga, tres torneos simultáneos, con partidos a vida o muerte cada semana mientras se procesa el veredicto, si esta temporada ha sido pésima o excelente. En el Real Madrid las medias no suelen triunfar demasiado.

Ni siquiera hay que esperar demasiado, pues el 6 de febrero, el próximo miércoles, el Madrid viajará a Barcelona para jugar en el Camp Nou, un lugar en el que el recuerdo más cercano no puede ser más doloroso. En la Liga fue un contundente 5-1, en un partido en el que ni siquiera tuvo que jugar Messi, que en aquellos días estaba lesionado. La humillación le costó a Julen Lopetegui un viaje al paro, pues ahí fue cuando Florentino consideró que se había colmado el vaso. El Madrid de hoy no parece tan endeble como el de aquellos días, uno de los puntos más bajos para el club en la historia reciente.

Pero, antes que eso, este mismo domingo, el Madrid tiene una venganza pendiente. Llega el Alavés (domingo 3 de febrero) al Bernabéu y en la primera vuelta este mismo partido resultó en una derrota 'in extremis' de los blancos y uno más de los muchos síntomas que llevaron a pensar que el equipo estaba mal diseñado y peor dirigido. Ha pasado el tiempo desde entonces, pero aquellas derrotas ligueras ayudaron al Barcelona a abrir la brecha que ahora, en el campeonato nacional, parece insalvable.

Pero por más difícil que parezca la remontada, hay partidos que son importantes sin importar la relevancia que pueden tener en el campeonato. Y eso es, precisamente, lo que ocurrirá el próximo sábado (9 de febrero) en el Wanda Metropolitano. Como resaca del partido del Camp Nou, en un partido que ya claramente ha quedado condicionado por lo que suceda en Barcelona, hay un derbi madrileño. Si esto fuese una etapa ciclista sería como colocar dos puertos de categoría especial enlazados.

Y, en medio, la Champions

Y la dureza no terminaría ahí, pues esto no ha hecho más que empezar. Después del Atlético, la Champions. Es verdad, el Real Madrid tuvo un sorteo benévolo en Europa, jugar contra el Ajax no suena, en principio, tan complejo para un equipo que está recuperando el buen color en las últimas semanas. Pero la responsabilidad es máxima, sabiendo que la empresa de la Liga es casi imposible, las mejores opciones del Real Madrid pasan por hacer de nuevo una machada en la competición continental. Eso siempre es complejo, y lo es todavía más en un contexto como este, pues el partido contra los holandeses en Amsterdam (13 de febrero) llegará justo después de dos partidos de extrema tensión.

Después, un falso llano. Visita del Girona (17 de febrero) y luego a Valencia para jugar contra el Levante (24 de febrero). En la zozobra de estos días, parece lo de menos, pero igualmente obligará a Solari a rotar y a darle descansos a algunos titulares, marcando así cierta incertidumbre en lo que pueda suponer. Además, todo esto es una guerra de estados de ánimos, cualquier tropiezo puede influir en el devenir del resto de los acontecimientos.

El 27 de febrero, de nuevo la Copa. La vuelta, en el Bernabéu (27 de febrero), que depende en buena medida de lo que haya ocurrido previamente en el Camp Nou. Se supone que es una ventaja ser local en ese partido, especialmente en un partido con esta rivalidad. La grada, por más sibarita que sea, nunca se va a callar en un Clásico. En dos en realidad, porque unos días después, ese mismo fin de semana, los azulgranas volverán a saltar al coliseo blanco para jugar La Liga (3 de marzo). Aunque suene lejano todo para el Madrid, no deja de ser un clásico.

Unos días después, y como guinda al pastel, la visita del Ajax (5 de marzo). Después de nueve partidos de infarto las conclusiones que se puedan sacar de la temporada serán casi definitivas para el Real Madrid. Sabrán si los meses restantes seguirán siendo eléctricos o si se necesita recapacitar para que en el futuro se disipen todos los errores.

Esta concatenación de duelos recuerda a la que se encontraron ambos equipos en tiempos de Guardiola y Mourinho. Fue en 2011 y ahí se dieron seguidos dos partidos de semifinales de Champions, una final de Copa y otro de Liga. Aquella secuencia fue casi de psiquiátrico. A los blancos, que jugaban en desventaja contra un Barcelona que era una apisonadora, les dio para empatar en Liga y ganar la final de Copa, uno de los mayores hitos de la carrera del portugués en el club. En Champions, venció el Barça, que terminaría siendo campeón semanas más tarde. De aquellos días se puede sacar un buen libro, uno que hablaría de entradas y de árbitros; del césped alto del Bernabéu; del cabezazo de Cristiano en Mestalla y el lamento de Guardiola porque no se les concedió un gol que fue ilegal, de la expulsión de Pepe y el llanto de Mourinho en rueda de prensa. De aquél celebérrimo "Mourinho es el puto jefe, el puto amo".

Hoy las cosas parecen más calmadas, y no porque falte tensión tanto como porque, en aquellos días, todo parecía que podía saltar por los aires. Valverde y Solari son más calmados, más tranquilos. Y, aunque todo sea cierto, las posibilidades de que escale la tensión y la secuencia de clásicos termine en bronca es bastante alta. Mientras tanto, mirar a ver cómo llegan, contemplar las lesiones y los estados de ánimo, la forma y las emboscada que se puedan poner a dos rivales que, en buena lógica, se conocen muy bien.

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