4-4 en la eliminatoria, el girona pasa de ronda

La inédita defensa blandita del Atlético de Madrid de Simeone que le condenó en Copa

El gol de Griezmann en el minuto 84 parecía el punto final a una eliminatoria vibrante, pero Doumbia resurgió y encontró el tercer gol del Girona que los clasifica para cuartos de final

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Hay algunos partidos en los que incluso los jugadores tienen que preguntar el marcador. Saber cuánto van y qué necesitan, porque el ritmo es tan alto que el futbolista no tiene tiempo ni para pensar. Es como en el patio del colegio, donde los niños están preocupados por el resultado pero pierden la cuenta y siguen empujando, como si les fuese la vida en ello. Este Atlético-Girona fue un poco así. Además, terminó con sorpresa, pues los catalanes lograron uno de esos goles épicos y terminaron eliminando al grande. El Cholo se queda sin una competición, todas las opciones quedan para la Liga y la Champions.

La sucesión de acontecimientos tuvo varios clímax, para ambos equipos. Al final, el más grande de todos llegó al final, en el minuto 88, con un gol de Doumbia. Un fallo del Atlético, una fragilidad defensiva cuando ya todo parecía sentenciado a favor de los de Simeone. Habían hecho lo más difícil, remontar el 1-2 que habían puesto en el marcador Valery y Stuani. Entró Griezmann, remontaron, pero al final fue nadar para morir en la orilla.

Tres goles encajados en el Metropolitano se entienden siempre mal. Es el Atlético un equipo rotundo en ese sentido, de los que no dejan el mínimo espacio a la imaginación del delantero. Lo es casi siempre, pero en las Copas hay cierta distensión y esta no deja de ser el peor enemigo que puede encontrar una defensa. No se necesita una habilidad extrema para cortar un balón o ir al cruce, pero a cambio lo que sí se requiere absolutamente es la concentración. Perderla es regalar, y eso en el Atlético han logrado reducirlo al máximo. No esta vez, claro.

Y se puede empezar por el principio, que en una alineación es tanto como decir el portero. Estaba Adán y no Oblak, por decisión del técnico, y es una declaración de intenciones desde el principio. Simeone sabe que el suplente no es tan fiable como el titular, en parte porque no hay nadie tan fiable como este titular. Y no es que Adán fallase estrepitosamente, que no es el caso, pero en el proceso de sellado del equipo, esa intención de acorazar al equipo, cuando no está Oblak se nota. Es un portero que impone.

Son los pequeños detalles los que marcan la diferencia, y en esto el abanico es enorme. Los aficionados del Atlético podrán culpar al VAR, aunque en este caso es extremadamente difícil saber si tendrían razón o no. Hay dos 'offsides' y en ambos los responsables del vídeo se inclinaron a favor de las tesis gerundenses. Igual los árbitros tienen tecnología para saber exactamente dónde estaban posicionados el goleador y el último defensor, pero a los espectadores se les escamoteó esa opción. A simple vista, es prácticamente imposible saber qué pasó en ambas jugadas, milimétricas al máximo.

No vale solo con coraje

También se puede nombrar a otro ausente muy presente, Antoine Griezmann. Cuando entró el campo, el Atlético perdía 1-2 y parecía perdido para siempre. Con su talento, y un poco de orgullo rojiblanco, el equipo creció. Pero no solo por furia, que en muchas ocasiones es el error. Los equipos que van por detrás y necesitan marcar creen que bastará con el coraje, con ponerle más testosterona. Nunca es así, con eso únicamente no funciona. Entró el francés y el fútbol ganó en claridad. Con buenos compañeros, como Correa, como Arias, marcando el tempo hasta poner el marcador 3-2.

El último tanto lo marcó él y fue un golazo. Le llegó el balón esquinado, con muy poco ángulo, y él se sacó un disparo fortísimo que pasó por encima de la cabeza de Iraizoz. Casi olía a pólvora. Fue un golazo y tenía un punto catártico, un suspiro y una alegría para todo un estadio. Duró cuatro minutos, y quizás eso es lo más llamativo de todo este proceso, pues al grande no le suelen temblar las piernas cuando remonta. Y menos todavía el Atlético, que lo único que tenía que hacer era lo que mejor se le da en el universo, no encajar.

El fútbol se escribe solo, cuatro minutos después Thomas falló, la defensa fue blandita, Adán insuficiente. Gol del Girona, de los que valen oro. Perder la Copa duele, aunque sea la Copa. Hay interpretaciones alternativas, tantas como se quiera, se puede decir que esto aligera el calendario de los colchoneros, que tienen en febrero una eliminatoria contra la Juventus en la competición que más desean. También que para respirar en la Liga, con una plantilla corta como la que tiene el Atlético, bien está descansar un poco. En realidad, el Barcelona no está tan lejos.

Todas esas visiones son válidas, pero también secundarias. El hecho es que un título posible se ha caído de la cartera, que el Atlético pierde una bala que le podría dar muchas alegrías. No es el mayor drama que tiene el fútbol, pero es una desilusión. Con el VAR, con Griezmann, con una defensa blandita y un entrenador que no supo mantener a su equipo en la contienda. Todo esto y mucho más, en una tarde fría de Copa.

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