tres veces funcionó la asociación entre ellos

A Jordi Alba le quitaron de delante a Neymar y le abrieron el camino hacia Messi

Neymar estorbaba a Alba, le obligaba a ser un lateral normal y Luis Enrique llegó hasta a prescindir de él, pero el PSG le hizo un favor fichando al brasileño y lo celebra creando goles con Messi

Foto: Alba y Messi celebran uno de sus goles. (Reuters)
Alba y Messi celebran uno de sus goles. (Reuters)

A la temporada del Barça solo le queda ya acabar en triplete. Cualquiera coge con ganas una eliminatoria de cuartos de Copa contra el líder de la Liga, que en plena velocidad de crucero, todo lo que coge, incluso un iceberg blanco y gigante como el Real Madrid, lo hace cubitos de hielo para los digestivos de después de los atracones. El Celta le complicó la vida en Balaídos hace una semana y también hace un mes y pico, pero en treinta minutos de la vuelta tenía la eliminatoria servida ya en bandeja de plata para ser degustada por los guiris que se reunían en las gradas del Camp Nou. Unos cuantos meses después, va a resultar que perder a Neymar no iba a suponer el desastre mayúsculo que se temía en todo el planeta.

Opina así Jordi Alba. Lo dice además con claridad. "Tengo más carril para subir y sinceramente, para mí mucho mejor", dijo en una entrevista para 'Sport' en noviembre. Alba es uno de los futbolistas que tiene más defectos en el trato con los medios de comunicación y no son pocos los periodistas que así lo pueden atestiguar, pero aquel día, el de L'Hospitalet fue absolutamente sincero, no tenía sentido alguno que negara lo que salta a la vista. Sería como decir que la tierra es plana (aun si hay locos de todas clases). Como negar que Alba tiene delante de sí 70 metros para hacer lo que mejor se le da en la vida: correr desbocado.

Cuando Alba corre, va rapidísimo, pero por sus gestos parece adquirir aún más velocidad que la que realmente tiene. Fíjense cuando puedan. Vean cómo echa la cabeza hacia atrás del impulso que coge, como si pegase un acelerón de improviso en un coche deportivo. Decía Johan Cruyff que quien tiene que correr es la pelota, no el jugador, que correr por correr era una tontería. Alba corre por todos, pero siempre con el sentido que le marca el devenir de la jugada, el que le indica que es él el factor diferencial que desnuda a la defensa contraria y se la deja mostrando todas sus vergüenzas para ser él mismo o su amigo Messi el que remate la faena.

También era evidente que Neymar y Messi mantenían una sincera amistad fuera del terreno de juego que trascendía cualquier postureo ante las cámaras y probablemente se echen de menos como colegas que son. Luego en el campo, Messi tampoco es que eche mucho en falta al tío con el que se asociaba por su izquierda. Con Neymar en el campo, Luis Enrique tenía un camino cerrado involuntariamente, era una cuestión numérica: si un elemento se encuentra en un lugar, otro no puede ocupar el mismo espacio. Jordi Alba tenía que ejercer entonces como lateral de toda la vida, de esos que aparecen alguna vez para sorprender, no como el extremo natural que fue hasta que se cruzó Emery en su vida y le dijo que iba a arrancar sus carreras desde unos cuantos metros más atrás. Neymar, en definitiva, estorbaba a Alba.

El momento en que Alba bate a Sergio a pase de Messi. (EFE)
El momento en que Alba bate a Sergio a pase de Messi. (EFE)

A Lucho tampoco es que le fuera especialmente mal con esa disposición táctica, los títulos, que es lo que vale, le avalan sobradamente. El que pudo perder a futuro era el Barça. Jordi Alba fue suplente en no pocos partidos con el asturiano en el banquillo, más cuando probó en tantas ocasiones la defensa de tres, y llegó a rumorearse que podía buscarse una salida si el técnico continuaba una temporada más.

No fue así y Alba lo celebró, no demasiado alto ni con champán, porque había que mantener los modales, pero sí, le alegró que Luis Enrique se fuera a vivir la vida un año. Quién le iba a decir que también le iban a quitar de delante a Neymar. El cielo se le abrió de par en par para acuchillar a cualquier zaga que le retase, porque Alba se quedó sin Neymar, pero creó una mercantil con Messi que está dando beneficios desde el día uno (o desde el día tres, que los dos primeros fueron la Supercopa y ahí pues no funcionó la cosa).

Messi y Alba, Alba y Messi. Tres veces se encontraron para que el Celta se volviera a Vigo con el rabo entre las piernas, acongojado del repaso que le habían dado dos jugadores. Son, ellos, Alba y Messi, Messi y Alba, lo que ahora mismo sueñan con ser Cristiano y Marcelo, las antípodas del rendimiento, del entendimiento entre dos compañeros en beneficio de todo el equipo. Valverde ha encontrado un filón y lo va a estirar hasta que un rival no encuentre una fórmula mágica para frenarlo o lleguen Coutinho o Dembélé para taponar de nuevo a Alba...

Ficha técnica

5 - Barcelona: Cillessen; Semedo, Piqué (Vermaelen, min.46), Mascherano, Jordi Alba; Rakitic, Busquets, Iniesta (Arnaiz, min.62), André Gomes; Messi (Dembélé, min.59) y Luis Suárez.

0 - Celta: Sergio; Hugo Mallo, Sergi Gómez, Fontàs, Jonny; Lobotka, Wass (Radoja, min.46), Jozabed; Emre Mor, Iago Aspas (Maxi Gómez, min.46) y Pione Sisto (Brais, min.57).

Goles: 1-0: Messi, min.13. 2-0: Messi, min.15. 3-0: Jordi Alba, min.28. 4-0: Luis Suárez, min.31. 5-0: Rakitic, min.87.

Árbitro: Hernández Hernández (Comité de Las Palmas). Sin amonestados.

Incidencias: Partido de vuelta de los octavos de final de la Copa del Rey disputado en el Camp Nou ante 59.009 espectadores. Antes del encuentro, se exhibieron en el estadio 20.000 pancartas amarillas, repartidas por diversas entidades soberanistas, y en las que se pedía la libertad de los políticos catalanes encarcelados por su participación en el proceso independentista.

Copa del Rey

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