"no quiero a nadie, no quiero nada", dice

El inmovilismo de Zidane y la locura de hacer lo mismo y esperar resultados diferentes

"No es una cosa física o de cabeza, es un poco de todo. Trabajar con más fuerza, no hay más remedio que eso", dice Zidane después de unas vacaciones muy duras y una vuelta al tajo peor

Foto: Zidane gesticula durante una rueda de prensa. (EFE)
Zidane gesticula durante una rueda de prensa. (EFE)

Cuando hace aproximadamente un año, el Celta de Vigo sumergió al Real Madrid en la primera crisis deportiva seria de la era Zidane, el discurso del entrenador sugería que su visión de cómo hacer las cosas no iba a variar dependiendo de los resultados positivos o negativos que sufriera. "No voy a cambiar", dijo entonces y ha repetido cada vez que le han venido mal dadas. "Creo en mis jugadores", es otra expresión que utiliza en días así, como hoy, como los últimos meses. Este enero, el mismo pero diferente Celta ha descorchado la botella del veneno y se la introdujo por vena al Madrid, que se siente impotente mientras el mortal líquido va destruyendo cada célula viva hasta que en un momento ya no se pueda ni mover. Zidane es "el responsable" último de encontrar el antídoto.

"Hay muchos partidos y voy a necesitar a todos mis jugadores. Mucha gente piensa que algunos están mal y que los tengo que sacar del equipo. Todo lo contrario, si un jugador está mal busco soluciones con él y le ayudo, me interesa más la unidad. No soy de los que cuando algo está mal le echa mierda", respondió este mediodía el entrenador a una cuestión sobre si pensaba cambiar alguna cosa en las alineaciones futuras para variar la dinámica, ante lo cual Zidane pareció comprender que se le decía si iba a señalar a algún futbolista como culpable de las malas actuaciones recientes del equipo. En la derrota en Girona, la reacción fue bastante similar. "No va a cambiar nada", dijo entonces y ese inmovilismo ha acabado por generar 19 puntos perdidos en Liga, un segundo puesto en Champions League que trae al Paris Saint-Germain al Bernabéu y el firme deseo de un rival asequible en cuartos de final de la Copa del Rey.

Desde que Florentino le dio el timón del primer equipo hace ahora dos años, Zidane ha mantenido una máxima inamovible que consiste en defender a ultranza a todos sus futbolistas, a todos, desde el que juega más y mejor hasta el que apenas participa y no lo hace nada bien. No ha tenido una mala palabra de ninguno bajo ninguna circunstancia. Y ese mensaje no se queda solo en eso, en comentarios hacia los medios de comunicación, sino que se ha trasladado al día a día, se ha materializado en la confianza que ha tenido en todos siempre. "Aquí estamos todos en el mismo barco y nadie tiene la culpa, es de todos, yo el primero, que soy el responsable. Hay cosas difíciles por la culpa de todos, no de uno o de dos", añade.

Zidane, pensativo durante un entrenamiento. (EFE)
Zidane, pensativo durante un entrenamiento. (EFE)

Esto le ha llevado a no reclamar jamás en público una contratación ya que a su plantilla la va a "defender a muerte". "Yo no necesito a nadie. Y ya está. No quiero a nadie, no quiero nada. Tenemos una plantilla, creo en mi plantilla, hay momentos en una temporada más complicados, a lo mejor como nunca, porque es lo que vosotros queréis transmitir. No es lo que pienso yo pero bueno, tenemos todo por delante. Vamos a ver lo que pasa a final de temporada. Es cuando se analizan las cosas y si debe haber cambio, habrá cambio", dijo Zidane. Precisamente ese clima de tensión que se ha generado entre sus declaraciones, el supuesto reconocimiento médico de Kepa Arrizabalaga con el Madrid, el deseo del club de fichar al portero del Athletic y la poca ilusión que le hace a Zidane ha paralizado un fichaje que estaba cerrado.

La dificultad de motivar a quien gana

Sin duda, la portería no es lo que más necesita reforzar el Real Madrid, sino reencontrar la vía del juego, volver a creer en lo que hace y eso es Zidane, nadie más que Zidane. "Cuando hay cosas como las que estamos pasando siempre hay que pensar en el trabajo, nada más. Siempre creo en él, los jugadores piensan lo mismo y vamos a trabajar más que nunca, en todos los sentidos. No es una cosa física o de cabeza, es un poco de todo. Trabajar con más fuerza, no hay más remedio que eso. No estoy a gusto con la situación porque me gustaría estar mejor en la Liga, pero lo que tengo que hacer es seguir trabajando y dar lo máximo que tengo. Como lo de hasta ahora no es suficiente, buscar que cada uno dé un poco más".

La implicación de los futbolistas no la pone en duda, pero les pide que hagan más de lo que están haciendo. Reconoce por primera vez en estos meses que no es fácil sacarle de dentro a estos jugadores las ganas por ganar. "La dificultad es motivar a un equipo que ha ganado muchas cosas, pero la motivación es un factor muy importante", después de que dijera en agosto, tras ganar la Supercopa de Europa al Manchester United, todo lo contrario: "La evolución del equipo la da el trabajo. Sabemos que hay mucho talento y que con trabajo podemos conseguir muchas cosas. Este equipo tiene hambre, siempre quiere más". Del 'siempre quiere más' al 'es difícil motivar a quien ha ganado mucho'.

"Hay que seguir trabajando", dijo también Casemiro nada más acabar el partido de Vigo. No hay más en el Madrid que el trabajo, ningún otro mensaje, ninguna reacción práctica. Mientras, la brecha en Liga ya hace asumir la imposibilidad de recortarla y obliga al club a pensar solo en la Copa y la Champions. Ante el Barça, ante el Celta, ante ya tantos equipos, el Madrid ha sido una sombra de lo que fue y no ha habido ni una explicación de por qué ha sucedido ni un cambio (no tiene por qué ser radical, solo una pequeña variación que suponga un resultado diferente) que al menos enderece el rumbo. Decía un sabio que "la locura es seguir haciendo siempre lo mismo y esperar resultados diferentes"...

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