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El Madrid de Arbeloa destroza al Mónaco (6-1) en la reconciliación del Bernabéu y Vinícius
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¿Cambio de rumbo?

El Madrid de Arbeloa destroza al Mónaco (6-1) en la reconciliación del Bernabéu y Vinícius

Golpe sobre la mesa en Europa con una sólida goleada ante un flojo Mónaco. Arbeloa vive su primera gran noche y Vini firma la paz con su estadio tras los pitos ante el Levante

Foto: Vinícius abraza a Arbeloa en su gol. (Reuters/Violeta Santos Moura)
Vinícius abraza a Arbeloa en su gol. (Reuters/Violeta Santos Moura)
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El Real Madrid llegaba deprimido a su cita con la Champions League y se fue a la cama eufórico. No había mejor lugar para la resurrección: Europa, el bastión madridista por excelencia. Solo el tiempo dirá si es un espejismo o el comienzo de una nueva etapa, pero el proyecto de Álvaro Arbeloa, tras el duro tropezón copero ante el Albacete y la tensa victoria ante el Levante, por fin vivió su primera gran noche con una goleada sin paliativos frente al Mónaco por 6-1. Mbappé por dos veces, Mastantuono, Kehrer en propia, Bellingham y Vinícius fueron los goleadores.

Especialmente significativo fue el tanto, golazo, del brasileño. Gran partido del extremo que, después de los pitos del pasado fin de semana, firmó la paz y la reconciliación con su público. La victoria es un golpe sobre la mesa, pero también un paso adelante en la Champions League. El Real Madrid dependerá de sí mismo ante el Benfica, en la última jornada, para estar clasificado directamente para los octavos de final y evitar así la peligrosa repesca en forma de dieciseisavos.

placeholder Celebración de noche importante. (Reuters/Violeta Santos Moura)
Celebración de noche importante. (Reuters/Violeta Santos Moura)

Había máxima expectación en el templo blanco. El escaso matiz que Arbeloa hizo de sus palabras sobre los gritos de "Florentino, dimisión" y demás pitos contra la directiva generaron un extraño caldo de cultivo. ¿Pitar al equipo forma parte de la soberanía del madridista? ¿Mirar al palco significa exceder sus derechos? Como fuera, el Santiago Bernabéu dictó sentencia, para algo pagaron su entrada, faltaría más. Tregua para los jugadores cuando salieron al campo, muy diferente al encuentro contra el Levante. Primer paso de la reconciliación.

Después del sentido homenaje a las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz, el balón echó a rodar. El Mónaco, vestido de azul, quiso portar el brazalete negro en señal de luto, al igual que los locales. Arbeloa buscaba finalizar su primera semana como técnico del primer equipo con una victoria que apuntalase la clasificación directa a los octavos de final de la Champions League. Colocó a Arda Güler y a Franco Mastantuono en el once titular, premiando sus buenos minutos ligueros.

En defensa, con numerosas bajas por lesión o sanción, el técnico madridista apostó por Camavinga en el lateral izquierdo, esa posición que no le gusta, pero que su físico le debería permitir dominar. Curiosamente, dos centrocampistas —Fede y el francés— en sendos carriles. La pelota fue controlada desde el inicio por el Madrid. Güler y Valverde conectaron con Mastantuono, de nuevo platino en su cabellera rapada; el argentino tuvo templanza y filtró un balón sutil al uruguayo, quien a su vez cedió a Mbappé para que el nueve madridista acudiese fiel a su cita con el tanto. 1-0 a los cinco minutos de partido.

No se había llegado al cuarto de hora y ya se podía asegurar que Mastantuono estaba disputando sus mejores minutos con la camiseta blanca. Siempre buscando la pelota, siempre ofreciéndose, siempre siendo vertical. El Mónaco, claramente superado en la fría noche madrileña, tuvo su ocasión en las botas de Ansu Fati, que mandó a la grada una ocasión clarísima. Suspirito de Courtois.

Cuando parecía que el Real Madrid coqueteaba con esa dejadez que tanto le ha perjudicado en la temporada, apareció una delicia en forma de caño vía tacón de Camavinga. El francés inició con ese gesto técnico un contragolpe inspirado por Güler, que encontró de primeras a Vini a la espalda de Vanderson; el brasileño sí encontró el pase de la muerte para que Mbappé marcara a placer.

placeholder Mastantuono, protagonista. (EFE/Juanjo Martín)
Mastantuono, protagonista. (EFE/Juanjo Martín)

Teze quiso meter el miedo en el cuerpo al Bernabéu. De la nada, sacó un latigazo con rosca que impactó con violencia en la escuadra de Courtois. El belga voló y, pese a ello, solo pudo mirar y dar las gracias a su portería. Habría sido un golazo. Se desperezaba el Mónaco, que llegaba con relativa facilidad a los dominios del portero madridista. Quizás, la única pega a los de Arbeloa en la primera mitad: falta de contundencia en defensa. En fase ofensiva, el Madrid se estiraba, combinaba y ofrecía una gran imagen ante su público. Bellingham casi consigue su tanto tras un balón puesto con nieve por Mastantuono.

Tras el descanso, Asencio se quedó en los vestuarios por un golpe en su pierna. La falta de efectivos en el centro de la defensa obligó a Arbeloa a tirar de recursos. Tchouaméni, atrás, Dani Ceballos en el centro del campo. Bastante dramático lo de los centrales en el club blanco.

El Mónaco perdió fuelle y el Madrid mordía en salida de balón, demasiado débil por parte de los franceses. En una de esas salidas verticales, Vini olió la sangre y consiguió reconducir una jugada que parecía perdida; cedió para Mastantuono en área monegasca y con su diestra, la menos buena, el argentino batió a Kohn. Necesitaba un encuentro así la otrora estrella de River Plate. La verticalidad de los blancos, muy superior a lo visto durante la temporada.

No paró la fiesta en el Santiago Bernabéu. Vini buscó la que habría sido su tercera asistencia del partido. No llegó la pelota a Mbappè ya que Kehrer la introdujo en su propia portería al querer cortar el pase. Minuto 55 y partido sentenciado con 4-0. Se merecía su propio tanto el extremo brasileño y lo encontraría poco después. El siete madridista olió la sangre, se internó en el área, amagó en dos ocasiones y después puso la pelota en la escuadra. Ovación grande para Vini, quien encontró el cariño de su estadio después de una semana complicada.

Un fallo inocente de Dani Ceballos otorgó el gol de la honra al Mónaco, fruto de Teze. El chaparrón blanco era demasiado para el débil Mónaco. Jude Bellingham redondearía la fiesta blanca con su propio tanto, tras regatear a Kohn. El británico lo celebró fingiendo que bebía de botellas. Dejó bastante claro a qué se refería, a las críticas sobre su afición a la vida nocturna madrileña.

placeholder La celebración de Jude. (Reuters/Violeta Santos Moura)
La celebración de Jude. (Reuters/Violeta Santos Moura)

Con la anécdota de Bellingham llegó a su fin el encuentro. Una noche importante, importantísima, para las aspiraciones del proyecto de Álvaro Arbeloa. La imagen, de las mejores de la temporada. Un Real Madrid que entendió el vértigo como mejor arma para hacer daño al rival. El Santiago Bernabéu esperará a ver si es un cambio de tendencia o un espejismo. Pero hoy el público blanco se divirtió de lo lindo; es un primer paso.

El Real Madrid llegaba deprimido a su cita con la Champions League y se fue a la cama eufórico. No había mejor lugar para la resurrección: Europa, el bastión madridista por excelencia. Solo el tiempo dirá si es un espejismo o el comienzo de una nueva etapa, pero el proyecto de Álvaro Arbeloa, tras el duro tropezón copero ante el Albacete y la tensa victoria ante el Levante, por fin vivió su primera gran noche con una goleada sin paliativos frente al Mónaco por 6-1. Mbappé por dos veces, Mastantuono, Kehrer en propia, Bellingham y Vinícius fueron los goleadores.

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