Rodrygo, el lazo de Guardiola y la realidad de por qué este Real Madrid no puede con los grandes
El conjunto blanco volvió a perder otro partido, esta vez, ante un City que, con media oportunidad, se llevó la victoria. Y lo hizo porque el Madrid, en el momento clave, volvió a romperse en el medio, facilitando la labor de los de Pep Guardiola
Rodrygo celebra su gol ante el Manchester City, el primero en los últimos nueve meses. (Reuters/Andrew Couldridge)
"Jugamos como nunca y perdimos como siempre". Aquella frase, popularizada hace ya muchos años por Alfredo di Stéfano, uno de los grandes ídolos del madridismo, sintetiza a la perfección lo sucedido este miércoles en la Champions ante el Manchester City (1-2). El Real Madrid, después de muchas semanas mostrando un juego ramplón, aburrido y evidente, sacó el carácter que tenía bajo kilos de maquillaje para plantar cara a uno de los cocos de Europa. Pero no fue suficiente.
La afición blanca pedía compromiso, esfuerzo y trabajo a sus jugadores, que saltaron al Santiago Bernabéu conscientes de la importancia del partido ante el combinado citizen, pues una victoria le dejaría con pie y medio en el Top 8 de la Champions. Y, así, el equipo saltó extramotivado y con un fútbol agresivo y de ataque que hacía meses que se había olvidado. De hecho, solo habían pasado un puñado de segundos cuandoVinícius provocó un penalti que el VAR sacó fuera del área.
La carta de presentación del Madrid no pudo ser mejor. Dominaba, apretaba y maniataba a un City incapaz de generar nada de fútbol. Fue así como, al borde de la media hora de partido, los blancos se adelantaban en el marcador. Después de una enorme jugada individual de Álvaro Carreras en salida de balón, Jude Bellingham encontraba a Rodrygo en posición ventajosa y el brasileño, con un disparo cruzado certero, enterraba todos sus fantasmas para adelantar al Madrid.
Nueve meses más tarde, el brasileño volvía a ver puerta y lo hacía con rabia. Celebraba señalándose el escudo, mostrando toda la tensión que llevaba dentro y dedicándoselo al palco, a su entorno más cercano que le ha apoyado en los momentos de zozobra. Rodrygo volvía a marcar, volvía a sentir en la cara el viento de 70.000 almas gritando gol, la felicidad convertida en un certero golpe a la red. Y, entonces, empezó a volar como hacía tiempo no hacía.
El brasileño jugó un partido brillante y no solo con el balón. Cuando tenía la posesión, regateaba, encaraba, corría y superaba rivales, amén de combinar y buscar el espacio. Sin él, presionaba, trabajaba, juntaba líneas y buscaba ayudar al equipo constantemente. Firmó un partido impresionante... y, a pesar de ello, insuficiente para poder ganar. Eso sí, volvió a mostrar su mejor versión. Otra vez, de nuevo, contra el City, ese equipo que siempre le ha tentado de cerca.
De hecho, al término del choque, Pep Guardiola no dudó en echarle el lazo, alabando su fútbol: "A Rodrygo le he dicho que qué bueno es. Es un jugador de otro... este chico es un jugador de otro nivel. Me alegro de que haya vuelto de la lesión. Es muy muy bueno", explicaba ante los micrófonos de Movistar+. El catalán siempre fue un enamorado de Rodrygo y no dudó en hacérselo saber de nuevo. Pero, si el mejor del partido iba de blanco, ¿cómo se volvió a perder?
El Madrid acumula una racha realmente dura: de los últimos ocho partidos, solo ha sido capaz de ganar dos, Olympiacos (3-4) y Athletic (0-3). Eso le ha hecho perder el liderato en Liga y, también, ver peligrar la clasificación directa a los octavos de la Champions. Y el problema de este equipo se hace cada vez más evidente: le cuesta un mundo ver portería contraria y le hacen gol con media oportunidad. La clave es evidente: el equipo no es sólido... porque el centro del campo se rompe.
Rodrygo y Bellingham se lamentan sobre el césped del Bernabéu. (AFP7)
Dos goles en ocho minutos
Ante el City, cuando el Real Madrid había hecho lo más difícil, que era ponerse por delante en el marcador, volvió a sufrir un nuevo golpe de realidad, esta vez, en ocho minutos. En un córner mal defendido y un absurdo penalti de Rüdiger, los ingleses daban la vuelta al marcador, que ya no se movería. El Madrid lo intentó con más corazón que cabeza, en un partido donde las oportunidades claras se pudieron contar con las manos... cuando los blancos debían de haberse volcado al ataque.
Pero los problemas nacen del medio del campo. El equipo no es sólido, lo que provoca que sea fácil desarmarlo y superar líneas. Falta ese jugador clave que asuma balón y responsabilidades, que ordene a sus compañeros y que lidere sobre el césped. Falta un capitán sin brazalete, un futbolista con voz de mando por el que pasen todas las jugadas de ataque y que sea el primero a la hora de replegarse. Pasan los minutos y las piernas fallan. El equipo se rompe en el medio y se hace vulnerable.
Thibaut Courtois, triste tras unua nueva derrota. (Reuters/Andrew Couldridge)
Y, entonces, llega el momento de tocar a rebato, de lanzarse al ataque... pero todo es desordenado. Todo se apuesta a la calidad de los delanteros, a su capacidad para inventar y resolver, pero la construcción de la jugada no es limpia. Y no lo es porque no hay un futbolista clarividente, que tenga la jugada en su cabeza antes de que pase y que sirva balones precisos eligiendo la mejor opción. De hecho, muchas veces, el último pase está mal elegido. Y la ocasión se marcha por el retrete.
Kylian Mbappé es quien marca las diferencias y, cuando no está, el equipo lo nota. Este miércoles no jugó por lesión y el equipo se atascó de nuevo. Y, todo ello, a pesar del gran partido de Rodrygo, las buenas pinceladas de Vinícius y el enorme trabajo de Gonzalo. Pero el ataque se apagó: ¿por qué? Porque no llegan balones claros al ataque y todo se fía a acciones individuales. Y, hasta que el Madrid no corrija ese debe, será muy difícil plantar cara a cualquier grande de Europa.
"Jugamos como nunca y perdimos como siempre". Aquella frase, popularizada hace ya muchos años por Alfredo di Stéfano, uno de los grandes ídolos del madridismo, sintetiza a la perfección lo sucedido este miércoles en la Champions ante el Manchester City (1-2). El Real Madrid, después de muchas semanas mostrando un juego ramplón, aburrido y evidente, sacó el carácter que tenía bajo kilos de maquillaje para plantar cara a uno de los cocos de Europa. Pero no fue suficiente.