Simeone vuelve a sufrir un cortocircuito en el banquillo del Atleti (y no, no es por lo que piensas)
El Atlético de Madrid sufrió una nueva derrota en este comienzo de curso, en un partido donde los rojiblancos volvieron a sufrir los mismos problemas de siempre sobre el césped
Simeone, en un momento del partido ante el Liverpool. (AFP7)
El Atlético de Madrid acarició el milagro en Anfield, pero se le escapó de las manos en los últimos segundos (2-3). Hablamos de milagro no porque los rojiblancos no tengan calidad ni capacidad para derrotar al Liverpool, sino porque cuando el equipo del Cholo Simeone quiso salir a jugar, ya iba perdiendo 2 a 0. La lógica hacía pensar que el partido podía acabar con un baño de los reds y, de no ser por el postrero cabezazo de Virgil van Dijk, los rojiblancos habrían rascado un empate muy valioso.
Antes de que el Atlético fuera capaz de darse cuenta de dónde estaba, Mo Salah ya había picado dos veces, en dos acciones donde la connivencia de la defensa del Atlético le facilitaron sobremanera la labor al egipcio. A partir de ahí, el Liverpool bajó su rendimiento y, con el paso de los minutos, el Atlético fue mejorando su imagen, especialmente de la mano de un Marcos Llorente tocado por una varita en Anfield. Al borde del descanso, recortaba las distancias.
La segunda parte fue un cambio radical de imagen, con un Atlético más dominador, más metido en campo contrario y con más presencia en ataque. Fruto de una de esas combinaciones, ya en el tramo final del partido, de nuevo Llorente hacía magia para firmar un merecido empate por la imagen que ambos equipos estaban dando. Hasta que en el descuento, con el Liverpool volcado en ataque, el central neerlandés martilleaba a gol un córner, de nuevo, mal defendido.
Ese fue el momento en el que Simeone explotó. No por la derrota, no por el fallo defensivo, no por el minuto en el que se concedía el último gol. No. Contra un aficionado que estaba en la grada y que, durante todo el partido, estuvo faltándole al respeto al argentino y que, con ese último gol, volvió a engancharse contra él. Tanto que el técnico del Atlético perdió el control, se fue a por él y casi llega a las manos, de no ser porque miembros de seguridad y de su equipo lo impidieron.
I’m all for a bit of banter between Simeone and the Liverpool fans, but the member of Simeone’s staff spitting at a Liverpool fan on 13 seconds is disgusting and vile 🤢
Fue el último lío de Simeone, aquel que también saltó al césped a por Raphaël Varane tras perder la final de Lisboa o que justificó el lanzamiento de mecheros contra Thibaut Courtois en el último derbi del Metropolitano. "Si provocamos a la gente, la gente se enoja. Uno puede festejar el gol, pero no mirando a la tribuna, haciéndole gestos", decía entonces sobre el meta belga, un discurso que no se aplicó este miércoles. Pero no es el cortocircuito del que hablamos.
La realidad es que el Atlético lleva un comienzo de temporada sufriendo una dinámica similar. Sale frío a los partidos, le falta contundencia defensiva —esa de la que siempre ha hecho gala la zaga rojiblanca—, le cuesta mucho hacer goles y, a lo largo de un mismo encuentro, sufre graves desconexiones. Le pasó ante el Espanyol, ante el Elche, ante el Alavés y ante el Liverpool. Solo ante el Villarreal ofreció una mejor imagen, pero donde también tuvo momentos de zozobra.
🗣️ Simeone analiza lo sucedido con Courtois:
"Tenemos que ayudar todos. Si provocamos a la gente, la gente se enoja"
"Uno puede festejar el gol, pero no mirando a la tribuna, cargándola y haciéndole gestos. No se justifica, pero tampoco lo inicial"#ElPost ⚽ pic.twitter.com/4hP3rOlGR6
Echando un vistazo a la plantilla, hay una evidencia clara: este es el mejor Atlético de Madrid de los últimos años, el que tiene más calidad y más jugadores decisivos, pero ha perdido contundencia y empaque. No hay señales de ese conjunto sólido, rocoso, difícil de superar en defensa y con carácter. Hay otro con mucha más capacidad de arreglar los partidos por pura clase pero que, de momento, es menos equipo en el sentido más puro de la palabra.
El problema es que, partido tras partido, el equipo de Simeone sigue sufriendo ese cortocircuito que le hace desenchufarse de los partidos durante demasiados minutos. Y, cuando llega la reacción, la desventaja que hay que recuperar es difícil de salvar. Ante el Liverpool sí supo enjugar esa diferencia en el marcador, pero no supo mantener el empate en un córner mal defendido. Otra vez esa falta de contundencia que tanto sufre el Atlético. Al menos, dentro del terreno de juego.
El Atlético de Madrid acarició el milagro en Anfield, pero se le escapó de las manos en los últimos segundos (2-3). Hablamos de milagro no porque los rojiblancos no tengan calidad ni capacidad para derrotar al Liverpool, sino porque cuando el equipo del Cholo Simeone quiso salir a jugar, ya iba perdiendo 2 a 0. La lógica hacía pensar que el partido podía acabar con un baño de los reds y, de no ser por el postrero cabezazo de Virgil van Dijk, los rojiblancos habrían rascado un empate muy valioso.