El humillado Ancelotti pone el ventilador y acusa a los jugadores de ser unos vagos
En este escenario inesperado de anarquía táctica y mediocridad futbolística, la reacción de Ancelotti es sacudir a los jugadores por su desgana, escaso sacrificio y concentración
Ancelotti, tenso, da instrucciones a los jugadores. (EFE/Kiko Huesca)
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Ulises Sánchez-Flor
Carlo Ancelotti pasa al ataque después de ser doblemente humillado en el Bernabéu de manera consecutiva. Primero por Hansi Flick y luego por Paulo Fonseca. Le han sacado los colores, pasar vergüenza, en dos días grandes donde el equipo ha naufragado y solo ha sido capaz de marcar un gol. El penalti de Vinícius al Milan. A esto se suma su gran preocupación: en los tres últimos partidos ha encajado 9 goles (dos del Borussia Dortmund, cuatro del Barça y tres del Milan). El entrenador italiano declara el estado de emergencia y se revuelve contra los jugadores, de los que dijo en sala de prensa tras la derrota contra el Milan que les falta "sacrificio y concentración" y a los que acusa de puertas para adentro de ser unos vagos.
La dolorosa derrota en el Clásico la tapó con una buena primera parte. Dijo que al equipo le faltó el acierto en el remate y concluyó que no había que tirar todo a la basura. La debacle del Milan es una deshonra para Ancelotti y la asume como máximo responsable por no conseguir que el equipo sea sólido y ordenado, pero ya no salva a los jugadores. "En este momento, no somos capaces de hacer un trabajo colectivo eficaz", es la bronca de un entrenador impotente por la falta de actitud de los futbolistas.
La crisis de juego no es lo más importante para Ancelotti. El Real Madrid es un desastre, según el entrenador, porque a los jugadores les falta tensión, atención y agresividad. El cabreo con el que entró al vestuario en el descanso del Milan evidencia que el Real Madrid está roto. El entrenador reprocha a los jugadores su relajación y desconexiones. Les convierte en un equipo vulnerable. Sucedió tras el gol de Vinícius de penalti. Se fueron del partido y aflojaron ante la desesperación de Ancelotti.
No es la primera vez en la temporada que a Ancelotti se le ve desquiciado. Las imágenes de la primera parte en Balaídos, contra el Celta, avisaron de los nervios y el enfado de un entrenador que ve pasividad en sus jugadores. En Vigo hubo toque de atención serio en el vestuario al descanso, como contra la Real Sociedad en Anoeta, el Stuttgart, Lille, Borussia Dortmund y Milan en la Champions.
Ancelotti comentó tras perder contra el Milan que el equipo tiene que defender mejor porque es la llave para ser competitivos y no tiene que volverse loco. Un la culpa no es solo mía. De manual. Acepta que se le cuestione por ser el máximo responsable, pero no asume un problema táctico. Ve un bajón de mentalidad en los jugadores y tiene que ver con una falta de hambre.
Todos responsables
El entrenador ha dejado de proteger a los jugadores y, como barrunta la tragedia si no hay una reacción fulminante, pone el ventilador. Decide que él solo no se va a comer este marrón y sentencia: "Es importante que todos tomemos responsabilidades". Este es el mensaje de un Ancelotti que tiene que soportar el chaparrón de las críticas y el enfado de un Bernabéu que pita al equipo. La gota que colma el vaso es ver al público abandonar el estadio, contra el Barcelona y el Milan, antes de que acabe el partido.
Lo grave es que a Ancelotti no le preocupe la vulgaridad del juego y la falta de mecanismos defensivos y ofensivos que evidencian que este equipo no está trabajado. Está a la vista de todos que el Real Madrid no ha mejorado con la incorporación de Mbappé, un goleador atascado y desesperado. Da pena ver la ansiedad y frustración del francés. Negado ante el gol e incómodo como delantero centro, posición en la que tiene menos espacios y cae en la precipitación. Ancelotti no da con la tecla para sacar la mejor versión del equipo y de la nueva estrella y, en la deriva, decide pulsar un botón peligroso. El de sálvese quien pueda.
Es un hombre de club y destaca como un gestor de egos, pero en este escenario inesperado de anarquía táctica y mediocridad futbolística, su primera medida es sacudir a los jugadores por su desgana, falta de intensidad, sacrificio y concentración que están provocando que el Real Madrid se caiga. Sin solidez no hay orden y no se puede ser competitivo. Es la conclusión errónea de un Ancelotti perdido ante la falta de soluciones claras para cambiar la mala dinámica de un equipo que no sabe a qué juega.
Carlo Ancelotti pasa al ataque después de ser doblemente humillado en el Bernabéu de manera consecutiva. Primero por Hansi Flick y luego por Paulo Fonseca. Le han sacado los colores, pasar vergüenza, en dos días grandes donde el equipo ha naufragado y solo ha sido capaz de marcar un gol. El penalti de Vinícius al Milan. A esto se suma su gran preocupación: en los tres últimos partidos ha encajado 9 goles (dos del Borussia Dortmund, cuatro del Barça y tres del Milan). El entrenador italiano declara el estado de emergencia y se revuelve contra los jugadores, de los que dijo en sala de prensa tras la derrota contra el Milan que les falta "sacrificio y concentración" y a los que acusa de puertas para adentro de ser unos vagos.