le falta discurso, imaginación y chispa

Los gestos que delatan la actual decadencia de José Mourinho

Este José Mourinho (de 57 años) está en decadencia y transmite indiferencia. Está apagado. Conformista. Resignado. La edad, la falta de imaginación y un nuevo discurso, ¿la explicación?

Foto: José Mourinho, este martes en Londres. (Reuters)
José Mourinho, este martes en Londres. (Reuters)

Al Tottenham le eliminan de la Champions este martes por la noche y José Mourinho tiene una buena excusa: las lesiones. Son muchos futbolistas en la enfermería y muy buenos. No hay nada que objetar a un entrenador que cogió el equipo en noviembre y se ha ido debilitando la plantilla con la salida de Eriksen, en enero, y las innumerables bajas (Harry Keane, sobre todo, también Son…). Sí hay que reprocharle que lleve un largo tiempo en el que no tiene esencia. El final de Mourinho en la Champions tiene un saldo de 4-0 contra el Leipzig y la repercusión de la eliminación tiene escaso, por no decir que poco o nada, de impacto. En otros tiempos, tampoco muy lejanos, se miraba a Mourinho con la exigencia de un entrenador infalible que era capaz de revolucionar equipos y jugadores de poca o mediana calidad con mucho corazón y carácter.

Este Mourinho (57 años) está en decadencia y transmite indiferencia. Está apagado. Conformista. Resignado. La edad, la falta de imaginación y un nuevo discurso futbolístico son algunas de las razones de su declive. No es el verdadero Mourinho que tenía el don de comprometer a los futbolistas, iba al límite, pasional, volcánico y con colmillo. Es un entrenador mayor al que se le da por desgastado y del que se dice que se ha quedado anticuado. No se le ocurre nada diferente y pierde las señas de identidad que le llevaron a la cima del fútbol profesional con equipos agresivos, incómodos, rocosos y extremadamente competitivos.

Este no es el auténtico José Mourinho

¿Le ha faltado reinventarse? ¿Ha perdido la pasión? ¿Se le ha pasado el arroz? Son interrogantes que crecen desde que se marchó del Manchester United un entrenador reconocido y especial, con una personalidad voraz y una figura que, incluso, pierde relevancia mediática. Este no es el auténtico José Mourinho. El que tenía la capacidad para convertirse en un líder de masas (admirado y también odiado). Es uno más, normal y básico, cuando se le reconocía por su carisma y ese tono de provocador que no te dejaba indiferente. Lo peor que se puede decir del técnico portugués es, precisamente esto, que sea uno más y pase, como está sucediendo, desapercibido.

Mourinho consolando a Lucas Moura (Reuters)
Mourinho consolando a Lucas Moura (Reuters)

Se reenganchó a los banquillos después de un largo tiempo sin ofertas, paseos por el centro de Londres, entrevistas en la puerta de su domicilio para evitar caer en el olvido, ofrecimientos al Real Madrid en tiempos de crisis de Julen Lopetegui, colaboraciones con los medios de comunicación… Cogió un banquillo a mitad de temporada. De mánager, capataz y tener plenos poderes en cada uno de los equipos que ha estado a acoplarse a lo que mande Daniel Levy, el propietario del Tottenham, que despidió a Mauricio Pochettino, el entrenador que llegó a la final de la Champions la pasada temporada.

¿Volveremos a ver, de nuevo, al mejor Mourinho? ¿Al auténtico entrenador y personaje potente que infundía temor y desquiciaba a los rivales? Son las preguntas que no resuelve un profesional que está de capa de caída, lleva una racha de seis partidos sin conseguir una victoria y no queda ni rastro del personaje que asombraba porque no se mordía la lengua, crispaba, se enfrentaba con todos, con la seguridad de tener siempre un plan ganador y ahora es frío.

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