4-1 en San Siro

La asfixia del Valencia y la temeraria pólvora del Atalanta en Champions

El conjunto italiano goleó a los de Celades, que tendrán que buscar una hazaña en el partido de vuelta. El Atalanta, con un juego valiente y temerario, aprovechó su tremenda pegada

Foto: Wass, cabizbajo al final del partido ante el Atalanta. (EFE)
Wass, cabizbajo al final del partido ante el Atalanta. (EFE)

Golpe durísimo, pero merecido, para el Valencia (4-1). Parecía el Atalanta un rival relativamente sencillo antes de diciembre, pero las tornas han cambiado drásticamente. De un tiempo a esta parte los italianos han mutado, convirtiéndose en el tercer equipo más goleador de las grandes ligas europeas. Letales arriba, su juego no entiende de conservadurismo alguno. Este miércoles le endosó cuatro tantos en el partido de ida de los octavos de Champions al conjunto ché y pone pie y medio en la siguiente ronda. Los de Celades, un horror en su área y en la contraria, sacaron el orgullo demasiado tarde. Cheryshev consiguió reducir diferencias, pero su tanto es a todas luces insuficiente. El Valencia, aún con numerosas bajas, no puede permitirse encuentros así y tendrá que buscar un milagro, y de los gordos, en Mestalla.

Bien controlados por los de Bérgamo durante todo el primer tiempo, el Valencia perdió las disputas en el medio campo, asfixiado por la presión alta del rival, y no encontró a sus dos extremos, Guedes y Ferrán Torres, que debían marcar la diferencia. Parte de las opciones de los de Celades pasaban por que estos supieran aprovechar los espacios que la defensa italiana suele dejar a su espalda, pero ni uno ni otro estuvieron lúcidos en sus labores. Por contra, el Atalanta estuvo atentésimo al corte y preciso cada vez que se acercó a los dominios de Jaume. En el minuto ocho el de Almenara ya tuvo que sacar una mano espectacular para cerrarle la puerta a Pasalic, que se plantó solo frente a su marco. Papu Gómez, que se comió a Parejo en el duelo individual, llevó la batuta del partido y de su bota nació el primer gol del Atalanta. Hateboer no desaprovechó su centro desde la izquierda y conectó al fondo de la red. San Siro, estadio donde juegan los de Gasperini en Champions, estalló.

Los jugadores del Valencia celebran el cuarto gol del partido. (EFE)
Los jugadores del Valencia celebran el cuarto gol del partido. (EFE)

Al Valencia, aturdido, no le quedaba otra que levantarse de la lona. Ferrán, tras una falta botada con mucha pillería por Carlos Soler, disparó al palo a la media hora. Parecía que los 'chés' empezaban a carburar, pero Ilic al borde del descanso puso el 2-0 desde 20 metros. El delantero recibió, protegió el cuero con el cuerpo, se acomodó la pelota y, ante la pasividad de Mangala, que no salió a blocar y le dejó parte del camino despejado, aumentó la ventaja en el marcador. Los jugadores se miraron los unos a los otros descontertados, no daban crédito. Parecía que Ilic no saldría de ahí, pero gestionó perfectamente su espacio hasta encontrar oro. Tres disparos a puerta, dos goles. El Atalanta exprimía su efectividad, como siempre. Ya es rutina. No regala nada, acostumbra a ejecutar de maravilla, sin concesiones, sus acciones de peligro.

Cheryshev da esperanzas

Si la primera parte había sido gris, la segunda fue un fundido a negro total. No arrancó mal el combinado valencianista, que enlazó dos ocasiones manifiestas de gol con Carlos Soler y, sobre todo, Maxi Gómez, que completamente solo en el punto de penalti disparó al muñeco. Error impropio para su categoría como futbolista. A partir de ahí, como son las cosas, llegó el horror más absoluto en cinco minutos de locura. Freuler se perfiló al borde del área y se sacó un chut con rosca a la escuadra ante el que nada pudo hacer Jaume (57'). Aún no había terminado de cantar la afición bergamista el 3-0 cuando Hateboer descosió en mil partes al Valencia con el cuarto tras irse en velocidad desde el medio campo y anotar de disparo cruzado (62'). El despropósito era tremendo. Solo un error de Palomino en una entrega permitió el gol de Cheryshev (67'), una gota de esperanza a la que agarrarse en el desierto. El Valencia intentó limar distancias a la desesperada, pero no concretó y salió escaldado de Milán... algunos dirán que con merecimiento.

Atrevido hasta la temeridad (pudo dilapidar parte de su ventaja con importantes desatinos) el Atalanta sigue haciendo historia en esta edición de la Champions. Sus futbolistas solo sufrieron cuando el Valencia presionó a sus defensas obligándolos a salir en largo, algo que no acostumbran. Tienen a un jugador, Papu Gómez, que hace y deshace a su gusto y en la noche de este miércoles fue el más inteligente entendiendo los espacios. Es clave en la salida de la pelota, por lo que en la vuelta el Valencia tendrá que poner todo el empeño en desactivarle. El Atalanta es un equipo desordenado en el repliegue, también en el juego posicional. Aunque la empresa es difícil, se puede apelar a la remontada, tampoco queda otra. Ese gol de Cheryshev obliga a ello. Ahora, materializar la hazaña requiere un cambio.

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