todo abierto para la vuelta

El quiero y no puedo de Messi (ante el Lyon) que deja seco al Barcelona

El Barcelona empató en Lyon a cero, tuvo ocasiones sobradas para ganar el partido, pero no estuvo fino en el remate. Últimamente, el equipo tiene importantes problemas para marcar gol

Foto: Messi se lamenta tras una parada de Lopes. (EFE)
Messi se lamenta tras una parada de Lopes. (EFE)

Un Barça con Messi, con Luis Suárez, Dembélé y el refresco de Coutinho en la segunda parte fue incapaz de marcar un gol en Lyon. Y por intentarlo no quedó, pero o los desbarató el portero Anthony Lopes o, lo que es más preocupante, faltó acierto en el último remate. El conjunto azulgrana está seco de cara a gol en el mes de febrero, y en los últimos cinco encuentros solo ha marcado cuatro tantos, dos de ellos de penalti. Había ganas, intensidad, concentración, presión… y nada, que no hay manera. Un quiero pero no puedo de manual.

Resulta especialmente alarmante el estado de Luis Suárez. Él sí que es el vivo ejemplo de la inoperancia, a pesar de las ganas que le pone. El uruguayo está lento, espeso, lleva cuatro partidos sin marcar y la ansiedad empieza también a pesarle. Pelea, las pide, se enfada cuando Dembélé no se la pasa y vive los encuentros con extrema pasión, pero no está bien y el equipo lo nota. No es la primera vez que Suárez se encuentra ante una sequía y siempre ha salido adelante, aunque su recuperación empieza a urgir, teniendo en cuenta a lo que se enfrenta el Barça. Sin él no es lo mismo y su sustituto, Kevin Prince Boateng, estaba en Lyon en la grada después de un pésimo partido frente al Valladolid.

Messi no puede hacerlo todo solo y frente al Olympique no firmó un mal partido, pero de él se espera siempre la versión extraterrestre y en una falta al borde del área en los últimos minutos estrelló el balón en la barrera, algo insólito. Dembélé, mientras, volvió a ser Dembélé. Es decir, anárquico e impredecible para lo bueno y para lo malo. Igual te hace un recorte que pierde el balón al tuntún. Valverde le sustituyó en el 67’ por Coutinho, aunque no era ni mucho menos el peor sobre el campo y Suárez se lo merecía más, pero al charrúa no se le toca, y menos en un partido de Champions.

Al Barça, además de gol, le falta algo de grandeza. En Champions lleva sin ganar tres años en un partido fuera de casa en una eliminatoria; la última vez fue en 2016 ante el Arsenal. Y pese a los más de 25 remates, cinco de ellos a puerta, y el asedio final, también es de recibo anotar que en los 10 primeros minutos del partido les volvió a salvar Ter Stegen con dos grandes paradas, primero a Aouar y después a un chut de Terrier que desvió al larguero.

Quizá por esa falta de brillantez el empate a cero deja un mal sabor de boca, pese a que si al principio de temporada alguien les hubiera dicho que para pasar a cuartos deberían ganar al Olympique de Lyon en el Camp Nou, todos hubieran firmado con los ojos cerrados. Y un detalle: cuando hay dudas para decidir quién ha sido el mejor del equipo en un encuentro que se esperaba como agua de mayo, por muchas ganas que se pongan, es que algo falla.

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