di stefano y los yeyé, sus espejos

Cuando Johan Cruyff (y su Ajax) imitaba al Real Madrid

El rival merengue en los octavos de la Champions alcanzó la cima del fútbol mundial tomando como fuente de inspiración a la 'Saeta Rubia', Gento, Puskas, Pirri, Amancio o Velázquez

“En aquella época, se veía muy poco fútbol por la televisión, así que la imagen que teníamos en Holanda del gran Real Madrid se forjó en las retransmisiones de radio, donde nos describían un equipo de fútbol mágico, prácticamente imbatible, que jugaba al compás que marcaban Di Stéfano, Puskas y Gento primero; y después Pirri, Velázquez o Amancio. No es de extrañar, por tanto, que Johan Cruyff y su Ajax lo tomaran como modelo a seguir en su hoja de ruta camino de la gloria”.

Sirva la reveladora descripción hecha a El Confidencial por David Endt, 'team manager' del cuadro del guerrero aqueo durante dos décadas y una auténtica enciclopedia de todo lo que rodea al universo ajacied, como punto de partida para entender la enorme influencia que tuvo la escuadra de Concha Espina en la forja del equipo que, entre mediados de los sesenta y los albores de los setenta, cambió para siempre los usos y costumbres del balompié. Este miércoles, a las 21:00, Ajax y Real Madrid se miden en la ida de octavos de Champions League.

Cartel del primer Ajax-Real Madrid. (Archivo David Endt)
Cartel del primer Ajax-Real Madrid. (Archivo David Endt)

La devoción que ‘el flaco’ había desarrollado durante su adolescencia hacia ‘la Saeta Rubia’ y el pentacampeón europeo se convertiría muy pronto en la fuente de inspiración futbolística del eterno '14' y su inolvidable banda de peloteros. Cuentan por la hermosa ciudad de los canales que el flechazo definitivo se produjo en junio de 1959, fecha en la que el Madrid de las Cinco Copas, con Di Stéfano y Gento a la cabeza, pisó por vez primera la capital económica neerlandesa para enfrentarse a un combinado de jugadores que militaban en clubes de Ámsterdam, liderados por el exvalencianista Faas Wilkes.

Los de Luis Carniglia se impusieron por 2-0, con goles de las dos estrellas más rutilantes del cuadro merengue, en un duelo que sirvió para homenajear a un Real Madrid que pocos días antes había conquistado su cuarto entorchado continental consecutivo en el Neckarstadion de Stuttgart ante el Stade de Reims (2-0). El reguero de fútbol de alta estirpe dejado por los madridistas a su paso por Ámsterdam germinó tan profundo en la retina de Cruyff que este se convertiría en su más aventajado adalid desde el mismo instante en que echó abajo la puerta del viejo De Meer para convertirse en el santo y seña del Ajax.

Los guiños de Johan a su admirado Real no cesaron durante la segunda mitad de los sesenta, justo cuando Rinus Michels tomó el mando de las operaciones y comenzó a cocinar a fuego lento un equipo que entraría en la historia del deporte rey con clarines y laureles.

Johan copió el ritual de Di Stéfano

El '14' implantaría la costumbre de saludar al público al inicio de los partidos ocupando el equipo al completo el círculo central, a imagen y semejanza del gran Real Madrid. Johan, emulando el ritual de Di Stéfano, era siempre el último en llegar y se situaba sobre la divisoria después de dar un pequeño golpe ‘de la suerte’ al guardameta Gert Bals.

El blanco también era el color del balón DerbiStar, inseparable compañero de festines sobre el césped de una escuadra que se negaba a utilizar como local el clásico esférico de la época, con pentágonos negros y blancos. El Ajax era, de hecho, el único que usaba esa marca y ese modelo en los Países Bajos. Y lo hacía por una cuestión puramente ‘científica’: los porteros rivales, sostenían los pupilos de Michels, solo adivinaban el efecto con el que golpeaban a la redonda cuando jugaban con el modelo que emulaba un tablero de ajedrez.

El Real Madrid también estuvo muy presente en el choque que significó la tarjeta de presentación del Ajax a nivel internacional. Los holandeses recibieron en el Olímpico de Ámsterdam al Liverpool de Bill Shankly un 7 de diciembre de 1966 luciendo de blanco impoluto. La afinada orquesta ajacied, comandada por un jovencísimo Johan, fue una apisonadora que maltrató sin piedad a los Reds (5-1) en un partido que pasó a la historia por la niebla que cubrió aquella noche con su denso manto el mítico recinto que albergó los Juegos de 1928.

En ese pausado pero firme caminar hacia la cima del fútbol mundial, el Ajax del ‘general’ Michels y Stefan Kovacs se toparía en dos ocasiones con su rival de esta noche en Copa de Europa. El Madrid yeyé plantó bandera en el Olímpico amsterdanés el 20 de septiembre de 1967 con la columna vertebral del once que un año atrás había conquistado su sexto entorchado continental en Bruselas ante el Partizan de Belgrado.

El Ajax, de azul madridista

Una histórica visita que su rival no dejó escapar para mostrarle su respeto y admiración por partida doble: le cedió la localía para que pudiera vestir de blanco, mientras que Cruyff y compañía saltaron al verde con camiseta y pantalón azul marino, el uniforme que por aquel entonces solían usar los madridistas lejos de Chamartín.

El intenso 1-1 de la ida fue el preludio de una vuelta electrizante en Madrid en la que los de Miguel Muñoz solo pudieron noquear a los tulipanes en el tiempo de prolongación (2-1). Pese a la derrota, ni Cruyff ni su Ajax quisieron dejar pasar la ocasión de enseñar su portentosa dentadura aprovechando su puesta de largo en la catedral madridista.

Luciendo esta vez su clásica elástica con la franja roja gruesa vertical, Sjaak Swart, Klaas Nuninga, Piet Keizer y Johan, perfectamente arropados por los todocampistas Henk Groot, Barry Hulshoff y el capitán Velibor Vasovic, hicieron temblar los cimientos del coliseo de Concha Espina con un balompié de muchos quilates practicado a ritmo de látigo. El Real suspiró aliviado con el gol salvador de Veloso en el 99’, justo cuando en los graderíos aún se recuperaban del amago de infarto que les había provocado Cruyff en el minuto final del tiempo reglamentario tras errar un mano a mano con el meta Junquera.

Las tornas, sin embargo, cambiarían seis años más tarde, cuando ambos conjuntos volvieron a verse las caras en las semifinales de la Copa de Europa. Tras perder una final en el Bernabéu ante el Milan (1969) y conquistar el trofeo en las dos ediciones precedentes, el Ajax ya miraba a su rival por encima del hombro. Hulshoff y el gran Ruud Krol abrieron brecha en el marcador en Ámsterdam antes de que Pirri devolviera a la eliminatoria a un cuadro merengue que sufrió como nunca ante la engrasada máquina ajacied.

Chamartín aplaude al Ajax

El definitivo cambio de ciclo se consumaría dos semanas más tarde al pie de la Castellana (25 de abril de 1973) con una portentosa exhibición del vigente campeón, aunque el marcador final (0-1) no hiciera honor al grandioso recital que Cruyff, Rep, Neeskens, Haan y los hermanos Mühren dieron sobre el césped del Bernabéu. Símbolo de aquella insultante superioridad holandesa fue una acción en la que Gerrie Mühren, a la sazón autor del único gol de la noche, controló el cuero en medio campo y se puso a dar toques a la pelota, hasta seis veces, aguardando a que Krol le doblara como un cohete por su izquierda para meterle un pase en profundidad.

Lejos de sentirse humillados, los 120.000 espectadores que abarrotaban el feudo merengue rompieron a aplaudir la exquisitez del genial volante zurdo de Volendam. Seguramente vislumbraron en aquel glamuroso Ajax la esencia del imbatible Madrid de don Alfredo y Gento, al que tanto había idolatrado aquella pléyade de eléctricos holandeses. Cruyff mediante.

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