otra victoria azulgrana en champions

Rafinha se calza las botas de Messi y el Barcelona no nota ese bajón

La ausencia de Leo Messi es siempre importante, pero el hispanobrasileño y sus compañeros disputaron un partido muy sólido, y aunque no fue muy brillante sí consiguió una alta solvencia

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Estaba Messi en la grada, con el brazo en cabestrillo y la familia. Las cámaras le buscaban porque, hasta que se retire, todo girará a su alrededor. No estaba el genio en el campo y todo era un poco más gris. El Barcelona hizo un buen partido, estable y eficiente, despejando dudas, pero por más vueltas que se le intente dar a esto, sin Messi no es lo mismo. Valga el partido contra el Inter, un equipo aguerrido pero no al nivel de los azulgrana, como ensayo de cara al futuro, para entender lo que será el fútbol sin él. Lo que será el Barça sin él.

Bien, buen equipo, compacto, bien trabajado, mucho más sólido que el que se veía hace unas semanas, en el que se notaban unas grietas en defensa que no eran aceptables para un conjunto de ese nivel. Contra el Inter hubo ratos de agobio italiano, pero siempre quedaron en nada, en parte porque el orden ha llegado por fin al Camp Nou, también porque, en las malas, siempre estará Ter Stegen.

Es un portero tremendo, quizás el segundo mejor jugador del equipo, como si fuesen los dibujos animados, en los que siempre el mejor era el 10 y su principal escudero, el portero. El trabajo que tuvo, lo resolvió con brillo. Se pasaron tiempo hablando bien de sus pies, de su capacidad para sacar el balón y esas cosas. Que es cierta, está ahí y es importante. Pero toda aquella literatura sobre las bondades de su juego por el suelo cubría lo que es en realidad su mejor cualidad: para muchísimo. Tiene unos reflejos que casi dan miedo, no hay rebote que lo desconcentre.

Se ha empezado por el portero por aquello de que es lo de siempre. A él ya se le mira menos, quiza porque se da por hecho que lo hará bien. Por eso mismo el foco principal estaba esta vez en el sustituto de Messi. Sustituto, qué difícil palabra. Rafinha fue el que entró en el once en su ausencia, y aunque no sabe ser Messi, nadie sabe, hizo un papel mucho más que digno.

Marcó el primero, rondó alguno más, no dejó de moverse. Aprovechó el ancla que es Luis Suárez, uno de los jugadores más molestos que puede encontrarse un central, y él supo atacar los espacios que eso generaba. Es gaseoso, peleón y listo, de los que buscan las espaldas y aparecen donde no se les espera. Rafinha, de estirpe aristocráctica en esto del fútbol, ha dado bastantes vueltas. Alguna lesión, falta de confianza, no siempre ha sido entendido. El pasado año estuvo en el Inter y no lo hizo mal, pero ahora, hasta que Messi se rompió, no tenía sitio en el Barcelona.

Arthur. (EFE)
Arthur. (EFE)

La percha de Arthur

Hay un proceso, sin embargo, que lleva a pensar, y es que el Barça querría haberlo cedido de nuevo, pero no quiere ni pensar en un traspaso. Le conocen desde la infancia y entienden que de esas piernas se pueden sacar grandes cosas, que quizás en este momento no es más que un recambio secundario, pero en otro contexto puede tener muchos minutos y terminar siendo un jugador importante.

Por no salir de Brasil, Arthur. Aunque si Rafinha es un brasileño raro por la cantidad de tumbos que ha dado su biografía, de su compañero podemos decir que es un brasileño raro por el tipo de fútbol que tiene. No se espera un recorte de él, pero no lo necesita. Xavi diría que no entiende cómo alguien que no ha pasado por la Masía puede jugar así, porque ya se sabe que Xavi es mucho Xavi. Y a él recuerda, asumiendo todas las distancias lógicas. Arthur siempre decide bien, mezcla los pases con criterio y no falla uno. Si parece siempre que está en el lugar adecuado es porque lo está, y eso tiene una explicación que no tiene que ver con las piernas sino con la cabeza. Entiende el juego, puede hacer una estimación de dónde caerá el siguiente envío y rara vez fallará. Desde que Valverde le dio confianza, el equipo lo ha notado. Tanto que es difícil pensar en un Barcelona sin él. No solo ya para este Barcelona, sino para todos aquellos que están por ver. Por edad, tiene pinta de piedra fundacional de proyecto sólido. Salió ovacionado, algún día será héroe.

Hay un detalle más en el que se nota la mano de Arthur, y es que con él en el campo la defensa ha mejorado. Cabría decir que Vidal es mejor en eso, que corre más y es más fiero, pero eso es tanto como no entender nada. El brasileño no comete errores y rompe líneas de presión, lo que reduce significativamente el trabajo de los centrales, en este caso Lenglet y Piqué. Las ocasiones que tuvo el Inter fueron con mucho trabajo y poco acierto. Y para todo lo demás, Ter Stegen.

En la columna de buenas noticias también hay que poner a Luis Suárez. El uruguayo estaba renqueante y pasado de peso, le ha costado horrores sintonizarse esta temporada, pero esta vez sí fue un factor diferencial. Sin Messi, tiene una responsabilidad mayor, tanto anímica como deportiva, y aunque no marcó gol, su trabajo fue evidente. A Suárez nunca nadie le acusará de indolente, tiene el fútbol a flor de piel y una capacidad tremenda para el trabajo. Si le empiezan a salir las cosas, eso se da por hecho.

Y así, sumando las piezas como si fuese un mecano, se empieza a ver una construcción aparente. Es lógica la duda cuando cae Messi, y todo puede pasar el domingo, pero después de un mes bastante malo, da la sensación de que la curva azulgrana está en ascenso. Como el mundo es así, la comparación salta rápida. El domingo hay un clásico, el Madrid es un flan y el Barcelona, incluso con sus dudas, empieza a encontrarse. Un equilibrio, eso sí, que se puede ir al traste en solo 90 minutos.

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