la juventus gana en mestalla 2-0

El drama de Cristiano Ronaldo: expulsión discutible, lloro y dos penaltis que no tiró

Cristiano Ronaldo vio la roja antes de la media hora por un forcejeo y un toque en la cabeza de Murillo. Era su primera vez expulsado en Champions, pero su equipo logró rehacerse y ganar

Fue un forcejeo leve, en la frontal del área, como tantos otros. Los dos jugadores terminaron por los suelos, pero eso tampoco es tan raro. O, quizá, fue el gesto posterior, un pequeño toque en la cabeza a Murillo, más un apoyo que un tirón de pelo o algo similar. El caso es que Cristiano Ronaldo, por una brumosa acción, terminó expulsado sin llegar a la media hora. Y esas dos jugadas, tan comunes, hicieron que pasase lo hasta ahora desconocido, que el luso fuese expulsado en la Champions League. Llevaba más de 150 partidos en la competición, pero tuvo que marcharse a Italia para que eso ocurriese.

Eso fue, por descontado, solo el inicio del drama. El juez de gol fue el que tuvo claro que ahí había pasado algo. Avisó a Byrch, árbitro experto, y este se fue con la cartulina roja a Cristiano. El portugués, por supuesto, reaccionó de la manera más teatral posible. Diciendo que no, protestando, incluso llorando, como si fuese un juvenil y no lo que realmente es, un jugador universal con un montón de estrellas en la pechera. A CR7 la pasión, sobre todo por sí mismo, le lleva a una gesticulación que no es posible en el resto de seres humanos. Claro que es un futbolista que ha hecho aspavientos por todos los fueras de juego que le han pitado en su carrera, que ha reprochado pases malos a sus compañeros moviendo los brazos y que ha mostrado una teatralidad única. Alguien que si algún día gana un Oscar, nunca será por su contención.

Así que la escena fue la esperada en un caso así. Se fue al árbitro, se puso a llorar. Tuvo que ser consolado por una leyenda como Pavel Nedved, que le esperaba en la bocana de vestuarios. El checo ahora es un hombre trajeado, con una libreta en la mano, pensado como delegado de un equipo al que entregó sus mejores años. Le dio un toque en la espalda y le acompañó adentro, a ver si en el túnel podía rebajar el dolor que en ese momento cruzaba el pecho de Cristiano. También Marcelino, que lleva años sufriéndole, acudió a hacerle una carantoña.

Y el caso es que, esta vez, es posible que Cristiano tuviese razón. Se ven cosas como estas con muchísima frecuencia en los campos de fútbol y suelen terminar en nada. A falta de mejores repeticiones —más de esto luego— no se encuentra una agresión, ni un escupitajo ni violencia suficiente para considerar que esos toques eran dignos de expulsar a nadie. Luego está la falta de costumbre, claro, Cristiano es delantero y aunque no es exactamente nuevo en lo de las rojas, pues el drama en muchas ocasiones le ha llevado a desquiciarse, sí que no tiene práctica en esto de que le expulsen en Europa. En el Madrid y en el Manchester, ninguna, y es poco probable que no se lo mereciese nunca antes.

La pasada temporada, cuando aún marchaba vestido de blanco por la vida, Cristiano marcó en todos los goles de la liguilla de grupos. Se podría argumentar, de hecho, que el juventino de nuevo cuño es el mejor jugador de la historia de la Copa de Europa. Es el máximo goleador de la historia de la competición y tiene cinco títulos, solo uno menos que Paco Gento. Sus hazañas por el continente están más que glosadas, pero ahora el reto es todavía mayor, pues comporta también demostrar que fuera del Bernabéu también es capaz de hacer a un equipo campeón de todo.

Marcelino consuela a Cristiano. (EFE)
Marcelino consuela a Cristiano. (EFE)

La incomprensible falta de VAR

Y ha empezado catastróficamente mal, para él y para la competición. No, no es que la Champions sea peor porque expulsen a una de sus estrellas, esto no es un circo, pero todas las circunstancias que se dieron en esa extraña jugada tendrían que hacer reflexionar a los directivos. La UEFA es una institución moderna, genera cada vez más dinero y tiene una competición excepcional, quizá la mejor del mundo del fútbol, pero va a ser la última en adoptar el VAR. Tras toda la polémica inicial sobre la pureza, la justicia, el tempo y esos conceptos tan elevados, la mayor parte del mundo, menos los muy nostálgicos y los amantes del fútbol pendenciero, se ha dado cuenta de que es útil y, en determinados niveles, necesario.

Pero es que es peor aún. Porque, asumiendo que no hay VAR, es un bochorno que ni siquiera haya una realización televisiva en la que se pueda llegar a una conclusión final sobre lo que ocurrió o no en Mestalla. Porque Cristiano fue expulsado y a primera vista parece un exceso de un juez de gol —una figura prescindible si la máquina de la verdad futbolística estuviese disponible—, pero igual hubo algo más. Si así fue, no se vio, y eso solo habla de una calamidad televisiva en Mestalla. Estamos en 2018, hay 4K, si es que no ha llegado ya alguna tecnología nueva que deje obsoleta esa, una definición máxima, un nivel de detalle infinito. Pero, por algo que deberían de explicar, toda esa modernidad no sirvió para ver la jugada más llamativa de un encuentro de la gran competición que implicaba a una de las mayores figuras mundiales. Pues bien, así son las cosas.

Cristiano se vuelve a Turín con un enfado morrocotudo, porque su mundo empieza y acaba en él, pero pensando en el colectivo fue un buen día para la Juventus. El equipo turinés, que se encontró en una encrucijada difícil con la expulsión, fue capaz de sacar el partido adelante. Se comportó mejor con 10 que el Valencia con 11, y los del Turia, retornados a la competición tras un gran año, igual se tienen que replantear completamente su existencia. Si un equipo es capaz de dominarte así con uno menos, es que tienes un buen puñado de cosas por mejorar.

Otro drama para Cristiano, por cierto, que la victoria de la Juventus, por 2-0, fue con dos penaltis. El primero muy claro, el segundo discutible, quizá no lo sería con VAR, pero eso tendrán que ir a reclamarlo a la ventanilla de Ceferin, que aquí no se sabe nada. Dos penaltis son, como todo el mundo sabe, una opción inmejorable para que Cristiano engorde sus cifras. Porque es un tirador sensacional y porque, para qué engañarse, es más fácil que de otros modos. En su fuero interno pensará que le han arrebatado dos tantos que eran suyos y terminaron en la columna de Pjanic. Luego el árbitro pitaría uno a favor del Valencia y los chés lo fallarían. Porque la tarde era así, dura para los locales y con protagonismo arbitral.

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