una final de champions en un país en guerra

Real Madrid-Liverpool, una final de Champions League en un país en guerra

Kiev, capital de Ucrania, acoge por primera vez la final de la Champions League. Desde 2014, el país está sumido en un conflicto armado que se ha cobrado más de 10.000 víctimas

Foto: Imagen de los enfrentamientos entre el ejército ucraniano y las fuerzas prorrusas en una zona cercana a Donetsk en enero de 2018. (EFE)
Imagen de los enfrentamientos entre el ejército ucraniano y las fuerzas prorrusas en una zona cercana a Donetsk en enero de 2018. (EFE)

En su estancia en Kiev para jugar la final de la Champions League contra el Liverpool, el Real Madrid se aloja en el Hotel Ópera, uno de los establecimientos más lujosos de la capital de Ucrania. Ese mismo hotel es desde la temporada 2014-2015 la casa del mejor equipo ucraniano de los últimos 20 años, el Shakhtar Donetsk. Desde que comenzó el conflicto armado en el este del país, el Shakhtar tiene que jugar en el exilio.

El Hotel Ópera está situado casi a la misma distancia del Estadio Nacional, donde se jugará el partido el sábado a las 20:45 horas, y de la Plaza de la Independencia, principal escenario a finales de 2013 y comienzos de 2014 de las protestas que acabaron con la destitución y huida del presidente Víktor Yanukóvich y el comienzo de un conflicto armado. Las protestas comenzaron tras la negativa de Yanukóvich a firmar un acuerdo de asociación con la Unión Europea y aumentaron de intensidad tras el acercamiento a Rusia. El Gobierno de Vladimir Putin aprovechó la inestabilidad ucraniana para intervenir militarmente en las zonas con mayoría rusoparlante, al sur y al este del país.

En marzo de 2014, Crimea y Sebastopol aprobaron en referéndum unirse a Rusia. En el Donbáss, región del este que agrupa a las provincias de Donetsk y Lugansk, las dos más orientales de Ucrania, el conflicto desembocó en un enfrentamiento armado que sigue activo. Por un lado, las fuerzas del Gobierno. Por el otro, las fuerzas prorrusas que controlan las dos provincias, que en abril de 2014 se constituyeron en repúblicas populares.

Según datos publicados en diciembre de 2017 por la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, el conflicto se ha cobrado más de 10.000 víctimas. Entre ellas las 298 personas a bordo del vuelo de Malaysia Airlines derribado el 17 de julio de 2014 (los fiscales neerlandeses que investigan el suceso aseguran que el proyectil que derribó el avión fue lanzado por una brigada del ejército ruso).

Las consecuencias en el fútbol ucraniano

Las consecuencias de la guerra son visibles en el fútbol ucraniano y europeo. Justo después de la anexión de Crimea a Rusia, los clubes de la península cambiaron de federación y llegaron a debutar en competiciones rusas, aunque el rechazo de la UEFA llevó a la creación de una liga de Crimea. Otros equipos han seguido compitiendo en la liga ucraniana, pero han tenido que abandonar sus ciudades. Es el caso del Shakhtar Donetsk, que ha jugado en Leópolis y Járkov, aunque los jugadores han residido todo el tiempo en el Hotel Ópera de Kiev, que pertenece al conglomerado empresarial del multimillonario ucraniano Rinat Akhmetov, a su vez dueño del equipo. Su casa, el Donbass Arena, una de las sedes de la Eurocopa 2012, ha sufrido daños por la guerra.

Otros ejemplos de clubes desplazados son el FC Zorya, que juega sus partidos en Zaporiyia, y el Olimpik Donetsk, que juega en el Bannikov Stadium, un pequeño campo situado junto al Estadio Nacional en Kiev. Otro club de Donetsk, el Metalurh, desapareció en 2015.

Foto del Donbass Arena con el escudo del Shaktar Donetsk y la bandera de la autoproclamada República Popular de Donetsk tomada en abril de 2017. (EFE)
Foto del Donbass Arena con el escudo del Shaktar Donetsk y la bandera de la autoproclamada República Popular de Donetsk tomada en abril de 2017. (EFE)

Por motivos de seguridad, la UEFA decidió en julio de 2014 evitar los enfrentamientos entre equipos de Ucrania y Rusia en sus competiciones. Esa norma se mantiene, lo que en la práctica solo permite un duelo entre equipos de ambos países si es en la final. Tampoco pueden cruzarse las selecciones en las fases de clasificación para Eurocopas y Mundiales y en la nueva Liga de Naciones.

La del sábado será una final en un país en guerra, una guerra con casi dos millones desplazados, pero que muchos en Europa han olvidado. El conflicto no fue un obstáculo para que en septiembre de 2016 la UEFA eligiera a la capital ucraniana como sede de la final por primera vez. En Kiev, a 600 km del frente, la huella del conflicto apenas se nota. Y se notará aún menos en la final.

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