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La revancha de Cesc Fábregas que sería venganza con Pep Guardiola

El enfrentamiento de Champions entre Chelsea y Barça será una revancha para un Cesc en su regreso a casa. El asunto pasaría a ser venganza si Guardiola fuera todavía técnico culé

Foto: Pep Guardiola y Cesc Fábregas, durante su etapa en el Barcelona. (Imago)
Pep Guardiola y Cesc Fábregas, durante su etapa en el Barcelona. (Imago)

Cuando regresó a casa, pensó que sería para siempre. Tras ocho largas temporadas en el Arsenal, el Barcelona le recuperaba para formar parte de un Barcelona extraordinario que a las órdenes de Pep Guardiola arrasaba sin piedad. Creyó Cesc Fábregas que emprendía el camino de vuelta en el mejor momento, en plena madurez como futbolista, con el equipo azulgrana desplegando un fútbol superior. "Quiero retirarme aquí", llegó a decir, cosa que no pudo cumplir. Ahora que el bombo ha emparejado a Chelsea y Barça en los octavos de final de la Champions, el mediocampista afronta una revancha ante el equipo en el que no pudo triunfar ya siendo hombre, que habría sido venganza de seguir Pep Guardiola en el banquillo azulgrana...

Estuvo tres temporadas en el Barcelona antes de regresar a Inglaterra. La primera la compartió con Guardiola —la única— y el resultado no fue el esperado. Ni el futbolístico ni el personal. Comenzaron muy bien el curso 2011/2012, pero lo acabaron de muy mala manera. El futbolista arrancó bien la campaña, pero fue perdiendo fuelle en la misma medida que las relaciones personales con el entrenador se deterioraban sin freno. El que se maneja en el verde esperaba mucho más del estratega, otro comportamiento, que le otorgara un rol de estrella; el que mandaba en el banquillo no encontró al Cesc que esperaba. Y no sólo con el balón en juego, la fractura se hizo más grande lejos del rectángulo donde pasa todo.

Guardiola se enteró en un momento dado de que Cesc murmuraba a sus espaldas, que el jugador que había recuperado para la causa azulgrana le traicionaba con la boca. En un equipo que había funcionado como un reloj los años anteriores, el técnico lo tenía muy complicado para mover las piezas, intocables la mayoría y en los lugares en los que Fábregas podía desenvolverse. Éste se sintió totalmente menospreciado en alguna oportunidad por el de Santpedor y sus críticas se extendieron en diferentes ámbitos, llegando a oídos de Pep esos lamentos.

La presión de Mourinho

Esa temporada en que ambos defendieron juntos el escudo del Barcelona no se desarrolló como estaba previsto. La Liga se la llevó el Real Madrid de Mourinho y la Champions el Chelsea. El desgaste de Guardiola era más que evidente. Si tiempo atrás tuvo claro que era aconsejable vender a algunos jugadores para oxigenar y sanear el ambiente del vestuario, pensó lo mismo en cuanto a Cesc se refiere. No le había otorgado el protagonismo que el futbolista exigía y éste nunca lo entendió. Las relaciones entre ambos acabaron siendo muy tensas. La renuncia de Pep al cargo para tomarse un año sabático permitió que Fábregas siguiera en la institución dos años más.

No fue una etapa tan cargada de felicidad como esperaba Cesc. El Camp Nou le acogió con afecto, pero se fue difuminando con el tiempo. Más de una vez la grada le silbó al entender que su rendimiento no era el que se debía esperar de una estrella como él. Y él, por su parte, nunca encontró su sitio en un equipo en el que muchas puertas (futbolísticas) estaban cerradas. La presión que ejerció José Mourinho, técnico del Chelsea en 2014, fue asfixiante y el futbolista no pudo rechazar los millones que Roman Abramovich puso sobre la mesa. Sobre todo aceptó la oferta porque tuvo claro que en el Barcelona no tenía espacio suficiente para triunfar.

El saludo fallido

"Algún día serás el '4' del Barça", escribió Guardiola en una camiseta que hizo llegar a Cesc Fábregas cuando en edad cadete ya formaba parte del Arsenal. La profecía no se cumplió aunque las circunstancias se alinearon perfectamente en 2011. El sueño de ambos no se hizo realidad y la relación acabó en pesadilla. Se escenificó perfectamente la pasada temporada, la primera del entrenador en la Premier. En un partido entre Chelsea y City, tras el pitido final, cuando el jugador fue a saludar al que fuera su jefe, éste se despistó y no hubo apretón. "En el campo no le vi, le saludé en el vestuario", se justificó Pep. El episodio tuvo calado porque aquella abrupta ruptura que se produjo en la Ciudad Condal dejó heridas abiertas y de sobra conocidas.

Con 26 años y teniendo aún dos temporadas más firmadas con el Barcelona, Cesc hizo las maletas para viajar a Londres, donde ha vivido en un tobogán siendo jugador del Chelsea. En su primera temporada todo fue perfecto, con título de Premier en el bolsillo y brillando. La segunda fue nefasta y en la pasada, con Antonio Conte, colocó otro título en su hoja de servicios, pero siendo siempre un secundario. En la presente campaña, cuando en verano surgieron rumores sobre su futuro, ha recuperado el estatus que nunca tuvo en el Barcelona. Vuelve a sentirse importante, lo que nunca pasó en el Barcelona. En febrero, toca revancha...

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