golazo que levantó al wanda metropolitano

Griezmann obliga al Atlético a creer en el milagro de los octavos... y en él mismo

No hizo un partido soberbio, pero hizo lo que se le exige como líder de la plantilla rojiblanca, que no es otra cosa que marcar en los días más importantes. Ahora solo queda soñar con Londres y Roma

Foto: El gesto que acabó en el golazo de Griezmann. (Reuters)
El gesto que acabó en el golazo de Griezmann. (Reuters)

El aficionado al fútbol es pasional o no es. Luego, existen diferentes niveles de pasión, de entrega por unos colores y una ilusión. En el Calderón residía la más fácil de convencer de todas. No es una crítica, muy al contrario. Al Atlético de Madrid se le pueden reprochar miles de cosas, pero jamás una como su capacidad de convocatoria, de movilización, de empatía con su gente. Está viviendo la peor temporada en más de un lustro y, sin embargo, obtuvo increíblemente una comunión con su nueva grada, la del Wanda Metropolitano, incluso cuando aun ganando (2-0), la felicidad absoluta no se alcanzará salvo intervención divina. Cómo sería la emoción que hasta perdonó a Griezmann.

El gol (golazo) de Antoine Griezmann fue el abrazo final de la gente con su jugador. Es un amor aparentemente imposible, condenado a acabar más pronto que tarde, pero al final se quieren. El derbi colocó la cabeza del francés en la guillotina, este miércoles iba a ser su ejecución pública ante casi 70.000 espectadores más todos los que lo vivían expectantes desde sus hogares. Pero el discurso del milagro, de la opción casi imposible de jugar los octavos de final de la Champions League, caló en el corazón de los colchoneros, que se olvidaron de los reproches, suspendieron la condena y desde que se nombró por megafonía al '7' sonaron muchos más aplausos que desprecio.

"Es de mi familia y lo defiendo a muerte, hasta que lo sea", dijo Simeone, con un tono difícil de definir entre el paternalismo y la amenaza, cuando su estadio pitó a su jugador contra el Real Madrid. El ambiente se presuponía insostenible desde ese instante hasta que Griezmann y el club rompiesen su unión, ya fuera en enero (improbable) o en verano (probable). Claramente, al chico le estaba pudiendo su sequía goleadora y la sensación que ofrecía en el campo era de absoluta desconexión con lo que pasaba a su alrededor, como si no fuera con él la cosa. El derbi fue la gota que colmó el vaso.

Griezmann volvió a marcar después de casi dos meses. (Reuters)
Griezmann volvió a marcar después de casi dos meses. (Reuters)

Hasta el pitido inicial del siguiente partido. El Atlético no tiene ganas de enemistarse con quien le ha dado tanto y, sobre todo, tanto le puede dar todavía. Es tan fácil como conseguir dar con el punto sensible del futbolista, tocarle un poco la fibra para que mientras siga en la casa colchonera, se deje la piel a muerte y se marche por la puerta grande, como ya hicieron otros que, incluso, tuvieron siempre la puerta abierta en su regreso, como les pasó a Filipe Luís y Diego Costa. A Griezmann se le perdonará que se vaya si hace lo que tiene que hacer antes de emprender el viaje allá donde él decida.

Contra la Roma, Simeone se sintió valiente de nuevo. No confía casi nunca en ese instinto de supervivencia de casi cualquier entrenador que le hace arriesgar cuando va perdiendo o está prácticamente eliminado: cuando lo hace, no siempre le funciona y por eso prefiere mantenerse firme en sus ideales que tantas alegrías le han reportado. No es extraño del todo el planteamiento con el que finalizó el encuentro: cuatro jugadores puramente ofensivos, dos pivotes, cuatro defensas y un portero. Un 1-4-2-4 de toda la vida. Sirva como paradigma este día, en el que, cuando se vio muerto, quiso vivir y decidió jugar al fútbol con lo mejor que tiene en la plantilla.

¿Qué consigue con eso? Que Griezmann esté rodeado de los futbolistas que más y mejor se asocian con él, con jugadores que le entienden en su juego y que también le hacen mejor a él mismo. No estuvieron brillantes en todo el partido el Atleti ni Griezmann, pero fueron por fin efectivos. Los dos, el conjunto y el individuo. "Ojalá podamos mejorar, yo el primero. Intento dar lo mejor de mí mismo en cada partido. No entraba. Intentaba hacerlo lo mejor posible en los entrenamientos y en mi selección, pero...", dijo a las cámaras de beIN Sports al acabar el partido. Es lo único que le pide la afición a su gran estrella: que marque. No quieren tampoco que se bese el escudo, sino que rinda, que juegue y haga jugar, que mejore al equipo. Contra la Roma lo volvió a hacer, veremos si es cuestión de un día o realmente el Griezmann de siempre ha regresado para quedarse.

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