empate sin goles contra la Juventus

Sin Messi, sin gracia y sin esfuerzo, el Barça empata en Turín y es primero de grupo

Valverde consensuó sentar al astro argentino y aceptó un partido trabado que servía a los intereses de su equipo, pues con este empate asegura ser cabeza de serie en octavos de final

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En el minuto 56 de partido, Ernesto Valverde tomó una de las decisiones más sencillas de su carrera. Miró al banquillo y le dijo a Messi que iba a entrar. El Barcelona no sufría, porque tampoco necesitaba, y tenía a la estrella en el banquillo, suficiente para un empate a cero que daba la primera plaza. El descanso fue por consenso, se supone. Solo hay dos maneras posibles de que el argentino no juegue un partido. La primera implica una lesión, la segunda que él mismo acepte ser relegado de inicio. Es un jugador que, por su increíble estatus, tiene amedrentada una directiva entera, que no es capaz de obligarle a hacerse una simple foto con un bolígrafo en la mano firmando una renovación. Alguien que tiene esa clase de poder elije cuando juega y cuando no. Y así tiene que ser, porque él es Messi y el resto de la humanidad no lo es, lo cual no es un simple matiz.

Al hecho de que Leo Messi sigue siendo Leo Messi hay que sumarle un factor que el tiempo ha demostrado: Valverde no es un loco, no le gusta el postureo, no toma decisiones estridentes, no ama ser el protagonista. No es Luis Enrique, aunque este tampoco hubiese osado a sentar al astro por su cuenta y riesgo. Con todo esto se sabe que la decisión fue del argentino en el último término. Es posible que alguien le haya dicho que mejor regular un poco, que ya no es un niño. O, incluso, que el Mundial se disputa en junio y lo que pase en Rusia será crucial para la valoración global de su carrera. Es un poco lo mismo, la decisión era llamativa pero no trascendente, al fin y al cabo el Barcelona ya tenía cerrada la clasificación y (casi) el primer puesto del grupo.

Messi entró en un partido que bien valdría para una cura de sueño. Sobre el papel, dos de los mejores equipo de la competición, del mundo, de la historia, de lo que se quiera poner detrás de esa frase. La realidad es que ninguno de los dos se jugaba gran cosa, la Juventus, para ser primera, necesitaba golear, y eso tampoco es sencillo nunca. Clasificados estaban prácticamente seguro.

Así que se vio una primera parte fría, distante, como si los dos equipos no quisiesen hacerse daño. La Juventus tenía el balón, jugaba algo mejor que su rival, pero sin tampoco ser ninguna locura. Además, si algo ha demostrado este Barcelona es que es un equipo bien engrasado en defensa, que deja pocos espacios y prácticamente no permitir una sola ocasión del rival. Es, más que nada, un equipo eficiente, que no bonito. En el pasado está ese equipo que epataba al mundo, que bailaba a los rivales y el balón. Ahora es una máquina bien engranada pero poco atractiva, podría clavar el mismo clavo mil veces seguidas, pero nadie se enamoraría de un martillo.

La falta de chispa

También hay que recordar que cualquier equipo es peor sin Messi. No jugaba y eso le daba a la vida un aire previsible. No iba a haber ese cambio de ritmo, esa jugada en la que los centrales se disuelven como una aspirina efervescente en el agua. No, eso no estaba, no había chispa. Neymar, como todo el mundo sabe pero nadie se cansa de repetir, no está ya en el Barcelona. En ausencia del argentino él era la chispa, porque Luis Suárez, que además no está brillante, no es lo mismo. Su juego es diferente, más industrioso, menos creativo. Efectivo, sí, pero menos bonito.

Junto a Suárez rondaba el área Paulinho, que es otro en la columna de los eficaces sin ángel. No se le puede pedir mucho más de lo que da, que es bastante. Cuando le compraron sabían que era algo diferente, lo que no tenían en cuenta es que en realidad su juego, contundente pero no para soñar, iba a ser la temática de este Barcelona, que hoy en día se parece más al brasileño que a Neymar.

Quien sí debería de tener ese estilo festivo Deulofeu, pero es una botella de gaseosa que se abrió hace semanas y nadie se acordó de tapar. Un jugador que regateaba bien, pero que sin confianza ninguna, y con una cuestionable cabeza, se pierde en el verde hasta parecer un camaleón disperso. La teoría afirma que peude ser un jugado útil. Pero ni siquiera él parece tenerlo muy claro.

En cuanto a la Juve, tampoco es que estuviese en este partido pensando como un grande. No era una final, ni siquiera un partido importante. También contundentes en defensa, bien estructurados, fiables. Lo más bonito fue, como tampoco sorprende, Dybala. La joya, que así le llaman, es también argentino, también diablo, pero no es Messi. Es más, dice que se ve incómodo cuando juegan juntos con la selección. Sin llegar al nivel del astro, es bueno, hace controles, cambios de ritmo. Pequeñas cosas dentro de ese estanque de aburrimiento que se estaba desplegando en Turín.

Un detalle más de este partido: Ter Stegen. Una parada en el minuto 90, brutal, perfecta, clavada. Porque es un porterazo. Él también es parte de ese equipo industrioso y eficiente. Que es primero de grupo, ya seguro. De este Barcelona que no da caricias sino bastonazos. Incluso sin Messi.

Ficha técnica

0. Juventus: Buffon; Barzagli, Rugani, Benatia, Álex Sandro; Khedira, Pjanic (Bentancur, m.66); Cuadrado (Marchisio, m.71), Dybala, Douglas Costa (Matuidi, m.85); Higuaín.

0. Barcelona: Ter Stegen; Semedo, Piqué, Umtiti, Digne; Paulinho, Busquets, Rakitic, Iniesta (Alba, m.82); Paulinho; Deulofeu (Messi, m.55), Suárez.

Árbitro: Milorad Mazic (SER). Mostró cartulina amarilla a los locales Pjanic (m.21) y Álex Sandro (m.72) y a los visitantes Paulinho (m.30), Digne (m.87) y Piqué (m.90).

Incidencias: Partido correspondiente a la quinta jornada del grupo D de la Liga Campeones disputado en el Juventus Stadium de Turín ante cerca de 40.000 espectadores. 

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