caía 0-3 en el descanso

El Sevilla que nunca se rinde firma una gesta inolvidable ante el Liverpool

Increíble empate logrado por el Sevilla ante un Liverpool que alcanzó el descanso con un 0-3 en el marcador que parecía definitivo. Pero no, luego surgió 'el equipo que nunca se rinde'

Foto: Jugadores del Sevilla celebran el gol de Pizarro que supuso el empate. (Reuters)
Jugadores del Sevilla celebran el gol de Pizarro que supuso el empate. (Reuters)

"Dicen que nunca se rinde". La frase va pegada a la piel del Sevilla y de nuevo quedó patente que no es gratuita, que por algo la lleva a gala su apasionada y fiel afición. Se enfadó de verdad con los suyos después de un calamitoso primer tiempo. En un partido que determinaba el liderato (momentáneo) del grupo, firmó unos minutos lastimosos, sin fútbol, sin pasión, sin rumbo. El Liverpool alcanzó el tiempo de descanso con tres goles en el marcador, con los tres puntos bien guardados en el bolsillo. Eso pensaban... Pero ese equipo al que habían superado jamás tira la toalla y apareció en todo su esplendor en un segundo acto heroico y para el recuerdo. Un periodo que valió para recuperar autoestima, juego... y goles. Los justos para igualar el marcador cuando nadie lo esperaba.

El grave tropiezo sufrido por el Spartak en Moscú ante el Maribor (1-1) dejó allanado el camino para que el Sevilla se cuele en los octavos de final. Buen presagio ante su cita con el Liverpool, partido en el que estaba en juego el liderato del grupo. Pero no hubo partido antes del intermedio. El equipo de Berizzo puso de manifiesto que no está preparado para grandes gestas en un torneo mayor. Lo que pasó luego no sirve para variar el diagnóstico. Por momentos fue un muñeco de trapo con que el equipo británico jugó a su antojo. Lo que llegó después maquilló por completo lo anterior, pero seguro que el técnico argentino solo quedó contento a medias. Tiene faena por delante.

El Sevilla dio pena en el primer acto. De principio a fin. Sin generar juego, con un ataque sin pólvora y una defensa más que deficiente. La escuadra de Jürgen Klopp campó a sus anchas antes del descanso ante un rival roto y sin norte. Preocupante lo que se vio en el Sánchez Pizjuán con un equipo que esta temporada estaba llamado a hacer cosas importantes. Nada de nada. Fue como una tienda de regalos abierta de par en par al equipo de Nervión.

Roberto Firmino firmó un doblete en el Sánchez Pizjuán. (EFE)
Roberto Firmino firmó un doblete en el Sánchez Pizjuán. (EFE)

Un equipo maltratado

Y el primer presente se lo entregó al Liverpool nada más empezar. Un saque de esquina mal defendido y Firmino no perdonaba. A placer remató el brasileño, sin que nadie le incomodara, sin que Sergio Rico pudiera hacer nada. Durante unos minutos pareció reaccionar el Sevilla. Escudero estrelló el balón contra un lateral de la portería, Nolito se topó con un poste tras tocar el balón el guardameta de los 'reds', Ben Yedder se encontró con un mano a mano… Puro espejismo.

El equipo local se fue diluyendo, mientras el Liverpool lo maltrataba. Otro regalo… y el segundo al marcador. Calcado al primero. Esta vez fue Firmino el que peinó el balón y Mane el que lo remató sin oposición. El golpe fue demoledor. Desaparecieron los de Berizzo, sin saber qué hacer en el centro del campo, con un ataque totalmente desconectado y con una zaga desnudada casi siempre. Así llegó el tercero. Rápida entrada por un costado, costuras que se abren y Firmino no perdona. Partido liquidado… o eso parecía. Y gracias a que Rico apareció para evitar el cuarto de Salah.

Sacó orgullo el Sevilla, zarandeado sin compasión por el Liverpool hasta entonces, reapareciendo en el campo tras el descanso con una energía que antes no mostró. Otro equipo, nada que ver con el del primer tiempo. Con N'Zonzi fuera del once y el 'Mudo' Vázquez en el verde, el panorama cambió por completo. Y el Sánchez Pizjuán volvió a creer. Y lo hizo porque los suyos recuperaron el balón y su fútbol ya dio señales de vida. Las entradas de Muriel y Correa al final dieron el último y vibrante empujón.

Ben Yedder, en el momento de lanzar el penalti que supuso el segundo gol del Sevilla. (EFE)
Ben Yedder, en el momento de lanzar el penalti que supuso el segundo gol del Sevilla. (EFE)

Doblete a la carrera

En cuestión de minutos el Sevilla se metió en el partido ante la sorpresa de un Klopp que no daba crédito. Una falta lateral fue finiquitada por Ben Yedder con un certero cabezazo. La grada comenzó a rugir y el segundo impacto en el rostro del rival llegó de inmediato gracias a una pena máxima transformada por el mismo que antes acertó. Por fin la fiel afición sevillista reconocía a los suyos, antes tristes espectros sin alma, la que ahora sí habían recuperado.

El resurgir del Sevilla había encendido las gradas, pero con mucho tiempo por delante frenaron algo los locales. El Liverpool aprovechó unos instantes para rearmarse, para volver a la senda del primer tiempo. Y de nuevo aparecieron los regalos locales, esta vez no aprovechados por los de rojo. Y lo pagaron. El acelerón final, ya con los del técnico alemán bien asentados de nuevo en el césped, parecía ser un querer y no poder. Pero nadie se movía de su asiento porque su equipo nunca se rinde. Y en el último momento, a la salida de un córner, Pizarro aparecía para sellar una gesta inolvidable.

Ficha técnica:

3 - Sevilla: Sergio Rico; Mercado, Geis, Lenglet, Escudero; Nzonzi (Franco Vázquez, m.46), Pizarro; Sarabia, Éver Banega, Nolito (Muriel, m.72); y Ben Yedder (Correa, m.80).

3 - Liverpool: Karius; Gomez, Lovren, Klavan, Alberto Moreno (Milner, m.63); Wijnaldum, Henderson, Coutinho (Emre Can, m.63); Salah (Chamberlain, m.86), Mané y Firmino.

Goles: 0-1, M.02: Firmino. 0-2, M.22: Mané. 0-3, M.30: Firmino. 1-3, M.51: Ben Yedder. 2-3, M.60: Ben Yedder, de penalti. 3-3, M.93: Pizarro.

Árbitro: Felix Brych (Alemania). Amonestó a los visitantes Alberto Moreno (m.37), Henderson (m.68) y Emre Can (m.83) y a los locales Éver Banega (m.44) y Mercado (m.53).

Incidencias: partido de la quinta jornada en el grupo E de la Liga de Campeones, disputado en el estadio Ramón Sánchez Pizjuán, que se llenó con unos 43.000 espectadores, de ellos unos 2.500 seguidores del Liverpool.

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