el atlético, cerca de ser eliminado

El mayor fracaso de Simeone

Nunca en los casi seis años del Cholo como entrenador rojiblanco se había encontrado en un momento tan malo de resultados, el cual le ha llevado a estar cerca de decir adiós a la Champions

Foto: Saúl no se lo podía creer. (Reuters)
Saúl no se lo podía creer. (Reuters)

Echando la vista atrás, lo cierto es que no es fácil encontrar un mal momento de Simeone en el Atlético de Madrid. Hagan el ejercicio y comprobarán la dificultad que conlleva. Dentro de un par de meses se cumplirán seis años de su contratación. Fue un regalo de Navidad que llenó de alegrías una casa en ruinas que, con el paso del tiempo, se convirtió en una lujosa mansión admirada por todo el mundo. Títulos, finales agónicas, una filosofía de vida adquirida y la definitiva comunión entre la grada y la plantilla como no se vivía en décadas. Por todo ello, duele más aún el mayor fracaso del Cholo como rojiblanco, que no es otro que quedarse prácticamente fuera de los octavos de final de la Champions tras empatar, otra vez, contra el Qarabag.

Azerbayán es de esos países que cuesta ubicar en Europa. El Qarabag, un club que escuchó por primera vez la afición colchonera cuando les tocó en el sorteo de la fase de grupos. No tienen una gran tradición y mucho menos algún éxito más relevante que su pase a dicha ronda de la máxima competición internacional de clubes. Se les puede aplicar, sin duda, lo que se dice siempre de estos clubes: tienen muchas ganas, pero a los pobres no les llega para luchar contra los grandes de Europa y van a quedar sin duda eliminados en la primera fase. Lo que nadie les podrá quitar jamás es no haber perdido en sus dos enfrentamientos contra un equipo finalista de la Champions en 2014 y 2016, lo que podría ser uno de los mayores esperpentos de la historia continental del Atleti.

El Cholo ni siquiera fracasó cuando era jugador del Atleti. Se fue justo a tiempo antes de la hecatombe y volvió cuando ya se había pasado el infierno. Ganó un doblete único ante la grandeza del Barça de Cruyff y la mediocridad del Madrid pos-Quinta del Buitre. La misma voluntad, la misma intensidad, coraje y orgullo de pertenencia a la institución lo ha trasladado a su faceta como entrenador, que está plagada de alegrías con unos levísimos nubarrones a los que el radiante sol de los títulos y los éxitos no hacen sombra.

Ni siquiera después de ello, de la doble vergüenza del Qarabag, es sencillo echarle algo en cara a Simeone. Es imposible para el aficionado acérrimo. No es para menos. Encontraron en el Cholo una salida a un túnel infinito de desdichas, que ni una Europa League con Quique puso fin. Como un mesías, Simeone arrastró bajo su manto a miles de aficionados deseosos de encontrar la salvación y los hizo suyos hasta el fin de los días, sin importar las condiciones y en todas las situaciones. Pero la responsabilidad de estar a un paso de jugar precisamente la Europa League es, principalmente, del que organiza a la plantilla, y no tanto de los jugadores que están sobre el campo, en los cuales, indudablemente, reside también una pizca de culpa.

El Cholo nunca se había visto en esta situación como entrenador del Atlético. (EFE)
El Cholo nunca se había visto en esta situación como entrenador del Atlético. (EFE)

Es momento, aun con todo, de analizar, de pararse a pensar en frío qué está pasando y cuáles son las soluciones a los evidentes problemas existentes. Hay una realidad y es la invariabilidad del discurso de Simeone en todo este tiempo de mando dictatorial en el Atlético. Si prestan atención a sus declaraciones, es difícil encontrar una explicación desde un punto de vista táctico a lo acontecido en el campo. Su mensaje suele estar lleno de sentimientos, emociones y desgracias espontáneas. "No quiso entrar", como razonamiento al porqué del empate contra el Qarabag. "Hay que seguir, yo creo", añadió. Unas palabras similares se pueden escuchar después de no ganar cada uno de los nueve partidos en los que no sumó victoria, de los catorce en total que ha disputado.

El vestuario está preocupado. Sus inquietudes van más allá de los resultados. Es decir, no están apesadumbrados porque no se gana, sino porque no saben qué tienen que hacer para ganar. Especialmente perturba la tranquilidad de la plantilla la falta de gol endémica del equipo. No hay una fijación especial en los delanteros, no hay ningún señalado (Griezmann tiene demasiados galones como para que alguien le diga una palabra más alta que la otra, pese a su casi nulo rendimiento), sino que se cuestionan la manera de atacar. ¿Cómo atacamos? No está claro. Lo que está claro es que la forma actual de afrontar la portería del contrario no funciona.

El Atlético de Madrid se ha presentado en noviembre con medio curso tirado a la basura. Muy lejos ya de la lucha por el título de liga y prácticamente eliminado en Champions (sin contar el mal partido en el arranque de la Copa en Elche). El Cholo tenía la mente fijada en enero, en aguantar como sea a la llegada de Diego Costa (más incluso que la de Vitolo), con el que confía dar un repunte muy significativo al rendimiento colectivo. Llegar vivos al 1 de enero con lo que le había dejado la sanción de la FIFA. Pero lo que había se le ha quedado corto o al menos no ha sabido sacarle todo el partido. Porque las cosas como son, es casi la misma plantilla que la temporada pasada, es lo que tiene no poder fichar. Y el curso pasado, el Atleti se mantenía vivo en todas las luchas. Un año después, la catástrofe se avecina y ni siquiera entrenar en el Calderón ha roto la maldición. Al final va a tocar hablar de fútbol...

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