el bombo de los reencuentros

La Champions de los viejos conocidos

La competición encuentra cada temporada reencuentros con cuentas pendientes entre los grandes de Europa. El Madrid volverá a Dortmund, el Barça a Turín y el Atlético a Stamford Bridge

Foto: El Real Madrid-Borussia Dortmund del pasado año. (Reuters)
El Real Madrid-Borussia Dortmund del pasado año. (Reuters)

La Champions no es una competición cerrada, pero por la realidad del fútbol actual, muchas veces lo parece. Hay ciertos equipos, los más grandes de las ligas más potentes, que repiten una y otra vez su presencia en la fase de grupos. Incluso los campeones de las ligas pequeñas suelen ser siempre los mismos, pues equipos como el APOEL de Nicosia acostumbran a ser campeones sin nadie que les tosa temporada tras temporadas.

Si a esto se suma que el sorteo está bastante dirigido para que no haya grandes locuras, es de esperar que, al terminar de salir las bolas, las sensaciones sean similares año tras año. Es más, también es común que muchos duelos tengan un pasado común e historias que se cruzan y van dejando cierto sedimento. Es un númerus clausus de equipos y, consecuentemente, de duelos posibles.

Se lo pueden preguntar al Real Madrid, que una temporada más se tiene que enfrentar contra el Borussia de Dortmund. Es un clásico europeo, aunque solo sea porque se conocen y casi se tienen cariño, porque están acostumbrados a enfrentarse. No es el equipo amarillo el que mejor se le ha dado al Madrid en su historia, pero también tiene en la retina su aficionado una serie de buenos recuerdos. El Dortmund estuvo en el partido de las porterías, también en unas semifinales en las que dio un gran repaso a los blancos dejándoles sin final. Más cerca aún, la pasada temporada ya se cruzaron en la fase de grupos con reparto de puntos, ambos encuentros terminaron empatados a dos.

Menos común para los blancos es haberse enfrentado al Tottenham. Los equipos ingleses pueden no competir tan bien en Champions como otros, pero son el vagón más apretado en cuanto a calidad se refiere. Y eso significa que equipos buenos como los Spurs —siempre lo son— queden con frecuencia fuera de la fase de grupos de la máxima competición europea. La última vez que se colaron en la Copa de Europa fue en la temporada 2010-2011, y no son pocos en el Real Madrid quienes lo recuerdan.

Primero, porque el club les dejó fuera en cuartos, con un 4-0 en el Bernabéu que demostraba a las clara que había un equipo mucho más potente que el otro. Los españoles, además, vieron algo en los rivales, pues en las siguientes dos temporadas se dedicaron a quedarse con las dos perlas del equipo: Luka Modric y Gareth Bale. Para ellos, que hicieron el vuelo de Londres a Madrid para entrar en una institución mucho más acostumbrada a ganar, este será un partido especial. Y el Madrid estará en Wembley, cosa extraña.

Incluso tiene cierto pasado con el APOEL, aunque los chipriotas en el concierto europeo no dejen de ser un instrumento menor. Como les pasa a los equipos pequeños, una vez hicieron historia. Para ellos, aquello sucedió en la temporada 2011-2012 y el fútbol les llevó, ni más ni menos, que hasta cuartos de final. Ahí tuvieron la opción de ir al Bernabéu en el que aún hoy es uno de los sorteos más benévolos que el Madrid ha tenido nunca. Como era de esperar, los blancos no sufrieron demasiado para desembarazarse de ellos y terminaron ganando la serie por 8-2.

El agridulce recuerdo de la Juve

Y si historia tiene el Madrid con el Borussia, algo muy similar se puede decir del Barcelona y la Juventus. Para bien y para mal, el equipo italiano aparece en las últimas fotos del álbum del pasado azulgrana. Como verdugo, el pasado año, en unos cuartos de final en que los italianos demostraron ser mucho mejor equipo que los de Luis Enrique. De nada sirvió la inercia de la histórica remontada contra el PSG, una buena defensa y mucho talento eliminaron a los azulgrana.

Claro que también aparecen en las últimas fotos felices, las de la última Champions de Messi. El equipo de Luis Enrique consiguió el triplete y lo hizo con una final contra la Juve, que ha perdido dos de las últimas tres. El equipo de Allegri tuvo opciones, pero finalmente murió ahogado en la orilla ante un Barça que estaba en horas muy altas en aquellos días. No quedan tantos recuerdos del Olimpiakos o el Sporting de Portugal, dos equipos de mucha tradición europea pero bastante acostumbrados a bajarse de la competición a las primeras de cambio. No ha sido mal sorteo para los de Valverde.

Y si de pasado se trata, el Atlético también tiene cosas que decir. No contra el Qarabag, por supuesto, porque los azerbaiyanos están por primera vez en la fase de grupos de esta Champions. La Roma apareció hace tiempo en un cruce de Champions, con buen recuerdo, pues la eliminaron en una antigua Copa de la UEFA del año 1999. Vencieron, incluso, en el Olímpico de Roma. Totti ya jugaba en aquel equipo, por más que el tiempo haya pasado.

Pero la historia de verdad es otra, la que se vio contra el Chelsea. El Atlético tiene en su historia solo tres finales de Champions y en una, la de 2014, lo hizo por la puerta de Stamford Bridge. Es, probablemente, uno de los partidos más míticos de la historia rojiblabnca. En la ida en el Calderón, el tedio había ganado la partida colocando un empate a cero en el marcador. La nada de fútbol entre dos equipos que eran rocas talladas por Mourinho y Simeone. El partido fue agónico y empezó con un gol de Torres, pero el de Fuenlabrada, bandera atlética, esa noche iba de azul y hablaba inglés. Aquello espoleó a los atléticos, que remontaron a lo grande con goles de Adrián, Arda y Diego Costa.

Antonio Conte abraza a Diego Costa tras un partido de la pasada temporada. (Reuters)
Antonio Conte abraza a Diego Costa tras un partido de la pasada temporada. (Reuters)

Diego Costa, de ida y vuelta

Diego Costa, por cierto, que ahora mismo está en rebeldía en los 'blues' porque quiere sentirse atlético otra vez. Algo similar, aunque con menos bronca, le pasó a Filipe Luis en su momento. Ambos jugadores disputaron aquella semifinal de rojiblanco. El delantero, al terminar el partido, escuchó cómo un derrotado Stamford Brdige solo encontraba consuelo en corear su nombre, como anunciando una llegada que terminaría sucediendo solo unos meses más tarde. Ahora puede estar de vuelta.

Y si se les ocurre preguntar en Sevilla por el Liverpool, accionarán de repente la magdalena de Proust. Eso son los buenos recuerdos, los que terminan en copa y felicidad. Los hispalenses echan la vista atrás y recuerdan Basilea, una noche de mayo y un rival de los grandes europeos que es incapaz de sobreponerse a un club que, en aquellos días, tenía siempre en su mano el acceso a la Europa League. Sí, primero marcó Sturridge, pero aquello no fue más que un modo de ponerle pimienta al desenlace de siempre. La segunda parte fue hispalense, con dos goles de Coke y otro de Gameiro y el final de siempre, con el Arrebato y la copa en el Pizjuán.

Los hispalenses tienen menos recorrido en Champions y, aunque es posible que odien Rusia por un enfrentamiento contra el CSKA que les eliminó en un cruce de la Copa de Europa, al Spartak no le recuerdan de nada. No pasa lo mismo con Maribor, una menudencia en el concierto europeo que se cruzó en su camino en la Liga Europa de la 2013-2014. El desenlace, el de siempre, los eslovenos eliminados y el Sevilla de esos días, campeón.

La fiesta del fútbol europeo tiene casi siempre los mismos invitados. En este sorteo de agosto se ven las caras, se saludan tras las vacaciones y miran con cierta envidia al pasado campeón. Es la banderola de salida, pero aún con balas de fogueo, la fase de grupos no debería ser un escollo tan grande para todos ellos. La leyenda, los partidos que recordarán, están más lejos en el calendario. Y llegarán, siempre llegan.

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