dzeko y salah perdonaron y lo pagaron

Keylor y Lucas no permiten que la Roma resucite el fantasma de los octavos

Era un partido a 'el que marque gana', prácticamente. La Roma tuvo la oportunidad de ponerse 0-1 y agobiar al Bernabéu, no lo hizo y entonces apareció Lucas para romper el encuentro

Foto: Cristiano mandó a la red el centro de Lucas. (Reuters)
Cristiano mandó a la red el centro de Lucas. (Reuters)

El madridismo ya no teme los octavos de final. No dista mucho de nuestros días el tiempo en que superar la primera ronda eliminatoria de la Champions League era el mayor reto de la temporada del club. No había un equipo que pudiera considerarse suficientemente pequeño para que el Madrid pudiese estar en la siguiente fase. Hubo grandes clubes como el Arsenal o la Juventus que se cargaron al Madrid, pero por Chamartín también pasaron otros como el Olympique de Lyon y la Roma que amedrentaron la débil psicología merengue y que hicieron a los blancos atascarse irremediablemente en esa ronda tan temprana. Pero de un tiempo a esta parte, ese sufrimiento que empezaba a ser endémico pasó a la historia. Desde el primer año de Mourinho, no había una eliminatoria de octavos que diera tanto respeto como esta. Y el Madrid la ha superado con suficiencia.

Cómo estaría de mal, o supuestamente mal, el Madrid para que se le diesen posibilidades reales a la Roma de pasar a cuartos de final. Es un buen equipo, con una serie de jugadores jóvenes muy interesantes, recuperados de una situación contraria a su evolución, cansados de no disfrutar del fútbol. Pero la Roma no es un conjunto que deba dar demasiados problemas a ningún grande de Europa. El Barça sufrió en el Olímpico, pero era ese Barça que aún no había olido sangre y se había convertido en el mayor devorador del mundo. Luego, en el Camp Nou, le hizo siete. Normal. Por entonces estaba Rudi Garcia, un buen entrenador al que siempre estuvieron deseosos de cargarse. Llegó Spalletti, un recuerdo de otra época brillante, fichó a Perotti y El Shaarawy y empezó a jugar mejor. Pero al final, peca en lo mismo que otros muchos italianos: en la Serie A son fuertes, lejos de allí, no imponen respeto. 

Y la Roma tuvo muchas opciones de imponer respeto en el Bernabéu. Al final del partido, el Madrid tiró 40 veces a la portería de Szczesny, y sin embargo la mayor sensación de peligro constante lo aportaba el conjunto 'giallorosso'. A Spalletti, como Tony Montana en su mansión, no le quedaba otra que salir con toda la artillería colgada de la pechera para destruir a todos los matones que le venían a resquebrajar la cabeza. Metió cuatro delanteros y se dejó la puerta entreabierta con Pjanic, que aguantó media parte, y una versión de Keita a los 36 años. Visto así, era un maldito suicidio, como le pasó al 'cara cortada'. Pero hasta que no le dieron el tiro por la espalda que lo mandó a la fuente, estuvo cerca de la victoria.

Salah falló dos mano a mano con Keylor. (Reuters)
Salah falló dos mano a mano con Keylor. (Reuters)

Navas se hizo gigante

Es extraño lo que le pasó al Madrid. Desprendió una sensación contradictoria que deja un regusto amargo de cara a futuras rondas. Es indiscutible que el Madrid dominó el partido de principio a fin, que tuvo la pelota más que su rival y que vivía constantemente merodeando la casa contraria para intentar allanarla. Y con todo y con eso, Keylor Navas fue un jugador decisivo, el que más, probablemente. Puede que ejerciera a la perfección eso que se dice a veces sin ningún sentido de "desvió el balón con la mirada". No fue del todo así, sino que la Roma, sobre todo Salah, falló porque Keylor hizo un detalle que es indispensable en los uno para uno: achicar portería. Salió raudo como un gato a cubrir lo máximo del marco que podía. En realidad, ninguna de las tres primeras ocasiones monumentales de la Roma las paró, sino que fallaron. No encontraron hueco para batirle.

En eso basó su discurso Spalletti. Era un partido a un gol. Todo lo que pasase después del primer gol del equipo que fuese cambiaría el devenir. ¿Se imaginan el ambiente que se habría formado en el Bernabéu de haber transformado Dzeko la primera que tuvo? Los pitos no se habrían centrado en un siempre desacertado James (menos cuando está en la situación de Salah, que no falla), sino que habrían ensordecido un poco más los dañados oídos del presidente. La Roma no acertó y no se recargó el ambiente. Cuando más ambiente hubo, más bien, fue cuando Totti entró al campo. ¿Qué tendrán las leyendas italianas que son profundamente admiradas en el estadio blanco? Que han sido muy buenos, mucho, de los mejores. Totti es uno de los grandes. Pero como un ganador que es, le habrá dolido muchísimo salir con el partido ya 2-0.

Zidane, a sabiendas de lo que se le venía encima con la titularidad de Dzeko, optó por reducir el número de jugadores hábiles para añadir a un jugador con oficio, Casemiro. El brasileño no es Makélélé, ni intenta serlo, pero la gente quiere que lo sea. El público madridista no es tonto y sabe que el equipo está descompensado, que no se puede coger a un equipo lleno de mediapuntas y sacarlo a jugar contra el Barça o el Atleti sin alguien que sepa ir a partir una pierna, en el sentido figurado de la expresión, claro. Y como quiere ganarse un puesto, corre más que ninguno, llega a todo, incluso a corregir sus propios fallos, por descontado también los de sus compañeros. Eso gusta porque hace falta algo así. ¿Es Casemiro el indicado? Puede que no, pero por ahora, en partidos de alta alcurnia, se antoja indispensable.

Lucas, en el momento de poner la asistencia a Cristiano. (EFE)
Lucas, en el momento de poner la asistencia a Cristiano. (EFE)

Bale en la izquierda es insuperable

Un detalle a tener en cuenta sobre Zidane es que en el primer partido que tiene a Bale como titular sin Benzema, colocó al galés en la izquierda. Vista la alineación, se presumía un claro 4-4-2 con un posible paso a un 4-3-3 ofensivo, pero trasladado a la realidad, Zidane formó al Madrid en un 4-5-1, con Bale muy pegado a la izquierda, donde es el mejor extremo izquierdo del mundo. Bale se hizo famoso por marcarle tres goles al Inter en la izquierda, y se hinchó a poner asistencias desde su costado. Ahora es más completo, tiene más funciones, pero sus orígenes le tienen preso.

A pesar de ello, el hombre que fue clave para el Madrid no fue Bale, ni Modric, ni Casemiro. Fue Lucas Vázquez. Ha adelantado por la derecha a Jesé Rodríguez en las rotaciones de los titulares, y lo cierto es que está aprovechando sus minutos (como el canario, por cierto, que cada vez que juega lo hace bien). Es tan eléctrico, tan diferente a lo que tiene el Madrid en el once, que destaca por sí solo, por sus movimientos, por su descaro. Gestionó el gol de Cristiano (que ha marcado en la ida y la vuelta de los octavos por cinco años consecutivos), ese que tenía que cambiar el partido, el que mató la emoción y sumió al Bernabéu en un océano de tranquilidad. James, al contrario que Cristiano, respondió a la grada con un gol y sin gesto.

Ficha técnica:

2 - Real Madrid: Keylor Navas; Danilo, Pepe, Sergio Ramos, Marcelo; Casemiro (Kovacic, m.84), Kroos, Modric (Jesé, m.76), James, Bale (Lucas Vázquez, m.61) y Cristiano Ronaldo.

0 - Roma: Szcsesny; Florenzi, Manolas, Zukanovic, Digne; Keita (Maicon, m.86), Pjanic (Vainqueur, m.46); Perotti, Salah, El Shaarawy (Totti, m.74); y Dzeko.

Goles: 1-0, m.64: Cristiano Ronaldo. 2-0, m.68: James.

Árbitro: Szymon Markiniak (POL). Amonestó a Danilo (37) por el Real Madrid y a Zukanovic (75), por el Roma.

Incidencias: encuentro de vuelta de los octavos de final de Liga de Campeones disputado en el estadio Santiago Bernabéu ante unos 77.000 espectadores.

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