El Atlético por fin encuentra los goles de sus delanteros y no vive sólo del balón parado
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marcaron Griezmann, Mandzukic y cerci

El Atlético por fin encuentra los goles de sus delanteros y no vive sólo del balón parado

El Malmö aguantó hasta que pudo. Luego llegó un chorreo incontenible que sirvió para inyectar la confianza en vena necesaria a Griezmann, Mandzukic y hasta Cerci

Foto: Griezmann persigue el balón dentro del área del Malmö.
Griezmann persigue el balón dentro del área del Malmö.

Ya vaticinaba el gran Pancho Varona en el descanso que antes o después llegaría el gol. Y no se equivocó. Tras la vuelta de la caseta el Atlético de Madrid deshilachó el orden y la disciplina del Malmö para acabar celebrando un exuberante festival de goles en la ribera del Manzanares (5-0). Pero llegó el gol de Koke, y con él la solución a todos los problemas que condenaban a la angustia a los rojiblancos. Simeone transformó el sufrimiento en rabia. La vida cambió de color. El Malmö daba un paso atrás y se entregaba a labores de contención. ‘Fue bonito mientras duró’, debieron pensar. En ese momento, con el rival arrinconado, empezó a emanar fútbol de las botas de Arda, Juanfran y Koke. Ellos fueron los arquitectos encargados de edificar una segunda parte para enmarcar. Cinco goles como cinco soles (Koke, Mandzukic, Griezmann, Godín y Cerci). Un surtido variado con un claro beneficiario: la cuestiona delantera atlética.

Más allá de la efectividad ofensiva (10 disparos entre los tres palos con cinco goles y dos palos) ,Simeone pudo disfrutar en un mismo encuentro de la reafirmación de tres de sus hombres de ataque fichados el pasado verano. El Atlético los necesita y, hasta el momento, no están respondiendo a las exigencias durante estos dos primeros meses de competición. Por la ansiedad que generan los 30 millones desembolsados en su fichaje y la pila de esperanzas depositadas en su rostro aniñado, el expediente más angustioso era el de Antoine Griezmann. Tras el partido ante el Espanyol del domingo, el Cholo volvió a insistir en la importancia de que el francés se zambulla de lleno en la dinámica de esfuerzo y sacrificio que define al grupo. Voluntad no le falta y el premio acabó por llegar.

Hasta el pasado miércoles sumaba un gol (el 3-2 en la derrota ante Olympiacos) en 12 partidos. "Griezmann hizo un gran partido. Además del tanto que logró, valoro mucho su trabajo, su implicación en el juego, su labor defensiva, sus giros entre líneas”, reconoció el Cholo, que no rehuyó y aguantó como un muro el efusivo abrazo de su jugador tras el aguardado tanto. “Su celebración en el gol que marcó fue espontánea porque estaba ansioso por anotar”, expresó el argentino. Ahora son dos en 13 apariciones, un botín escuálido para un hombre llamado a liderar la ofensiva colchonera junto a Mandzukic. El croata es el ‘9’ del Cholo. Tampoco tiene mucho donde elegir, con un Raúl Jiménez a quien la falta rodaje, confianza y chispa para confirmarse como una alternativa real al ex del Bayern en partidos de enjundia.

También recibió un espaldarazo Alessio Cerci, hasta el día de hoy jugador residual. Alocado y con algún kilo de más, el atacante procedente del Torino no ha podido demostrar las cualidades que llevaron al club a dar luz verde a su contratación. En Valencia salió en medio de la ventisca y fue expulsado en 20 minutos. Una muestra de su falta de concentración. El Cholo le dio una nueva oportunidad con el partido de cara. La decisión fue acertada. Con el tiempo reglamentario cumplido, Cerci enganchó un fenomenal zurdazo a la segunda (la primera toma de contacto dio en el poste) para apretar el puño y menear con rabia su alborotada melena. Está claro que hay que saber involucrar y mantener la tensión en un grupo que debe intentar pelear con Real Madrid y Barcelona por todos los títulos.

Antes llegó el gol de Mandzukic (quinto de la temporada), anticipándose en el primer palo para cazar el balón de Koke. El centrocampista fue el mejor del partido por anotar el gol que abrió la lata y por surtir a sus compañeros de tres pases de gol medidos. El último, para ser fieles a la cita con la bendita estrategia, fue un corner botado desde la derecha para que Godín conectara un testarazo inapelable. Es el undécimo gol de la temporada que el Atlético logra de cabeza (nueve en Liga y dos en Champions). Una píldora que recuerda la esencia de un equipo capacitado para hacer más cosas que ensayar jugadas en el infalible laboratorio del Cholo. Otra de las buenas noticias fue dejar la portería a cero. En las dos aproximaciones con algo de peligro, Moyá solventó sin titubeos. Así, el Atlético no recibe un gol en Champions como local desde que Kaká rejuveneciera y consiguiera el de la honra en la vuelta de los octavos de final de la pasada edición (4-1). Una victoria que, en principio, dejan el camino allanado en el Grupo A, el de los campeones sueco, griego, italiano y español. Un ‘en principio’ basado en la derrota de la Juventus ante Olympiacos en Atenas (1-0), que obliga a los turineses a ganarlo todo en la vuelta.

'Keep Calm' y balón al suelo

Viendo la lluvia de goles y la sonrisa perenne con la que abandonaban el Vicente Calderón los aficionados atléticos, nadie podría imaginar que la fiesta empezó mustia, apática. Gélido y obcecado formó un Atlético acostumbrado a morder cuando se trata de recuperar el balón. Así los suecos estaban en su salsa. No hay nada como reconocer tus limitaciones para tratar de tapar tus vergüenzas al tiempo que maximizas tus virtudes. En este sentido, la consigna estaba clara y el equipo había avisado de que sus opciones de irse con algo positivo de la capital española era agazaparse atrás (nunca un 5-3-2 estuvo tan cantado) y esperar a que alguno de sus incisivos delanteros pescara algún balón largo que pusiera en jaque a la zaga rojiblanca. Pese al lío con la policía a lo largo de una tarde bañada en alcohol por las calles del centro de Madrid, la afición escandinava respondió llenando el Fondo Norte y ocupando algunas localidades en la tribuna.

Sobre el verde, el potente y veloz saque con la mano del meta Olsen se erigió en el mejor arma para iniciar la ofensivas del equipo de la ciudad que vio nacer al gran Zlatan Ibrahimovic. Al menos durante los primeros compases de partido. Enfrente un equipo obstinado en percutir una y otra vez con centros a la olla en busca de la testa de Mario Mandzukic. Una apuesta tan legítima como previsible, más aún con tres centrales descendientes de vikingos con la yugular henchida. Acciones llenas de impotencia que derivaban en desesperación colectiva. Había que echar el balón al suelo y combinar, asociarse en corto minimizando los efectos del libre albedrío que estaban siendo los balones combados.

La segunda vez que decidieron modificar la estrategia llegó la opción más clara. Y ahí cambió Arda dijo que mejor el balón sobre el pasto y Griezmann se encontró con un pase de delineante para reivindicarse y ganar en confianza. El árbitro no vio el fuera de juego y el francés ya tenía en mente la celebración cuando su disparo dio en el travesaño y salió despedido hacia la misma boca de gol. Una acción que resumía la impotencia y la imprecisión rojiblanca. Luego vendría una ristra de dignos intentos que acabaron por convertir el choque en un soliloquio local. Hasta empezaron a crear algo de peligro en los numerosos saques de esquina de los que dispusieron (8 en la primera parte, 6 de ellos en los primeros 16 minutos). Era un señal de que lo mejor estaba por llegar.

Diego Simeone
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