empate en san paolo ante el nápoles (1-1)

Muniain acerca la Champions a Bilbao

Buen resultado del Athletic en Nápoles, que acerca la Champions a Bilbao. Muniain abrió el marcador y el Pipa Higuaín firmó la igualada en el segundo tiempo

Foto: Muniain acerca la Champions a Bilbao

Iker Muniain quería irse pero renovó a principios de julio renovó hasta 2017 y, tras ver desfilar a Javi Martínez, Llorente y Ander Herrera en los dos últimos años, se convirtió en el mejor fichaje del verano para el Athletic. Su gol en la ida de la previa de Champions ante el Nápoles acerca al Athletic a su sueño: jugar en la máxima competición continental 16 años después de su discreto estreno. Ni el tanto de la igualada de Higuaín, el noveno en 11 enfrentamientos ante los ‘leones’, ni el hostigamiento a la meta de Iraizoz que siguió al olfato del punta argentino, lograron neutralizar los efectos de un tanto que puede condicionar de forma positiva un curso en lo deportivo y lo económico para los vascos (1-1).

El arranque supuso un reparto equitativo de la renta y la riqueza. El paradigma para cualquier profesor de economía usaría para tratar de dar verosimilitud al utópico supuesto de la perfecta equidistribución de la renta. Los disparos lejanos eran el único recurso de los del ‘Txingurri’ Valverde. El Nápoles, haciendo valer su condición de local, llegaba con más ahínco pero con el punto de mira desviado. Iraizoz gritaba a sus compañeros para evitar un susto tempranero. Instantes antes, Balenziaga había recibido con el más profuso de los abrazos un centro de Callejón desde la izquierda. Por suerte, el envío del jugador se fue lejos de la zona de peligro. Pese a los intentos de subir líneas en la presión, los bilbaínos se conformaban con el desatino del contrario. El equipo no carburaba. Y eso que salió con todo. Tras la marcha de Ander Herrera, Valverde parece dispuesto a conceder a Beñat la continuidad que siempre soñó cuando dejó los sofocos de un Betis que hoy busca su refundación en Segunda.

Al filo de la media hora el rugir de los ‘leones’ despertó de una apatía que empezaba tomar tintes angustiosos. Aduriz abrió la veda y dotó de sentido al anquilosado ataque bilbaíno dejando clavado a Koulibaly y centrando atrás. Lástima que aquella zona del verde estuviera infectado de camisolas azulitas. Daba igual, el gobierno vasco había conquistado el coso napolitano. En la siguiente acción, Balenziaga, otro carrilero sin complejos y que mira al futuro con optimismo, progreso por su zona de influencia para poner un centro que daría origen una gran oportunidad para los suyos. Desde el corner, el balón propuesto por Beñat desde la diestra a punto estuvo de inaugurar el marcador. Aymeric Laporte, convocado con la sub-21 de Francia, giró la testa con jerarquía para imprimirle velocidad y dirección a un cabezazo que se marchó acariciando el palo zurdo de la meta de Cabral, convocado porla 'nueva' Dunga de Brasil.

El Athletic ganaba metros y asumía con descaro el control del choque. Beñat, sonriente con el cuero pegado a sus pies, cayó a banda para poner un preciso centro al corazón del área. Allí, emergió la figura de un Aduriz de sangre obrera y con olfato goleador sobre sus venas. Con un sublime ‘timing’, el delantero del Athletic se elevó por encima de la defensa pero le faltó mala leche para atacar el balón. Con una imponente toalla azul, Rafa Benítez secaba el sudor que emanaba de su frente tratando de rebajar el sofoco. Además del disgusto ante las dramáticas escenas que estaba presenciando sobre el verde, traje y su corbata acrecentaban su sensación de ahogo. Era el precio que el técnico napolitano tuvo que pagar por darse a los supuestos encantos del glamour de la moda iltaliana. Nada que ver con la llanura de Valverde, camisa blanca abierta para favorecer la transpiración.

Soplaban vientos de cambio en San Paolo y los meteorólogos no se equivocaron. Los de rojo y blanco gobernaban el juego, adelantaron líneas y ganaron metros para conquistar una portería sobre la que habían estado merodeando con intenciones de hacerla trizas. Y así fue. En una  frenética embestida de Óscar de Marcos, dueño del lateral derecho en detrimento de Iraola, marca de la casa llegó un gol que puede valer millones, aprovechó la fijación de la zaga rival con Aduriz para poner un balón en la boca de la cueva. Y allí, con el rifle preparado estaba un Muniain que remató con la sangre fría del chico que, pese a sus 21 años, lleva seis codeándose con los grandes. Con el índice extendido, el extremo se salió del rectángulo para celebrar con el solitario fondo donde estaban los valientes aficionados bilbaínos. Una mueca en la que al canterano se le fueron todas las dudas que le atormentaron a principios de verano antes de cerrar una renovación vital para el porvenir de la familia de Lezama. Ni Callejón, Ni Higuaín, ni Insignie, ni Hamsik, la artillería pesada del cuadro italiano se fue difuminando en un lienzo con predominio total de los colores rojo y blanco.

A la vuelta de la caseta, la vida siguió igual. Muniain y su fútbol pícaro camuflaban la fatiga y mantenía en la pomada a un equipo que deja muy cerca su opción de volver a jugar con los mejores equipos del continente. Benítez agitó el cesto. Optó por Mertens en lugar de Insignie. Y entonces  llegó Gonzalo Higuaín. El argentino pinchó el balón en el balcón del área, progresó con la derecha al tiempo que engañaba a dos defensas. Con parsimonia esperó el momento para levantar la mirada centrada en el balón y sacarse un sensacional disparo cruzado que dejó en ridículo la estirada de Iraizoz. Con los nervios a flor de piel, Iraizoz y Mertens estuvieron cerca de enfrascarse en una batalla sin sentido. De repente, San Paolo tornó en una olla a presión insoportable. Los ‘leones’ perdieron su vigor y se transformaron en inocentes cachorros incapaces de valerse sin el calor de su mamá. La grada no concedía un suspiro y arengaba a los suyos. Callejón, como hiciera con anterioridad, se aproximó por la derecha pero otra vez el ímpetu fue su peor enemigo para atinar ante la meta contraria.

Y pudo ser peor. Con San José en el campo en lugar de Beñat se confirmó la apuesta conservadora de Valverde. El empate con goles fuera de casa era un magnífico resultado que había que defender con uñas y dientes. Pero el Nápoles tenía que a por más. La entrada de Michu, cedido por el Swansea , dotó de ese puntito de ambición que la pesadez de piernas negaba con rotundidad. En el todo o nada, el Nápoles se quedó a las puertas de voltear el resultado. Pero una pócima envenenada, mezcla del infortunio, las buenas dotes defensivas del adversario y la falta de riego en el cerebro, lo impidió. Primero Michu sacó a pasear su condición de segunda punta para combinar con Callejón cuando estaba sólo en el punto de penalti. Luego llegó Mertens con un disparon desde la frontal que hizo volar a Iraizoz. Más tarde, el meta vasco sacó una mano, dura y arriba, providencial para evitar el fusilamiento al alba del Athletic. Ya en la última, Higuaín no tuvo fe en el fallo de la zaga rival y disparó dentro del área chica sin saber dónde estaba la portería. Pidiendo la hora y sudando la gota gorda acabó un Athletic que tiene lo que quería: regresar a San Mamés con las opciones intactas. 

Ficha técnica:

1 - SSC Nápoles: Rafael; Maggio, Albiol, Koulibaly, Britos; Jorginho, Gargano; Insigne (Mertens, min.60), Hamsik (Michu, min.78), Callejon; e Higuain.

1 - Athletic Club de Bilbao: Iraizoz; De Marcos, Gurpegui, Laporte, Balenziaga; Iturraspe (Morán, min.89), Rico, Beñat (San José, min.74); Susaeta (Ibai Gómez, min.79), Aduriz y Muniain.

Goles: 0-1, min.41: Muniain. 1-1, min.68: Higuain.

Árbitro: Jonas Eriksson (Suecia). Mostró tarjeta amarilla a los locales Jorginho, y a los visitantes Gurpegui, Balenziaga.

Incidencias: Partido de vuelta de la ronda de play off de la Liga de Campeones, disputado en el estadio de San Paolo ante unos 53.000 espectadores.

Champions
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios