La Décima ya está aquí
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RAMOS LE QUITÓ LA CHAMPIONS AL ATLÉTICO

La Décima ya está aquí

Ramos condenó al Atlético a no vivir un éxito que durante muchos minutos merecieron, pero del que no pueden disfrutar por el coraje y la fe del Madrid (4-1)

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Lisboa lo ha vuelto a hacer. Cuarenta años después y ante el Real Madrid, el peor enemigo posible, el Atlético ve cómo vuelve a perder una nueva Copa de Europa en el último minuto. En esta ocasión fue Sergio Ramos el que apareció para condenar a los rojiblancos a no vivir un éxito que durante muchos minutos merecieron, pero del que no pueden disfrutar por el coraje y la fe de un Real Madrid que no bajó los brazos en ningún momento y terminó goleando en la prórroga (4-1).

Ancelotti quería la Décima. Soñaba con ella. Ya la tiene. Florentino Pérez se jugaba mucho, su prestigio y un proyecto que se hubiera tambaleado ante esa derrota que sobrevoló Lisboa durante muchos minutos, pero ahí estaba un jugador que se sale de la norma, que cree en sus posibilidades y es capaz de hacer lo imposible. Hablamos de Sergio Ramos. Un jugador diferente, que es capaz de tirar a lo Panenka un penalti en unas semifinales de una Eurocopa o de pelear y buscar el gol que dio vida al Real Madrid. Será, sin duda, el gol de la Décima. Bale, Marcelo y Cristiano tendrán lo suyo, pero esta Copa de Europa será la de Ramos, un jugador descomunal.

El Atlético se puede marchar con la cabeza bien alta. No hace un fútbol que enamore y, probablemente, no será recordado por el nombre sus jugadores y sí por el del técnico. Será el Atlético de Simeone, el entrenador que fabricó a un equipo para sacarlo de la lucha por evitar el descenso y llevarlo hasta tocar la cima aunque no han podido subirse a ella.

El Real Madrid, salvo el apretón final, no mostró capacidad futbolística para dar la vuelta a un partido que se le complicó con el gol de Godín. Con jugadores tocados como Benzema o Cristiano Ronaldo, lejos de su mejor momento de forma por culpa de las lesiones, las dudas se apoderaron de los madridistas durante muchos minutos. El empeño de Sergio Ramos, las carreras de Di María o el orden y sacrificio de Modric obraron el milagro de empatar un partido que parecía perdido ante el único tiro del Atlético entre los tres palos.

Con jugadores a medio camino entre la enfermería y el verde, con mucho miedo y no pocos nervios, el fútbol tuvo que esperar más de media hora para aparecer por Lisboa. Esos primeros treinta minutos sirvieron para aburrir al personal y ver cómo los jugadores gastaban fuerzas de manera inútil, corriendo sin profundidad alguna. Se limitaba a moverse en horizontal y el balón vagaba de un lado a otro como si nada.

El único acontecimiento que hizo variar el pulso de los aficionados sucedió en el minuto nueve, justo el tiempo que Simeone tardó en cansarse del trote cochinero de Diego Costa. El hispano-brasileño no podía jugar. Las recetas mágicas mejor dejarlas para la cocina y no para el deporte, donde el esfuerzo físico está por encima de la placenta de una yegua. Lo cierto es que al técnico le duró poco la paciencia porque hasta el propio Diego Costa se sorprendió ver el número 19 en el cartel del cuarto árbitro. Se marchó a la carrera. Total, para lo que estaba viendo y haciendo…

El Real Madrid pareció dar un estirón al poco de la media hora. Di María arrancó en la banda derecha, dejando atrás a los rojiblancos a su manera, pareciendo romperse en cada quiebro y así hasta que Raúl García le cazó por detrás, en una entrada digna de la tarjeta naranja (si existiera) más que de la amarilla. Era el minuto 27 y Cristiano Ronaldo se dejó ver por primera vez. Su lanzamiento, flojo para lo que tiene acostumbrado al personal, no aprovechó que la barrera atlética decidiera irse de excursión para poner en apuros a Courtois.

Los de Ancelotti decidieron que era el momento de hacer algo más que esperar, escenario en el que los del Cholo son felices. Así en el minuto 34, Tiago creyó que era el momento oportuno para que Bale entrara en juego. Se la regaló a quince metros del área de Courtois, pero el galés hizo lo complicado y falló lo fácil lanzando fuera casi sin oposición alguna.

El color empezaba a ser blanco. El Atlético ni se acercaba, tampoco le hace mucha falta para marcar un gol y administrarlo de la mejor manera posible. En esas, los rojiblancos decidieron acercarse al área blanca. La jugada acabó en córner, algo ampliamente celebrado en el otro fondo del campo. Era el segundo de la noche.

Gabi la puso en largo desde la esquina para que la defensa blanca despejase, pero tras un toque de Juanfran la pelota volvió al área con Casillas a medio salir. Godín saltó más que Khedira, lo justo para que el balón se elevase lejos de los brazos de un dubitativo Iker y entrase llorando en la portería blanca. Primer disparo, gol. Ciento por ciento de efectividad. Así es este Atlético, un equipo con todas las letras y al que no le importa esperar 37 minutos para lanzar entre los tres palos.

El golpe llevó al Real Madrid a doblar la rodilla. Aturdido por el impacto la jugada se repitió cuatro minutos después. Nuevo saque de esquina y otro remate, en este caso de Adrián. La verbena blanca en el juego aéreo seguía buscando el balón. Y así hasta el final de la primera mitad que terminó con dominio rojiblanco. A su manera, eso sí.

Ya con el marcador abierto, el partido cambió. Sin un fútbol de alta escuela, al menos el Real Madrid salió más decidido, pero sin tener las cosas muy claras. Su centro del campo andaba escaso de claridad con Khedira de referencia y Modric no daba para destruir y crear. Di María, con esa velocidad de más que pone, era el único que lograba desbordar. Los tres de arriba, seguían desaparecidos.

Ancelotti veía que se le escapaba la final. Tenía que mover algo, meter energía a un equipo plano desde el día que firmó la machada de Múnich. Dio entrada a Marcelo e Isco. Alocado el primero y fuera de sitio el segundo. Mientras, el Atlético intentó salir a morder, pero el paso de los minutos le llevó a guardar la ropa manteniendo el orden defensivo y buscando a Adrián en cuanto pasaban del centro del campo. Con ese argumento hasta provocó tres corners seguidos para alegría de sus aficionados que lo celebraban al más puro estilo inglés.

Los últimos minutos sirvieron para que el Real Madrid, con Morata en el verde, se volcara en busca de un rebote, de un balón colgado que terminara en la red rojiblanca, pero el equipo de Ancelotti no estaba. Tampoco lo estaba un Cristiano Ronaldo que lanzó uno de esas carreras de cincuenta metros que deja atrás a todos sus rivales o uno de esos potentes tiros que asusta a todos, Courtois incluido. Sólo Bale la tuvo de manera clara, pero el galés se equivocó en la elección para desesperación de Di María y el luso.

La suerte parecía echada aunque el Real Madrid está acostumbrado a escribir páginas de su historia tirando de épica y ante el Atlético lo volvió a hacer. Con el reloj apuntando al último minuto y apurando con saques de esquina sus opciones. Modric la puso al centro del área y allí Sergio Ramos apareciendo de la nada y dando esquinazo a Godín, remató desde el punto de penalti hasta el fondo de la red. Milagro o no, el Real Madrid lo buscó y lo terminó encontrando. Sin fútbol pero sí con ganas.

Ni los cinco de descanso sirvieron para que unos y otros recuperaran fuerzas. Las energías se habían quedado en el camino. Tanto Atlético como Real Madrid buscaban más no recibir que intentar la aventura de un gol que si llegaba tenía pinta de ser a balón parado.

Cristiano volvió a tener otra falta de esas que le gustan. Sin la fuerza de las anteriores, en esta ocasión sí que buscó portería aunque se encontró el codo de Godín para su desesperación. El portugués reclamó penalti como también lo hizo con un despeje de Miranda con el hombro en la segunda parte de la prórroga. Además, el portugués fue víctima de una nueva pena máxima que transformó en los últimos compases de la final.

En la media hora extra, entre estiramientos de unos y otros, el Real Madrid puso más insistencia, pero volvió a ser Godín, a balón parado, el que metió el miedo en el cuerpo a los madridistas. Las fuerzas era un bien escaso aunque Di María las sacó, no se sabe muy bien de dónde, para volver a sorprender con una carrera de las suyas. Morata se la dio y el argentino hizo el resto. Se puso a correr, a regatear y cuando se plantó ante Courtois decidió tirar con el exterior del pie izquierdo. El belga la salvó, pero ya nada pudo hacer ante la aparición de Bale que, sin apenas oposición, logró el segundo gol, el gol de la Décima. Un título que remató Marcelo minutos después con un disparo desde la frontal del área que tocó Courtois, pero que no pudo despejar. Cristiano, como hemos dicho, puso la guinda desde los once metros.

El fútbol no entiende de lírica y ha vuelto a castigar a un Atlético que vio cómo la Copa de Europa se le escurría entre los dedos y lo hacía gracias a la fe y la pelea de un equipo que, sin el fútbol de otras veces, tuvo suficiente intensidad para pelear por la Champions hasta el último segundo y acabar goleando a un Atlético roto.

Ficha técnica

Real Madrid: Casillas; Carvajal, Ramos, Varane, Fabio Coentrao (Marcelo, m. 59); Modric, Khedira (Isco, m. 59), Di María; Bale, Benzema (Morata, m. 79) y Cristiano.

Atlético de Madrid: Courtois; Juanfran, Miranda, Godín, Filipe Luis (Alderweireld, m. 82); Raúl García (Sosa, m. 66), Tiago, Gabi, Koke; Villa y Diego Costa (Adrián, m. 9).

Goles: 0-1, m. 36: Godín aprovecha con la cabeza un fallo en la salida de Iker Casillas. 1-1, m. 93: Sergio Ramos remata de cabeza un saque de esquina. 2-1, m. 110: Bale cabecea un rechace de Courtois tras una jugada de Di María. 3-1, m. 118: Marcelo, con un tiro cruzado. 4-1, m. 120: Cristiano, de penalti.

Árbitro: Bjorn Kuipers (Holanda). Amonestó a Raúl García (m. 27), Miranda (m. 52), Villa (m. 72), Juanfran (m. 74), Koke (m. 86) y Gabi (m. 99), por el Atlético de Madrid, y a Sergio Ramos (m. 27) y Khedira (m. 45), por el Real Madrid.

Incidencias: final de la Liga de Campeones disputada en el Estadio de La Luz de Lisboa ante 60.976 espectadores.

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