De la sonrisa a la mueca de decepción: Pep vivió un circo de los horrores en el Bernabéu
Fue la novena derrota de Guardiola como entrenador frente a los blancos, que tiraron de orgullo a pesar de las bajas. La risa previa al encuentro tornó en una cara de pocos amigos
l técnico del Manchester City, Pep Guardiola, pensativo en la banda del Bernabéu. (EFE/Juanjo Martín)
Sonrió en la previa como si, por un momento, Madrid se hubiera transformado en Barcelona. Pero las risas, en ocasiones, son más efímeras incluso que un partido de fútbol. No hicieron falta 90 minutos, bastaron 45, para que Pep Guardiola se percatara de que del Santiago Bernabéu, su circo de los horrores, iba a salir con otra decepción, con la derrota del Manchester City (3-0). La remontada, por ahora, se antoja una utopía, aunque los futbolistas madridistas estén convencidos de que el City se lo pondrá difícil en Inglaterra.
Guardiola vivió su novena derrota como técnico frente al Madrid. Puede que las hubiera más dolorosas, nada como perder con su Barça, pero esta tal vez fue la más inesperada. Había tantas bajas en los blancos que cualquier comentario alejado del optimismo hubiera sonado catastrofista. Los hechos, no obstante, han vuelto a demostrar que conviene mantener la desconfianza cuando uno irrumpe en el Bernabéu, sin importar los precedentes.
La derrota supone una decepción evidente para Guardiola por las dinámicas opuestas. Si el City se ha reencontrado este año tras la paupérrima temporada pasada, el Madrid aún tenía pendiente un ejercicio de introspección que le permitiera definirse sin ambages. Esta victoria, sin embargo, se ha convertido en la casilla de salida para completar la tarea y, de paso, ganar argumentos que justifiquen el cambio en el banquillo.
Álvaro Arbeloa ganó a Guardiola en una noche que iba mucho más allá en términos de relato y que puede acercarlo a la catarsis a pesar de las debacles de las últimas semanas. Es tan cierto que la historia (y los títulos) son la narración por antonomasia del Madrid como que el choque era una reedición del guardiolismo frente al mourinhismo, que una vez más ejerció de dique de contención frente al fútbol de Pep. Aunque poco quede del 'antiguo' Pep en el actual City.
Valverde completó un gran partido. (Europa Press)
Valverde golea, Haaland desaparece
El inicio (y la alineación) alimentaron poco incluso a los más entusiastas. Guardiola había urdido un plan que tenía cierto aroma a trampantojo: entregar el balón al Madrid. Lejos de ser un equipo vulgar sin la pelota, el City transformó el contraataque y la velocidad en sus axiomas en el prólogo de la noche. Las carreras de Doku eran lo más próximo a Belcebú en el Bernabéu.
Lo que Pep no esperaba es que Fede Valverdese reencarnara en Maradona la misma noche que el Madrid estaba más cerca de la orfandad de héroes. Los tres goles del uruguayo, el último con cierto plagio de Óliver y Benji, dejaron a todos anonadados. Si para ser capitán hay que aparecer en la incertidumbre, entonces el brazalete está ubicado en el lugar idóneo.
Valverde protagonizó su epopeya particular mientras que Erling Haaland se convirtió en el ángel caído de la noche. Solo tocó diez balones en todo el encuentro, lejos de la pelota, de las cámaras y del asiduo protagonismo, como si se encontrara en busca y captura. Enfrente estuvo Antonio Rüdiger, cuyos duelos con el noruego, y bailes de salón, se han convertido en un clásico de las eliminatorias contemporáneas.
Haaland estuvo desaparecido. (Europa Press)
La acción de Courtois
Si el marcador no se movió, y Guardiola no tuvo margen alguno para sonreír, fue por Vinícius Júnior y Thibaut Courtois. El brasileño falló un penalti tras una paradinha que, de haber marcado, hubiera supuesto virtualmente el billete para los cuartos de final. Pidió perdón al público, confiado en no tener que hacerlo de nuevo, en caso de que la acción sea recordada dentro de una semana.
Courtois, ajeno al ruido y leal como acostumbra, salvó el gol del City después del fallo de Thiago Pitarch, que superó el debut con nota a pesar de cometer el error del principiante. Afortunadamente para él, estaba el superhéroe belga para evitar que lo condenaran a las galeras. De hecho, pudo salir ovacionado del estadio.
La Champions ha sido testigo de vuelcos más extremos, pero el Madrid es favorito en Mánchester para estar en cuartos. Y lo es porque se encontró en una noche que apuntaba a drama y que terminó en euforia. Porque el fútbol es así, alberga una distancia mínima entre el reproche y el elogio, entre la alegría y la decepción. El Bernabéu y Guardiola, mejores que nadie, lo saben.
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Sonrió en la previa como si, por un momento, Madrid se hubiera transformado en Barcelona. Pero las risas, en ocasiones, son más efímeras incluso que un partido de fútbol. No hicieron falta 90 minutos, bastaron 45, para que Pep Guardiola se percatara de que del Santiago Bernabéu, su circo de los horrores, iba a salir con otra decepción, con la derrota del Manchester City (3-0). La remontada, por ahora, se antoja una utopía, aunque los futbolistas madridistas estén convencidos de que el City se lo pondrá difícil en Inglaterra.