Oyarzabal lanza a la Real hacia otra final de Copa en La Cartuja un lustro después (1-0)
La victoria en Anoeta, unida a la lograda en San Mamés, ha servido a los donostiarras para cruzarse con el Atlético de Madrid en la final. Sueñan con repetir el título de 2021
Oyarzabal marcó el penalti. (Reuters/Vincent West)
Pocas veces se celebró con tanta vehemencia un triunfo. En San Sebastián, digo, porque en Bilbao la noche se ha quedado con aroma a tanatorio. Se puede perder una semifinal de Copa del Rey, por más que la gloria esté a escasos centímetros. Pero hacerlo frente a tu eterno rival es una herida que tarda meses (o años) en cicatrizar.
La Real Sociedad se medirá al Atlético de Madrid en la final de la Copa del Rey. Los donostiarras ganaron en la vuelta en Anoeta frente al Athletic de Bilbao (1-0), un triunfo que se unió al que lograron en San Mamés. Los leones, a los que ya le arrebataron el título en 2021, en una final sin público, suman un nuevo disgusto tras la eliminación en la Champions. Ya hay difunto y, por tanto, margen para el llanto.
El duelo estuvo cargado de táctica y lejos de la espontaneidad. La segunda parte les sobró a los más madrugadores, para los que la cama se transformó en un complemento más idóneo que el partido. El precedente, el Barça-Atleti, había puesto el listón demasiado alto. Ya saben, donde hay capitán no manda soldado.
El Athletic buscó la sorpresa con la ausencia de Nico Williams, aún renqueante de la pubalgia. El objetivo era una utopía, además de un oxímoron en sí mismo. No se puede sorprender sin el fútbol de barrio en el césped, por más que se abogue por la estrategia y la importancia del equipo. Hay individualidades que pesan sobre el conjunto y esta es una de ellas. Lo echaron (y mucho) de menos.
Guedes fue un incordio para la defensa del Athletic. (Reuters/Vincent West)
Escasos acercamientos
El mérito de la Real fue aguantar los tramos más intensos del Athletic, cuando vieron a la gloria (y a la prórroga) como potenciales aliados. Iñaki Williams, capitán y hombre orquesta en esta noche, era la manifestación más tangible del peligro. Pero apareció Sergio Gómez, jugador ya emergido y para nada emergente, para salir triunfador de los duelos. Y aportar la tranquilidad necesaria.
Pocos acercamientos, escasas noticias. Padilla aprovechó la oportunidad para efectuar una parada de mérito al lanzamiento de falta de Carlos Soler, que flotó por el campo como si se hubiese convertido en el director de la sinfónica. En la Real, a pesar de la escasa lucidez, sonaban con finura todos los instrumentos.
Matarazzo ha devuelto la alegría a San Sebastián. (Reuters/Vincent West)
El mérito de Matarazzo
Ernesto Valverde buscó el empate con varios cambios cuya aportación estuvo lejos de ser calificada con un sobresaliente. El Athletic no notó las novedades porque Pellegrino Matarazzo había urdido un plan sin fisuras, sin resquicio alguno para el drama. En ningún momento hubo sufrimiento, más bien saltos y risas en la grada como hacía tiempo que no se veían.
Mención aparte merece Matarazzo, capitán que ha enderezado una nave cuyo final estaba más próximo al del Titanic que al de cualquier otro crucero ajeno a los accidentes. Un estadounidense con apellido de Nápoles, Roma o La Toscana se propuso convertir a un moribundo en un boxeador capaz de sortear cualquier disyuntiva.
La jornada se redondeó con un penalti que apareció de la nada, como Matarazzo irrumpió en San Sebastián. Tal vez esa fuera la metáfora de una noche para el recuerdo, a la que solo le faltaron los fuegos artificiales. Mikel Oyarzabal, la piedra filosofal de esta Real, anotó y desató la euforia, si es que aún no había aparecido, en Anoeta. La Cartuja trae muy buenos recuerdos. Y tal vez es momento de reeditar la historia.
Pocas veces se celebró con tanta vehemencia un triunfo. En San Sebastián, digo, porque en Bilbao la noche se ha quedado con aroma a tanatorio. Se puede perder una semifinal de Copa del Rey, por más que la gloria esté a escasos centímetros. Pero hacerlo frente a tu eterno rival es una herida que tarda meses (o años) en cicatrizar.