El Atleti se estrella en Brujas: desperdicia la ventaja y deja la eliminatoria abierta (3-3)
Los goles de Julián Álvarez, Ademola Lookman y el autogol de Ordóñez no bastaron para que los rojiblancos se marchen de Bélgica ventajosos. El vencedor se decidirá en el Metropolitano
15 minutos es un tiempo efímero en la vida, pero en el fútbol puede transformarse en una eternidad. Lo comprobó el Atlético de Madrid, que vio cómo el Brujas le arrebató la ventaja en apenas un cuarto de hora: el 0-2 se transformó en tablas. Ese mazazo, igual que el tanto de Tzolis en el tramo final, deja la eliminatoria abierta para el partido de vuelta (3-3).
El duelo empezó de manera inmejorable, lejos de convertirse en una noche de brujas inicialmente. Un error en defensa del Brujas, una mano infantil, le dio un penalti al Atleti que Julián Álvarez marcó. El argentino, al que Enrique Cerezo trató con cariño en la previa, cogió tan rápido el balón como subió el tanto al marcador. El remate fue inapelable.
La noche había empezado con buen pie, pero no iba a camino de ser un paseo. El Brujas adelantó sus líneas y atrincheró al Atleti, incapaz de encontrar la fórmula para salir al contragolpe. Aquello era una ofensiva sin precedentes y el pesimismo invadió el banquillo de Simeone. Resistir a semejante avance sonaba a rotunda utopía.
El Cholo seguía nervioso en la banda, con ganas de equiparse y salir a escena para enseñar cómo tenían que mantener la ventaja. Jan Oblak se erigió como héroe en la adversidad, igual que en veces pasadas. Pero el marcador ya casi señalaba el descanso y el respiro estaba próximo cuando apareció una alegría inesperada.
Julián marcó de penalti. (EFE/Yoan Valat)
La tranquilidad esfumada
Un córner de Julián, sin margen para otra jugada más, acabó en las botas de Ademola Lookman, que empujó el balón a la red. El nigeriano es la radiografía perfecta de qué significa caer de pie en un sitio. Madrid no es Abuya, pero es posible que haya encontrado paralelismos entre ambas ciudades con un inicio tan esplendoroso.
El regreso de los vestuarios invitaba poco al pesimismo. Pero la lluvia que caía sobre Brujas mojó también al Atleti en sentido metafórico. Los belgas recortaron distancias por medio de Onyedika, que sorprendió a Oblak al aparecer al primer palo y dejarlo sin margen para reaccionar. El inicio de los locales había dejado titubeantes a los colchoneros.
El Brujas empató por partida doble. (EFE/Yoan Valat)
La resistencia de los belgas
El infortunio continuó apenas siete minutos después, cuando el Brujas empató el duelo, casi sin tiempo para pestañear. Tresoldi, incordio durante toda la noche para la defensa rojiblanca, deshizo las tablas en otra jugada que evidenció los problemas del Atleti a la hora de defender el balón parado. Todo se había complicado.
El destino es tan caprichoso que el Atleti se sobrepuso de la situación a través de los cambios. Cuando peor estaban, fueron capaces de estirarse en busca del tercer tanto, el que les daría la tranquilidad para afrontar de otra manera el duelo de vuelta. Y lo consiguieron gracias a un centro de Marcos Llorente, empujado por Ordóñez a su propia portería.
El Brujas, sin embargo, fue capaz de sortear de nuevo los problemas para conseguir el definitivo 3-3 por medio de Tzolis. Su derechazo, revisado por el VAR, subió al marcador por la retrasada posición de Nahuel Molina. El balón quedó tan lejos de Oblak como la tranquilidad del inicio. El Metropolitano dictará sentencia.
15 minutos es un tiempo efímero en la vida, pero en el fútbol puede transformarse en una eternidad. Lo comprobó el Atlético de Madrid, que vio cómo el Brujas le arrebató la ventaja en apenas un cuarto de hora: el 0-2 se transformó en tablas. Ese mazazo, igual que el tanto de Tzolis en el tramo final, deja la eliminatoria abierta para el partido de vuelta (3-3).