El enésimo horror de Martín Presa: la vergüenza del césped y boicot a Butarque
El duelo frente al Atlético de Madrid, tras la suspensión del partido con el Oviedo, se jugará en Leganés, alejados del barrio. El terreno de juego aún no está apto después del cambio
El duelo entre Rayo y Oviedo se suspendió. (EFE/Kiko Huesca)
Vallecas es mucho más que un estadio, es un lugar que refleja una idiosincrasia particular y auténtica. Un barrio que se organiza en torno al Rayo Vallecano, su equipo, que sobrevive a pesar de las negligencias de su presidente. El aplazamiento del duelo frente al Oviedo —con la afición ya en los aledaños y el club visitante estupefacto— fue el enésimo horror de Raúl Martín Presa. Ahora a los vallecanos les tocará desplazarse a Butarque para disputar el duelo ante el Atlético de Madrid.
El presidente se mantiene firme en el funambulismo institucional tras colocar al Rayo una vez más en el epicentro del ridículo. LaLiga se ha cansado de las promesas de Martín Presa y ha dicho basta. El cambio de césped no se ha culminado y las infraestructuras, por tanto, parecen más propia de una situación bélica. Ha tocado una mudanza forzosa a Leganés.
La lluvia impidió que los nuevos tepes enraizaran y el drenaje colapsó. Mientras el club busca ubicaciones para un estadio lejos del barrio y habla de un proyecto faraónico, es incapaz de mantener el césped en las condiciones mínimas para el fútbol de élite.
La afición se ha manifestado al respecto de lo ocurrido y se prevé un boicot al club en el duelo en Leganés. "Entendemos que es el momento de decir basta a la larga lista de atropellos perpetrados por Martín Presa y consentidos por LaLiga. Por ello, ninguna de las peñas federadas acudirá a Butarque. Estudiaremos las medidas legales oportunas para defender los intereses de los aficionados. No retires tu entrada. Dejemos vacío de Butarque", ha señalado la Federación de Peñas del Rayo Vallecano en un comunicado.
La disconformidad del club
El Rayo, a pesar de todo lo ocurrido, ha elegido postura y ha adoptado la de víctima en un comunicado. "El club desea manifestar su absoluta disconformidad con la decisión de trasladar el encuentro al estadio de Butarque al considerar que se trata de una medida que genera grandísimos perjuicios sociales, deportivos y económicos al Rayo Vallecano".
La decisión mantuvo en vilo a los aficionados, pendientes del resultado de la revisión que han hecho del césped desde LaLiga. Así lo explicó la patronal: "Pese a los intensivos trabajos realizados por el Rayo desde la semana pasada, bajo la monitorización y coordinación constante de LaLiga, dichos informes acreditan que el terreno de juego no reúne todavía las garantías necesarias para la celebración del encuentro en condiciones de seguridad para la integridad de todos los futbolistas y el equipo arbitral, con el consiguiente riesgo de lesiones".
Los aficionados, tras la suspensión del partido ante el Oviedo. (EFE/Chema Moya)
Un trabajo a contrarreloj
De nada le ha servido al Rayo la inversión efectuada (300.000 euros) en la instalación del nuevo terreno de juego. Y el esfuerzo realizado en los últimos cinco días, cuando han trabajado a contrarreloj para dejar el césped listo y conseguir la aprobación de LaLiga. Una aprobación que desafortunadamente no les ha llegado.
Butarque presentará un aspecto desolador. Será un partido descafeinado mientras la avenida de la Albufera se mantiene en silencio; el barrio, castigado por la desidia de un presidente empeñado en demostrar que no entiende la idiosincrasia de Vallecas. Y que el club le sobra.
Vallecas es mucho más que un estadio, es un lugar que refleja una idiosincrasia particular y auténtica. Un barrio que se organiza en torno al Rayo Vallecano, su equipo, que sobrevive a pesar de las negligencias de su presidente. El aplazamiento del duelo frente al Oviedo —con la afición ya en los aledaños y el club visitante estupefacto— fue el enésimo horror de Raúl Martín Presa. Ahora a los vallecanos les tocará desplazarse a Butarque para disputar el duelo ante el Atlético de Madrid.