Lavapiés tembló de júbilo: así se vivió el histórico triunfo de Senegal en la Copa África
La victoria de Senegal ante Marruecos en la Copa de África estuvo marcada por la diáspora, la identidad y un hito celebrado a miles de kilómetros. Así lo vivió el barrio madrileño
Los aficionados senegaleses celebran el gol de Gueye. (Ngone Ndiaye)
Dentro de Thiossane —tradición y herencia, en wolof— ya no cabía nadie cuando faltaban 40 minutos para que empezase la final. Al fondo de este pequeño restaurante senegalés ubicado en Lavapiés, varias filas de personas permanecían de pie, otros, directamente, se sentaban en el suelo. Nadie quería quedarse fuera. Todos miraban en una sola dirección: hacia la televisión, con un comentarista que hablaba un dialecto tunecino que ninguno conocía, pero donde todos seguían con atención cada pase y cada disputa del balón.
En la pared colgaba una gran bandera de Senegal, y en las mesas ocupadas por hombres y algunas mujeres, se bebía bissap o bouye, dos zumos típicos de Senegal, mientras compartían fatayas (empanadillas senegalesas) o platos de thiebou djeun (arroz con pescado) o thiebou yapp (arroz con carne). Modou Diaw atiende desde hace cinco años este local, que para muchos se ha convertido en una casa, "la gente nos quiere y nosotros les queremos mucho. Me siento muy satisfecho por esto", afirmó Diaw en una conversación con El Confidencial.
Mientras el barrio de Lavapiés descansaba tranquilo, en Thiossane; senegaleses, nigerianos, congoleños y marroquíes llenaban el lugar porque, en el estadio Prince Moulay Abdellah de Rabat, Senegal y Marruecos jugaban una final histórica de la Copa de África. Senegal se independizó de Francia en 1960. Ese mismo año creó su federación de fútbol. Desde entonces, el balón ha sido una de las formas de contarse a sí mismo. Y también de proyectarse hacia fuera. Senegal buscó y logró revalidar el título que ya conquistó en 2022; Marruecos continúa sin hacerlo desde 1976, el último año en que levantó el trofeo continental.
Los senegaleses protestan la decisión del árbitro. (Ngone Ndiaye)
Una identidad gracias al fútbol
Además, el equipo marroquí jugaba este año como país anfitrión y con la presión añadida de hacerlo frente a su público, con grandes expectativas depositadas en la diáspora: jugadores como Bono, Hakimi o Brahim Díaz. Senegal, por su parte, llegaba con un equipo joven en el que solo Mané, Gueye y Mendy habían vivido noches así, Koulibaly, el defensa más experimentado, estaba lesionado. Y aun así, Senegal cargaba con algo más grande: la sensación de estar representando a algo más que a un país.
Souleyman, un joven senegalés de 22 años, consideraba que "Senegal tenía el peso de representar a África y el apoyo de toda África. El resto de países africanos tiene su identidad en su país, pero por encima de todo está África", explicó. Para él, la identificación de muchos africanos que viven fuera de sus países pasa por algo que supera las fronteras nacionales: una sensación de comunidad y orgullo compartido, especialmente en un torneo que reúne a tanta diáspora en un mismo lugar. Bright Martins, de origen nigeriano, pero nacido en Fuerteventura, lo siente parte de una comunidad más amplia: "Siempre va a ser un orgullo. Para los africanos que estamos en España nos acerca y nos conecta con nuestras raíces, aunque no estemos allí".
La grandeza de Mané
Su testimonio sintetiza una de las sensaciones más compartidas entre los presentes: más allá del país concreto que uno apoye, esta final sirve de punto de encuentro para experiencias migratorias, identidades múltiples y deseos compartidos de éxito. Este partido representa un fenómeno bastante amplio; según datos de la AFCON (African Cup of Nations), el 43% de ambas plantillas ha nacido en la diáspora y muchos de ellos han desarrollado su carrera en academias europeas. Para muchos, en Thiossane y en la diáspora, esto tiene un doble significado: por un lado, refleja la realidad de la migración y la movilidad global. Por otro, simboliza que salir afuera puede ser, para muchos, un camino hacia el éxito y la representación internacional.
A diferencia de generaciones anteriores, hoy muchos jóvenes africanos identifican en figuras como Mané y Mendy ejemplos de que irse fuera puede abrir puertas enormes. Mané es más que un futbolista. En Senegal es un referente moral. Muchos niños sueñan con ser como él. Se ha declarado abiertamente panafricanista y ha invertido parte de su fortuna en construir escuelas, campos de fútbol y mezquitas. Esta era su última Copa de África antes de retirarse. Representa la idea de que se puede triunfar fuera sin romper con el lugar del que uno viene.
Por otro lado, Edouard Mendy, el portero, es otro símbolo de esa historia. Su carrera no fue sencilla. Vivió momentos de precariedad en Francia antes de que su talento fuese reconocido. Hoy es uno de los mejores guardametas del mundo. Para muchos jóvenes que han crecido fuera de África, su trayectoria es un ejemplo posible. Entre quienes han venido a ver el partido está Oussama, nacido en Oujda (Marruecos). Sus motivos para verlo en Thiossane son sencillos: sus amigos también vienen aquí a verlo. Para él, el partido tenía un significado especial. "La Copa para Marruecos es muy importante porque llevamos sin ganarla desde 1976. Además, Marruecos organizó el torneo, así que es todavía más importante", declaró.
Un final de infarto
Desde los primeros minutos, Marruecos presionó y Senegal dominó con su físico. En el restaurante se palpaba la tensión de un partido donde el marcador se mantuvo 0-0 hasta el minuto 90. Consideraban que el árbitro Jean-Jacques Ngambo no estaba siendo nada justo y estaba yendo a favor del equipo marroquí, y cada decisión del árbitro se vivía como una injusticia. En el minuto 92 un gol del senegalés Seck fue anulado por una falta previa de Diouf a Hakimi, había tocado a este último antes de tocar la pelota. Minutos después, en el 98, los jugadores y el seleccionador, Pape Thiaw, abandonarían el campo en señal de protesta por un penalti a favor del equipo anfitrión. Dentro del bar, la reacción fue inmediata: gritos, protestas e indignación. Insultos al árbitro, gritos a la televisión. Algunos se levantaron de golpe. Otros directamente se fueron dando un portazo del lugar.
Pero la figura de Sadio Mané, capitán y referente, hizo que sus compañeros y el seleccionador entrasen de nuevo al campo para continuar con el partido y evitar una posible sanción, aparte de dar la victoria administrativa a Marruecos: "¡Vamos, vuelvan!, ¡vamos a jugar como hombres!", gritó, permitiendo que se celebrase el penalti por parte de Brahim Díaz. El madridista lanzó al estilo Panenka el balón que detuvo el portero senegalés Édouard Mendy. En la prórroga, Pape Gueye —mediocampista del Villarreal— logró colarse en la portería marroquí, acercando a Senegal a ganar su segunda Copa de África
El restaurante literalmente tembló y sintieron que se hacía justicia: "Dios todo lo hace", afirmaban algunos aficionados creyentes. Se grita, se salta, se golpean mesas. Pero los más precavidos piden calma: todavía no ha terminado. Los minutos que faltan se sentían eternos. Antes incluso de que el árbitro pite el final, Modou abre de par en par el restaurante. Sabe lo que va a pasar. Sabe que la gente va a salir en masa. Y cuando el partido termina, Thiossane corre hacia la calle. Lavapiés, que había estado tranquilo toda la tarde, se llenó de cánticos. "¡Senegal está aquí!", gritan. No están en Dakar. No están en Rabat. Están en Madrid. Pero durante un rato, eso da igual. "Queremos ganarlo todo", cuenta Modou, todavía con la emoción en la cara. "Y también ganaremos el Mundial de 2026", sentencia con la alegría conjunta de fondo.
Dentro de Thiossane —tradición y herencia, en wolof— ya no cabía nadie cuando faltaban 40 minutos para que empezase la final. Al fondo de este pequeño restaurante senegalés ubicado en Lavapiés, varias filas de personas permanecían de pie, otros, directamente, se sentaban en el suelo. Nadie quería quedarse fuera. Todos miraban en una sola dirección: hacia la televisión, con un comentarista que hablaba un dialecto tunecino que ninguno conocía, pero donde todos seguían con atención cada pase y cada disputa del balón.