Xabi Alonso da con la tecla de este Madrid, pero las carencias (y la fortuna) le hacen la zancadilla
El conjunto blanco logró igualar la calidad azulgrana a base de pelea y garra, volviendo a encontrar esa versión de fe ciega hasta el último minuto, pero el agujero del medio del campo y la falta de puntería condenaron al equipo a la derrota final
El Real Madrid compitió en la final, pero le faltó el plus de calidad para cambiar el resultado. (EFE/Kai Försterling)
El Real Madrid se quedó con la miel en los labios en la Supercopa de España. Perder una final siempre es doloroso y hacerlo ante el eterno rival, aún más (2-3), pero a pesar del tropiezo, la buena noticia para el equipo de Xabi Alonso es que ha dado con un plan de juego con el que poder ser competitivo. Evidentemente, no es el fútbol más brillante que un equipo puede desarrollar, pero sí el más efectivo e inteligente para poder aprovechar las virtudes de esta plantilla.
El tolosarra sabía que llegaba a la Supercopa con una soga en el cuello, que se ha conseguido quitar a pesar de no ganar. El técnico vasco llegaba con una plantilla muy limitada, pues las carencias del equipo provocan sobreesfuerzos que se convierten en lesiones. La lista de damnificados es importante, la de jugadores que se jugaron el físico para sumar un título a las vitrinas blancas, aún más, pero el problema viene heredado de una serie de decisiones que vienen de arriba.
Alonso era consciente de que su equipo no tiene fútbol como para competir de tú a tú a este Barcelona, por lo que el plan no podía ser otro más que regresar a las raíces más profundas. Hace ya más de una década, cuando el propio Xabi era futbolista, un talJosé Mourinho lo entendió a la perfección, fiándolo todo a dos conceptos: defender todos juntos y aprovechar las oportunidades de hacer daño de cara a portería. Montar un muro y correr era la manera de desmontar la posesión.
Y, en esta final, el vasco decidió aplicar el plan. Tocaba ser solidarios, hacer muchos esfuerzos, ayudarse y, tras recuperar, ser verticales en busca de la portería de Joan García. La idea de juego no tardó en confirmarse como la mejor posible, dadas las opciones que había disponibles. De hecho, estuvo muy cerca de ser exitosa, de no ser porque la diosa fortuna decidió dar la espalda al Madrid, con un tercer gol que se coló en la meta de Courtois con resbalón y rebote incluidos.
Con Rüdiger, Carvajal, Trent, Mendy y Militao fuera de juego, a los que tocaba sumar Mbappé, Valverde, Huijsen, Asencio y Rodrygo entre algodones, al equipo blanco le tocaba el plan menos atractivo: sumar jugadores para hacer un once competitivo, estar unidos, trabajar juntos y no desaprovechar las que tuvieran en ataque. Y así ocurrió en la primera parte, donde dos goles de Vinícius —en gran jugada individual a la contra— y de Gonzalo —tras un embarullado córner— empataban el choque.
Llegaba otra lesión, en forma de recaída de Valverde, y al Madrid le tocaba seguir con el mismo plan. Pero funcionaba. El Barça empezaba a dudar, a no encontrar vías de superioridad y a empezar a pensar que el paseo militar que preveía antes de jugar se podía transformar en pesadilla. Entonces, cuando mejor estaban los blancos y más problemas tenían los culés, la fortuna empujó un disparo de Raphinha a las mallas, tras un resbalón y un rebote en Asencio que se colaba manso.
Dos ocasiones que lo pudieron cambiar todo
Y, ahí sí, llegó el golpe de realidad de este Madrid. Aunque forzó Mbappé para jugar 20 minutos, las carencias eran demasiado limitantes: más y más bajas —Huijsen volvió a caer— y, sobre todo, el escaso fútbol del medio del campo. La directiva apostó por un perfil físico, trotón y poderoso, pero carente de la calidad que hace que un equipo pueda marcar una época. Y, por tercer mercado consecutivo, se niega a reforzarlo, creyendo que con lo que tiene le da para tocar metal. Craso error.
El equipo se rompe en la construcción, no tiene un director de orquesta y cada músico toca lo mejor que sabe, pero sin un orden que dé sentido a la sinfonía. Lo que sí supo opacar Xabi Alonso fue esa falta de metrónomo en la medular con garra, fe y pelea hasta el final, donde el marcador pudo ser muy distinto si las dos claras ocasiones de Carreras y Asencio le hubieran caído a otro jugador como Mbappé o Bellingham. Pero la fortuna tampoco quiso estar de su lado en el momento final.
"Podríamos haber ganado el partido perfectamente".
▪️ "Hemos tenido ocasiones y no ha querido entrar. En la segunda parte, sobre todo, hemos demostrado que somos un equipo vivo".
El poder goleador del Real Madrid, centrado en Kylian Mbappé, es tan devastador que le sirve para derrotar al 90% de los rivales a los que se vaya a medir en la temporada, pero la cuestión es si es suficiente en los partidos grandes. Sin un jugador que organice al resto con el balón y que disponga al resto a la hora de defender sin él, la fragilidad es cada vez más clara. Tener mucho gol puede salvarte, aunque la lógica dice que, la mayoría de las veces, la moneda saldrá cruz.
Lo que es evidente es que Xabi Alonso ha dado con la tecla de este Madrid en los partidos grandes. Nada de ir a tumba abierta, sino juntar líneas y correr. Puede que no sea el estilo que debería tener un equipo grande y tampoco es el más bonito para el aficionado, pero es a lo mejor que se puede aspirar con la plaga de lesiones y la falta de creatividad en la medular. Si el club cree que no hace falta fichar, a lo máximo que se puede aspirar es a ganar a base de garra. Con esos bueyes hay que arar.
El Real Madrid se quedó con la miel en los labios en la Supercopa de España. Perder una final siempre es doloroso y hacerlo ante el eterno rival, aún más (2-3), pero a pesar del tropiezo, la buena noticia para el equipo de Xabi Alonso es que ha dado con un plan de juego con el que poder ser competitivo. Evidentemente, no es el fútbol más brillante que un equipo puede desarrollar, pero sí el más efectivo e inteligente para poder aprovechar las virtudes de esta plantilla.