Vinícius y Rodrygo, dos caras de una moneda que explican por qué este Real Madrid es bipolar
Los dos brasileños del conjunto blanco tienen una influencia muy diferente en el equipo, donde uno ha asumido mucha responsabilidad y otro, cada día, se apaga cada vez más
Vinícius y Rodrygo se abrazan ante el Atlético. (Reuters/Stringer)
El Real Madrid cogió un balón de oxígeno en Riad. El conjunto blanco salvó un match ball en las semifinales ante el Atlético de Madrid, si bien tiene otra difícil misión este domingo ante el Barcelona. Los de Xabi Alonso se llevaron una importante victoria ante los colchoneros, en un partido donde el buen fútbol brilló por su ausencia, pero en el que los madridistas hicieron gala de su mayor pegada, que les permitirá luchar por un nuevo título este fin de semana. Aunque nadie dijo que fuera fácil.
A pesar de contar con un equipo plagado de bajas, lesionados y jugadores tocados que acabaron pidiendo nueva cita médica al término del partido, el Madrid fue capaz de sacarlo adelante, donde dos nombres propios volvieron a destacar por diferentes méritos (o deméritos): Vinícius y Rodrygo. Los dos brasileños son motivo de discusión continua cada vez que acaba un partido, dos lados de una misma moneda que explican qué cara ofrece el equipo en cada momento sobre el césped.
Hubo un tiempo no muy lejano donde Vini y Rodrygo eran futbolistas diferenciales. Cada vez que el balón pasaba por sus pies, se sabía que algo pasaba. Incluso no necesitaban demasiado contacto con el esférico para ser decisivos. Pero, entonces, algo sucedió y la magia desapareció. Los dos futbolistas han pasado muchos meses ofreciendo su peor versión, pero con direcciones de forma muy diferentes: la flecha de Vini va hacia abajo, mientras que la de Rodrygo va hacia arriba.
Rodrygo estuvo 32 partidos sin ver portería, en un apagón sin igual en la historia del equipo blanco. Las críticas fueron muy duras, especialmente porque Xabi Alonso seguía confiando ciegamente en el jugador. Se especuló con que no quería jugar en la derecha o que no veía con malos ojos salir en dirección al Manchester City, pero nunca levantó la voz. Nunca se quejó, solo trabajó en silencio a pesar de tenerlo todo en contra. Lo mismo que hizo Aurélien Tchouaméni unos meses atrás.
Aquel gol contra el City acabó con el maleficio, rompió el hechizo y respiró. Ese futbolista que parecía apocado, con miedo a encarar y habituado al pase de seguridad para evitar críticas que le hicieran daño, dio un paso adelante y se liberó del castigo divino que había sobre él. Desde ese tanto, Rodrygo ha jugado seis partidos, en los que ha marcado 3 goles y ha dado 4 asistencias. Pero, aún más importante, ha empezado a asumir responsabilidades incluso cuando no le salen las cosas.
El caso diametralmente opuesto es el de Vinícius. Ese jugador que lo intentaba hasta la extenuación una vez tras otra, que era un dolor de cabeza para las defensas y que, además, había encontrado el camino del gol, empezó a apagarse de manera inexplicable. O, mejor dicho, con una explicación extraña de digerir. Su bajada de rendimiento significó dejar de ser indiscutible los 90 minutos, algo que confirmó aquel día en el Clásico que le puso en el foco mundial por su comportamiento.
El brasileño suma 16 partidos consecutivos sin marcar un solo gol, en los que solo ha dado 4 asistencias, las mismas que Rodrygo en el último mes. Pero su problema no es solo de números, sino de actitud: ya no es ese encarador endiablado, no quiere trabajar en defensa, se despreocupa de la jugada si el balón no le llega y tiene gestos continuos de queja con todo el mundo. Su último enganchón con Simeone le retrata: todo el mundo sabe ya cómo sacarle del partido.
— Fútbol en Movistar Plus+ (@MovistarFutbol) January 8, 2026
Un Madrid bipolar
Este equipo tiene varios problemas, que pasan desde la confección de la plantilla, al continuo registro de lesiones del equipo, pasando por el pésimo estado de forma de muchos futbolistas. Pero una vez se ha asumido que con esos bueyes hay que arar, el problema es que el Madrid es Jekyll y Míster Hyde... en el mismo partido. Y, en buena parte de las ocasiones, tiene que ver con quién asume la responsabilidad de construir más acciones de ataque: Vinícius o Rodrygo.
Cuando es Rodrygo el que toma el mando de las operaciones, la cara del Madrid es muy diferente. Supera líneas, combina, encuentra espacios y es generoso cuando toca serlo; en el caso de Vinícius, la situación es muy diferente, pues siempre busca la jugada más efectista, pero no la más efectiva, y se terminan diluyendo situaciones claras por decidir mal. Y, dependiendo de quién tenga más peso en un determinado tramo del partido, la situación cambia para el Madrid.
Del orden al caos, de la imaginación a la duda, a lo que se le debe sumar el orden defensivo y el trabajo que aportan cada uno. Y si en esa ecuación metemos a Kylian Mbappé, la diferencia de ambos brasileños es aún mayor, pues la manera en la que combinan y se entienden con el francés es diametralmente opuesta. Cuán acertado esté el Madrid en ataque depende de por cuál de los dos extremos pase el balón. Y Xabi Alonso lo sabe. Solo hay que ver cómo y cuándo los cambia...
El Real Madrid cogió un balón de oxígeno en Riad. El conjunto blanco salvó un match ball en las semifinales ante el Atlético de Madrid, si bien tiene otra difícil misión este domingo ante el Barcelona. Los de Xabi Alonso se llevaron una importante victoria ante los colchoneros, en un partido donde el buen fútbol brilló por su ausencia, pero en el que los madridistas hicieron gala de su mayor pegada, que les permitirá luchar por un nuevo título este fin de semana. Aunque nadie dijo que fuera fácil.