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El Atlético se quedó el balón y el Real Madrid el resultado. Simeone tenía razón y un título menos (una vez más)
Los colchoneros no hicieron buen partido, pero es que el de su rival no fue tampoco mucho mejor. Eso sí, suficiente para meterse en una final que dejó escapar el cuadro rojiblanco
El Atlético de Madrid cosechó una derrota en la segunda semifinal de esa pantomima a la que siguen llamando Supercopa de España y tiene que regresar a España, que es exactamente lo que deseaba el público, los que retransmiten la competición y los organizadores. Hasta ahí, todo bien. Es todo tan repugnante alrededor de esta supuesta competición, que la derrota no debería suponer un contratiempo en la moral o en la hoja de ruta del cuadro colchonero.
El problema es que la forma en la que se produjo reabre viejas heridas y deja una mezcla de sensaciones bastante extraña, que seguramente ahonda un poco más en esa crisis de identidad con la que el conjunto madrileño lleva un tiempo conviviendo. Por un lado, nadie puede decir que el equipo no compitiera la semifinal de tú a tú o que no hiciese méritos deportivos suficientes para haber tenido mejor resultado. Por otro, será muy difícil olvidar que este Atleti no fue capaz de ganar al Real Madrid más terrenal, vulnerable y, por momentos, mediocre con el que se ha enfrentado en la última década.
El equipo de Simone no hizo un buen partido, no me entiendan mal, pero es que el de su rival no fue tampoco mucho mejor. Si miran las estadísticas, verán que el once rojiblanco se pasó el partido en campo contrario, ganó el porcentaje de posesión, realizó 22 disparos, 6 de los cuales fueron a puerta, y que solamente le tiraron 4 veces entre los tres palos. Paparruchas. A estas alturas deberíamos saber ya que las estadísticas, en esto del fútbol, valen normalmente para muy poco. Lo que valen son los goles y en eso el Real Madrid nunca bromea. Ni siquiera en su versión más descafeinada.
Si uno tiene la buena costumbre de escuchar a Simeone tras los partidos de su equipo, sabrá que lleva muchos meses, puede que años, repitiendo recurrentemente una misma palabra: contundencia. La falta de ella, en realidad, como explicación de todos los males. Algunos creen que es un chiste. Otros lo toman como un desprecio al aficionado. Los más reflexivos creen que es simplemente una suerte de excusa para tapar los verdaderos problemas del equipo. A mí me parece que tiene razón.
Independientemente de que juegue bien o mal, independientemente de que merezca ganar o no, independientemente de las muchas cosas que no funcionan en este equipo, el gran problema del Atleti contemporáneo, así lo creo, es esa lacerante falta de contundencia que muestra partido tras partido. Y es un problema difícil de resolver, porque no es algo que se pueda entrenar. Se tiene o se compra. No hay más.
Y hablando de contundencia, no podemos olvidar la figura de Julián Álvarez, que volvió a pasar desapercibido, también en tierras árabes. Un jugador al que poco se puede reprochar en lo que respecta a entrega o compromiso, pero que lleva demasiadas semanas siendo irrelevante. El Atleti anda demasiado escaso de talento como para poder permitirse prescindir de su gran estrella. Si es que lo es, porque esa es la gran duda que comienza a surgir entre los más pesimistas. Hemos visto chispazos de lo que puede ser el futbolista argentino, no hay duda; y quiero creer que estamos hablando simplemente de una mala racha, pero el tema preocupa y mucho, porque Julián no puede ser simplemente un buen jugador. No en este equipo. Julián tiene que ser un jugador diferencial, porque eso es lo que hará que el Atleti pueda abandonar el pelotón de los perseguidores y acercarse a la cabeza. OIque no pueda hacerlo.
Para ser justos, hay que decir que el partido quedó condicionado desde el primer minuto, cuando Oblak no fue capaz de colocar de forma correcta una barrera que hubiese sabido poner cualquier equipo de la liga del ayuntamiento. Ese error permitió que Valverde disparara a puerta prácticamente sin oposición y que su equipo se adelantara en el marcador cuando nadie había empezado todavía a sudar. Más que cargar las tintas contra el portero, me parece absurdo cuestionar las aptitudes técnicas de un tipo que ha ganado seis trofeos Zamora, interpreto la anécdota como una metáfora de lo que es este Atleti hoy por hoy: un equipo que parece permanentemente aturdido, que comete muchos más errores de los que se corresponden con clubes que pretenden competir por algo y que parece no tener carácter.
A partir del gol, minuto dos, recuerden, el Atleti se quedó con el balón y el Madrid con el resultado. Y así estuvieron hasta que el árbitro pitó el final del partido. En esa frase puede resumirse toda la crónica del partido. Los rojiblancos estuvieron mucho tiempo merodeando el área rival, sí, pero con tan poca capacidad de hacer daño, mostrando tan poco talento y siendo tan previsibles, que rara vez las jugadas acababan bien. De hecho, la mejor arma de los blancos fue seguramente la propia delantera colchonera que, incapaz de terminar una sola jugada, solía provocar los escasos contraataques del equipo blanco.
Mi sensación es que esa evolución futbolística que está sufriendo el cuadro colchonero se ha quedado a mitad de camino, que es lo que nunca hay que hacer. En su ruta hacia ser un equipo protagonista con el balón, no termina de serlo realmente, no sujeta los partidos y su sistema defensivo se ha vuelto tan malo como el peor. No sé si es falta de valentía o que falta talento; lo que sé es que no está funcionando y que eso es exclusivamente responsabilidad del entrenador.
Pero sería injusto excusar a unos jugadores que viven demasiado cómodos a la sombra de la gigantesca figura de Simeone. Y también, muy relacionado, a una dirección deportiva errática, demasiado ligada a la prestidigitación contable y cuyas dos últimas campañas son indignas, no ya de un equipo de Champions League, sino de un equipo profesional. El club se ha gastado una fortuna en jugadores que, lejos de ser diferenciales, ni siquiera mejoran en muchos casos la versión decadente de lo que se supone que venían a sustituir. Me ahorro los nombres, pero desgraciadamente hay donde elegir.
No sé lo que estará pensando Simeone en el viaje de vuelta, pero con estos bueyes hay que arar. Y se acercan las semanas claves de la temporada. Preparen las palomitas.
El Atlético de Madrid cosechó una derrota en la segunda semifinal de esa pantomima a la que siguen llamando Supercopa de España y tiene que regresar a España, que es exactamente lo que deseaba el público, los que retransmiten la competición y los organizadores. Hasta ahí, todo bien. Es todo tan repugnante alrededor de esta supuesta competición, que la derrota no debería suponer un contratiempo en la moral o en la hoja de ruta del cuadro colchonero.