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¿Gentrificar la pelota hasta morir de éxito? Bienvenidos al fútbol XXL (con extra de todo)
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¿Gentrificar la pelota hasta morir de éxito? Bienvenidos al fútbol XXL (con extra de todo)

El 'soccer' volverá a ser fútbol este verano. Gianni Infantino cumple su gran obra con el Mundial más grande de todos los tiempos. La saturación del calendario roza lo absurdo y el aficionado ve cómo el negocio se impone al producto

Foto: (EC Diseño)
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El FIFA Gate decapitó al mundo del fútbol con la caída de Joseph Blatter, su presidente desde 1998, y Michel Platini, histórico futbolista que ejercía de vicepresidente, además de liderar la UEFA. Era el año 2015 y la entidad europea vio la oportunidad de ganar terreno. El candidato de consenso era un suizo de 45 años, con experiencia sobrada en gestión deportiva, y perfil mediático gracias a haber sido el rostro de los sorteos. El hombre de la alargada sonrisa se llamaba Gianni Infantino. Pero el "abogado que habla cinco idiomas" tenía su propia agenda. Lo que empezó como un caballo de Troya acabaría en archienemigo de la UEFA.

Su campaña se basó en garantizar rentabilidad económica a la institución, promesas de reparto de millones y el aumento de plazas del Mundial hasta que fueran 40 selecciones las que disputasen el torneo más grande del fútbol (spoiler: fueron aún más equipos). Ese año, la FIFA registró pérdidas de 103 millones de euros. A inicios de 2016, y tras recorrerse el mundo en busca de apoyos, fue elegido presidente en segunda votación, imponiéndose al jeque Salman Bin Ebrahim al Jalifa. Meses más tarde, Aleksander Ceferin se imponía en las elecciones de la UEFA. Dos antiguos compañeros al frente de los organismos más importantes del fútbol mundial. El idilio duró muy poco.

Infantino supeditó el rumbo de su mandato al dinero. Se arrimó a una lumbre para pasar el frío y las llamas de los inversores árabes no tardaron en templarlo. La designación de Qatar como sede de la Copa del Mundo tuvo lugar bajo el mandato de Blatter, pero el presidente suizo hizo suyo el proyecto y defendió con vehemencia la celebración de 2022. Sorteó el difícil trago entre festividad deportiva y derechos humanos. Dejó frases como aquel "Hoy me siento catarí, árabe, africano, gay, discapacitado, trabajador inmigrante..." con la que pretendió denunciar la hipocresía de las quejas. En el 2034, rumbo a Arabia Saudí. Que el ritmo no pare.

Ahora, tras once años de mandato, el sueño de Infantino se cumple, y con creces: el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá será "el más grande de todos los tiempos". 3.200 millones de euros de presupuesto, con una proyección de ingresos de 11.000 millones. Como en las secuelas de Hollywood, más explosiones, más acción, más grande. Si todo es más, todo es mejor. Por el camino, Infantino demostró, de nuevo, su don de gentes. Lo último, inventarse un premio Nobel de la Paz en formato FIFA con el que agasajar a Donald Trump: "Este es su premio, este es su premio de la paz". Un título, por cierto, que le ha valido una queja formal por parte de FairSquare al, supuestamente, romper el código ético de la organización por imparcialidad política.

Estados Unidos repite como anfitrión tras su experiencia en 1994. Será el eje del fútbol en este 2026, acompañado, en muy menor medida, de México y Canadá. El número de participantes pasa de los 32 a los 48, ¿para qué conformarse con 40? La fase de grupos pasa de ocho a doce, provocando, a su vez, una ronda extra de dieciseisavos —los mejores terceros de cada grupo podrán clasificarse—. ¿Usted se pedía un mes de vacaciones para disfrutar del Mundial? Ahora durará cinco semanas y se disputarán un total de 104 partidos, es decir, 40 más de los que se celebraron en Qatar.

Los problemas de logística, a los que la organización se refiere como retos, marcarán el transcurso del torneo. Las sedes más alejadas superan los 4.000 kilómetros de distancia —Los Ángeles y Boston—. El Mundial será, por supuesto, el máximo exponente de que el fútbol ha abandonado el concepto de deporte popular. Sam Wallace, una de las selectas firmas del balompié en Reino Unido, recordó en The Telegraph que, alguna vez, el Mundial tuvo un propósito más grande; ahora solo es la FIFA intentando ganar más dinero. La Federación Inglesa anunció el precio de las entradas para ver a los Three Lions. Yendo a lo barato, 7.000 euros en boletos. Sin incluir alojamiento, transporte, comida…

¿Significaron un fracaso estos desorbitados precios? La FIFA anunció que solo en las primeras 24 horas recibió cinco millones de solicitudes, la mayoría de ellas desde los países anfitriones. En imagen sí se notó el golpe. Las críticas en redes sociales, medios de comunicación y asociaciones de aficionados no han cesado desde entonces. Uno de los motivos fue la implementación de un sistema de reventa dentro de la propia entidad, cuyo objetivo era evitar la especulación con las entradas, pero que, en la práctica, se está convirtiendo en una especulación consentida de la cual la FIFA se lleva un porcentaje.

En la acera de enfrente, en la UEFA, no se puede decir que apueste por un modelo contrario. Ceferin tuvo que hacer frente a la Superliga e impulsó una nueva Champions League con cambios en el formato. La novedad, claro, fue tener más partidos en el calendario. Infantino trabajó entonces en lo que, a la postre, significó el primer Mundial de Clubes de la historia, que serviría de antesala para el Mundial de Selecciones, y que llevaría más pasteles a la boca de un aficionado empachado. Hubo un tiempo en que una semana sin fútbol era suficiente para añorarlo.

"No se trata solo de la salud de los futbolistas, están matando el producto", se aventuró a decir, hace ya dos años, Maheta Molango, presidente del sindicato de jugadores de Inglaterra. Es cierto que la controversia de las lesiones no afecta por igual a todos los equipos. El incremento de calendario no afecta por igual al Real Madrid, FC Barcelona o Atlético de Madrid como al Real Oviedo o al Celta de Vigo. Los clubes punteros, especialmente de la Premier League con su potencial económico, buscan plantillas largas a sabiendas de que las lesiones llegarán. Pero Molango, ex CEO del Mallorca, señaló al "producto" y no es casualidad.

A más partidos, más derechos audiovisuales, más ingresos. Esa estrategia la comparten todos los entes que conforman el fútbol. Desde el Mundial de Clubes, a la Superliga, al partido de Miami de LaLiga a la nueva Champions. Hay que estrujar a la gallina de los huevos de oro hasta su último aliento. La acción más agresiva por parte de Infantino consistía en realizar el Mundial de selecciones cada dos años. Solo la férrea oposición de UEFA y CONMEBOL frenó al suizo, que se vio obligado a poner en pausa su anhelo.

Todas las acciones fueron defendidas por UEFA o FIFA como enormes éxitos (Mundial de Qatar, Mundial de Clubes, nueva Champions League...). Lo innegable es que el aficionado está más descontento o, como mínimo, preocupado. Y como suele pasar, los dirigentes infravaloran a la afición. El ejemplo evidente fue el fallido proyecto inicial de la Superliga, impulsado por Florentino Pérez, que salió a escena con el apoyo del big six —Arsenal, Chelsea, Tottenham Hotspur, Liverpool, Manchester City y Manchester United— y que cayó en saco roto por la oposición de los hinchas, y la intervención directa de Ceferin. El esloveno, por cierto, se tomó mal cómo Infantino se puso de perfil cuando todo estalló.

placeholder Infantino y Ceferin, enemigos íntimos. (Reuters/Zorana Jevtic)
Infantino y Ceferin, enemigos íntimos. (Reuters/Zorana Jevtic)

La reformada competición cambió de nombre al chocar con la liga turca (derivó en la Liga Unify) y se verá las caras con la UEFA en los juzgados. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea falló a su favor al entender que UEFA no tiene el monopolio absoluto para autorizar o vetar proyectos alternativos. Por el camino, el Real Madrid se quedó solo, pero A22 Sport Management, promotora de la Superliga, pide 4.500 millones de euros en concepto de "daños y perjuicios".

Los jugadores y técnicos se quejan del calendario, de las lesiones, del ritmo infernal... Normalmente con la boca pequeña, porque al final el aumento de ingresos deriva en aumentos de sus salarios. A veces, la palabra "huelga" sobrevuela los corrillos. Un derecho sindical al que se ha acudido más como amenaza en la negociación que como acción real. Pocas estrellas asumen la responsabilidad de poner al hincha en la palestra, de preguntarse si el negocio debe anteponerse a todo. ¿Tienen obligación moral para hacerlo? ¿Hay que exigírselo? Probablemente, no. Pero el fútbol sin afición se morirá y, cuando eso pase, no será por un gran torneo fallido, sino por la devaluación sistemática de un producto masificado y artificial. No es romanticismo barato.

Por cierto, en lo deportivo (que todavía interesa): España llegará a Estados Unidos como la gran candidata al título, con la esperanza de sumar una segunda estrella a la conseguida en Sudáfrica en el 2010.

Los clubes españoles se buscan las castañas

Sucede algo realmente curioso en el mundo del fútbol. El negocio va cada vez a más y, pese a ello, los grandes clubes buscan su futuro lejos de la pelota, especialmente en España. Cuando bajas la mirada en la tabla, apretarse el cinturón y ser sostenible es la máxima… y casi única vía de futuro.

El Real Madrid apostó por el nuevo Santiago Bernabéu, por los conciertos paralelos, con los eventos como marca de la casa. El campo de Concha Espina era el activo más importante de la entidad y solo se le daba uso una vez cada dos semanas. No podía ser. La obra, como suele ser habitual, disparó los presupuestos iniciales, en especial por culpa de la invasión de Rusia a Ucrania. Pero el mayor problema vendría después. Por las grietas del estadio se escapó su guillotina: el ruido.

Foto: estadios-santiago-bernabeu-old-trafford-marruecos

El enemigo con el que no contaba Florentino Pérez era con los vecinos acaudalados del Bernabéu. La escasa insonorización de la obra derivó en quejas, luego en demandas y, finalmente, en la paralización de los conciertos hasta nuevo aviso. El Real Madrid convive entre dos relatos: que la situación económica es robusta y que el modelo societario debe cambiar de forma inminente, con Florentino pendiente de cerrar la venta de un 5% del club a través de una filial. Dicha operación tendrá que ser respaldada por los socios.

No son los únicos en la capital que han recibido un revés judicial. El Atlético de Madrid sufrió un duro palo cuando el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) anuló el plan urbanístico del Ayuntamiento de Madrid para la parcela del Centro de Deportes Acuáticos, integrado en el proyecto de la Ciudad del Deporte, la guinda del proyecto de negocio de los rojiblancos para los próximos años. El club, que recientemente vendió el 55% de sus acciones a Apollo Sports Capital —valorándolo en unos 2.500 millones de euros—, confía en solventar dichos problemas y seguir adelante con la Ciudad del Deporte. El fondo se convirtió en el accionista mayoritario, pero en dichos acuerdos se estableció que los gerentes del Atleti continuarían en sus respectivos cargos para garantizar una transición controlada y efectiva.

En la ciudad condal, el Barça se resigna a salir de la precaria situación económica del último lustro. Otrora máquina de ingresos, el club presidido por Joan Laporta camina por la fina línea de mantener un equipo competitivo y cumplir con el control financiero de LaLiga. El runrún sobre la segunda etapa de Laporta al frente de los blaugranas persiste, pese a que la masa social esté de su lado, pero en 2026 habrá elecciones y lo que pase en el Camp Nou afectará, y mucho, a las urnas. Todo ello con el caso Negreira pendiente de resolución judicial.

Nos queda un 2026 por delante apasionante en el campo e inquietante en los despachos. Con un Mundial que, seguro, será un éxito de ventas y redondeará la cuenta de resultados de la FIFA. Habrá quejas de los aficionados, habrá lesiones de los futbolistas, habrá caras largas de los entrenadores. El fútbol pasará por el aro. Cuando al jarrón le salga la primera grieta, nos preguntaremos por qué. Pitido inicial: rueda el balón.

El FIFA Gate decapitó al mundo del fútbol con la caída de Joseph Blatter, su presidente desde 1998, y Michel Platini, histórico futbolista que ejercía de vicepresidente, además de liderar la UEFA. Era el año 2015 y la entidad europea vio la oportunidad de ganar terreno. El candidato de consenso era un suizo de 45 años, con experiencia sobrada en gestión deportiva, y perfil mediático gracias a haber sido el rostro de los sorteos. El hombre de la alargada sonrisa se llamaba Gianni Infantino. Pero el "abogado que habla cinco idiomas" tenía su propia agenda. Lo que empezó como un caballo de Troya acabaría en archienemigo de la UEFA.

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