Cómo gestionar a unos empleados talentosos, pero caprichosos y hastiados de ganar
La lucha de poder entre Xabi Alonso y el vestuario del Real Madrid como caso de estudio de las dificultades empresariales para lidiar con grupos humanos egocéntricos
Florentino y Xabi, el presidente y el encargado. (EFE/Real Madrid)
Imagine usted la oficina de un gigante de la publicidad, en concreto, su departamento creativo más exitoso, ganador de todos los premios posibles, autor de las campañas más rupturistas vistas nunca, envidia del gremio. El equipo es una piña: lluvias de ideacas en la oficina, sobremesas mazonescas, fiestas con enanos. Pero, ¡ay!, un buen día, la empresa despide al jefe del departamento, Rafa Weah, carismática leyenda de la publicidad, ganador de 7 Fulares de Oro (los Oscar de la industria), amigo del buen comer y del mejor beber, cuya creatividad solo es superada por su mano izquierda y bonhomía. Un titán de la gestión emocional. ¿Cómo es posible que le purguen?
Multinacional poco dada a los sentimentalismos, la empresa sospecha que el equipo de Weah se ha aburguesado, que vive de rentas, que está tan entregado al jiji jajá como perdido para la brega diaria. Habían sido los mejores, sin duda, pero ya no dan más de sí. El diagnóstico corporativo es preciso, el equipo de Weah está en unos niveles épicos de egocentrismo, zanganería e indulgencia. Pero el tratamiento elegido por la empresa para cambiar de rumbo es demasiado brusco: sustituir a Rafa Weah por un director financiero de mano dura, que no conoce la nieve que quema, al que nunca se le ocurriría -como a Rafa- ir a la oficina con un pareo y un fular en la cabeza. Pero la decisión está tomada. Tras el cambio de jefatura, el nuevo jefe les pone un vídeo de tres horas sobre teoría publicitaria, optimización laboral y rentabilización de hojas de Excel. Al acabar, les dice gélido: "Esta es la nueva manera de hacer las cosas". Los empleados se revuelven en sus asientos, mascullan entre dientes: "Con Rafa estaríamos haciendo surf".
El resentimiento crece. Al nuevo jefe le bautizan como Rufus Mindunder. Hay huelga de brazos caídos, portazos y guerra civil. La empresa implosiona. Desesperado, el CEO vuela en helicóptero a una cabaña en las montañas de Dakota para suplicar a Weah que vuelva, al precio que sea, pero Weah dice estar demasiado ocupado componiendo una ópera dodecafónica sobre las tribus amazónicas. En el fondo de su corazón, Weah sabe que un último baile sería un fracaso seguro. Tras haberlo ganado todo, ni él ni su equipo tienen ya el hambre de gloria necesaria; en realidad, la empresa le hizo un favor echándole. ¡Le encanta ser un mártir de las jefaturas iconoclastas! ¡Weah!.
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Xabi Alonso, los problemas crecen. (AFP)
Sirva esta absurda hipérbole metafórica para hablar de otra cosa: la gestión de empleados creativos pero desahogados suele ser problemática. Metáfora también de las traumáticas transiciones en el Real Madrid, entre entrenadores con mano emocional ancha, Del Bosque, Zidane o Ancelotti, y entrenadores intervencionistas y menos flexibles, Benítez, Lopetegui y, sí, Xabi Alonso, más atractivo y respetado que los otros dos, pero igualmente falto de conexión con unas estrellas empoderadas (y desautorizado por el club por ellos). ¿Qué tipo de jefe funciona cuando tus empleados tienen pulsiones infantiles y 30 millones de euros en el banco? ¿Un gestor motivador pero condescendiente? ¿Uno táctico pero autoritario? ¿Es mejor que manden los jugadores, el entrenador o el club? ¿De qué lado debe ponerse el CEO? Asuntos empresariales que trascienden al Real Madrid, pero que en el Real Madrid son especialmente exagerados por las altas y bajas pasiones futbolísticas, por su mezcla de números, arbitrariedad, negocio suculento, aficionados infartados y jugadores endiosados. Muy complejo de gestionar.
Xabi, Floro y compañía
Los jugadores tomaron la matrícula rápido a Xabi Alonso, con sonoros desplantes públicos de Vinícius y Valverde, disgustados con su rol en el equipo. Más cómico resultó que los futbolistas filtraran su malestar porque Xabi les ponía muchos videos para corregir su juego; videos reducidos luego a su mínima esencia para sofocar las llamas internas (se ha dicho que los vídeos técnicos solo duran ahora un minuto, como si los jugadores tuvieran Trastorno por Déficit de Atención).
El problema es que Xabi llegó al Madrid con una hipoteca a cuestas: disciplinar la guardería. El increíblemente exitoso ciclo de Ancelotti -entrenador con la templanza emocional de un guerrero zen- acabó con el equipo desmadrado y arrastrando los pies. El pueblo reclamó orden, tensión y mano dura. Sobre el papel, Alonso reunía los requisitos para gestionar el giro: entrenador intervencionista desde la pizarra, pero leyenda del club y de la Selección, es decir, suficientemente respetado como para que los jugadores aceptaran ponerse el mono y recuperaran las ganas de morder. Pero en cuanto el nuevo entrenador tocó un poco el tablero, comenzaron las resistencias, el club se puso de perfil y a Alonso se le quedó cara de ¿para qué me habíais traído?
Lo contó Marca tras la dolorosa derrota en casa contra el Celta:
1) "Xabi Alonso llegó al club con una misión clara: construir un equipo reconocible, moderno, con una identidad definida. En el Madrid estaban cansados de la mano izquierda permanente de Carlo Ancelotti o Zinedine Zidane y tras años de gestión amable y jerarquías intocables, el club quiso darse la oportunidad de apostar por un entrenador de nueva generación, "más moderno", decían en el club... No venía a adaptarse al vestuario, sino a transformarlo... Un amplio sector del vestuario empezó a torcer el gesto. Jugadores importantes como Vinícius, Bellingham o Valverde mostraban su malestar con los métodos del entrenador. Comenzaron las filtraciones: demasiados vídeos, trabajo táctico pesado, exceso de exigencia en la pizarra. La clásica guerra fría entre jugadores y cuerpo técnico".
Mourinho, Alonso y Zidane, entre el látigo y la mano blanda. (EFE)
2) "Todo terminó de romperse el día del Clásico. Vinícius explotó públicamente tras ser sustituido... Aquella reacción marcó un antes y un después para mal. El club decidió no entrar de lleno en el acto de indisciplina... No hubo sanción. Y ahí Xabi perdió la batalla... No es casualidad que el equipo haya dejado de presionar como antes... que Vinícius y Bellingham se hayan convertido en intocables... Tras el Clásico, Xabi dejó de ejercer como entrenador para convertirse en gestor de egos, justo a lo que no había venido... La idea inicial de Xabi era la contraria: quería un equipo en el que todos corrieran... Apostó por ser un técnico duro, quizás poco empático, y tuvo que recular sobre la marcha por la salud del vestuario. Ahora, el problema futbolístico es evidente... La batalla, no hay duda, la ganaron los jugadores. Sin respaldo del club el día que Vini explotó, Xabi Alonso se quedó sin poder. Y hoy está en manos del vestuario", según Marca.
¿Tiene esto solución o hay dinámicas internas demasiado poderosas como para que un entrenador sin poder pueda pararlas?
PREGUNTA. ¿Mandan más los jugadores en el Madrid que en otros clubes?
RESPUESTA. En otras épocas, cuando el club no estaba tan bunkerizado, era más fácil sacar conclusiones sobre las relaciones de poder entre jugadores y entrenadores. Sabemos que Vicente del Bosque se llevaba muy bien con los jugadores, tenía mano izquierda y funcionaba bien. Por contra, Rafa Benítez, llegado tras algunos fracasos deportivos, no tuvo nunca ascendencia sobre el club o sobre los jugadores. Se enfrentó a varios jugadores porque les hacía correr y trabajar. Fracasó y le echaron. Con Julen Lopetegui pasó algo parecido. Benítez y Lopetegui tenían perfiles parecidos, entrenadores intervencionistas que no eran leyendas del club, se les respetó poco desde el principio. ¿La diferencia con Xabi Alonso? Él también llegó con la etiqueta de intervencionista y obsesivo de la táctica, pero era una leyenda del club, como Zidane, por lo que tuvo mejor aterrizaje que Benítez y Lopetegui… hasta que las cosas empezaron a torcerse.
P. ¿A Xabi le han calcinado los jugadores?
R. Aún no lo sabemos. Es verdad que dentro del secretismo general, hubo desplantes públicos desde principios de temporada. Las rabietas de Vinícius cuando le cambiaban o las quejas de Valverde si le hacían jugar de lateral. Un tipo de hostilidad destinada normalmente a los entrenadores a los que no se respetaba, como Benítez o Lopetegui, y que nunca recibió una leyenda del club como Zidane. Ahora bien, ¿esto le ha pasado a Xabi por ponerse pesado con la táctica o por otras cosas?
P. Siga.
"Si algo ha demostrado Florentino, es que nunca ha dado importancia a los entrenadores"
R. Mira, el Madrid es un lugar muy particular, a diferencia de otros clubes modernos y funcionales, aquí todo el poder lo concentra un señor, el presidente Florentino Pérez. Si algo ha demostrado Florentino es cierta gestión deportiva coherente: nunca ha dado importancia a los entrenadores. El niño Florentino quedó fascinado con el mito Di Stéfano y compañía. Es decir, tiene una concepción histórica en la que el club gana partidos y títulos por los jugadores e independientemente del entrenador de cada momento. Por eso Florentino nunca empodera del todo a sus entrenadores, no les da contratos vitalicios o mano libre para fichar.
P. Mourinho fue la excepción que confirma la regla, ¿no? Digo porque, por un lado, era un entrenador intervencionista y autoritario; por el otro, Florentino sí pareció empoderarle…
R. Florentino hizo una excepción con Mourinho… y salió mal. Mourinho ha sido el único entrenador del florentinato que ha impuesto fichajes. Hay un caso famoso. A mitad de una temporada, Mou se puso a decir que no tenía delantero suplente, haciendo el vacío a Benzema, y originando una disputa con Jorge Valdano, entonces director técnico. Mourinho se empeñó en que tenían que fichar a Adebayor, hasta que Valdano soltó en una rueda de prensa: "En el banquillo hay un tal Karim Benzema que puede jugar de delantero". Mou se volvió loco tras oír eso, echó a Valdano del vestuario. Se armó la de dios. Fue el gran cisma. Pues bien: Valdano acabó dimitiendo y el Madrid fichó a Adebayor.
No obstante, igual toca desmitificar las relaciones Florentino/Mourinho. Digo porque en los audios que publicó El Confidencial, Florentino decía en privado que Mourinho era un demente. Finalmente, parece que el mourinhismo reafirmó la tesis histórica de Florentino: cada vez que el Madrid se entrega a un entrenador, sale mal, luego es mejor un entrenador conciliador que se lleve bien con las estrellas. Que Florentino nunca se va a entregar a un entrenador lo hemos visto bien en la reacción del club tras el desplante de Vinícius a Xabi. Parece que el club pactó con Vinícius un comunicado de disculpas en el que se disculpaba con todo el mundo… menos con el entrenador. Pero insisto en que esto es una peculiaridad habitual del Madrid de Florentino, en el que el entrenador nunca es lo más importante.
Ancelotti y Vinícius, habilidoso paternalismo. (Reuters)
P. ¿Cómo podría el club empoderar a su entrenador?
R. He escuchado a Valdano decir que cuando un entrenador está discutido, como ocurre ahora con Alonso, el club debe bajar al vestuario y dejar claro a los jugadores que el poder lo tiene el entrenador. Parece evidente que Florentino no ha hecho esto con Alonso.
P. ¿Ha gestionado mal Xabi a las estrellas?
"Aunque el entrenador es el chivo expiatorio ideal, por primera el madridismo está dividido entre culpar al entrenador o jugadores"
R. Desde el entorno cultural en el que se movía cuando era jugador, se comenta que Xabi no tiene la empatía y la inteligencia emocional de un Del Bosque o un Ancelotti, personas con un liderazgo paternal. Xabi Alonso es un tío más frío, sin las habilidades emocionales que permiten ganarse el cariño y el respeto de gente tan infantil y caprichosa como las estrellas del Real Madrid, Ahí, y no en el exceso de tacticismo, podría estar la clave última del enfrentamiento. Algunos pensaban que Xabi Alonso podría ser "amigo de los jugadores", pero no lo es, no se siente cómodo del todo relacionándose con ellos.
P. El trato preferente de Florentino a las estrellas, no obstante, puede acabar explotándole: dejó su primera presidencia lamentando haber mimado demasiado a los galácticos.
R. Si ves su interacción con los jugadores, parece que le gusta ser el poli bueno de la gestión de las estrellas, como mostró el rifirrafe Vinícius/Alonso. Te la lía un jugador y mancha la marca Real Madrid, pero le consientes que no se disculpe con el entrenador. Jugadores consentidos, pero, cuando Florentino ha tenido que gestionar contratos con las estrellas, no ha sido nada blando. Como la famosa frase que parece que le dijo a Sergio Ramos: "Te crees que estamos negociando y no estamos negociando". Purgó a una leyenda como Ramos con una frialdad absoluta. Con Zidane, su ojito derecho, su emblema como jugador y entrenador, acabó a hostias y no se hablan. Zidane se fue de manera abrupta y poniendo a parir a los directivos, es decir, a Florentino Pérez. Hay dos Florentinos muy diferentes en su trato con los jugadores.
P. Dentro de que el entrenador siempre es el eslabón débil de una mala racha de resultados, ¿el aficionado puede acabar cogiendo más manía a los jugadores?
R. Pongamos que Xabi Alonso no ha echado ningún pulso a los jugadores, sino que se han alterado ellos solitos. ¿No habrán cavado su propia tumba? Aunque el entrenador es siempre el chivo expiatorio ideal, por primera vez veo al madridismo dividido entre culpar al entrenador y culpar a los jugadores. Un entrenador chivo expiatorio funciona como un pararrayos. A Lopetegui no le aguantaba nadie un día más. La campaña contra Pellegrini fue infernal porque el equipo no jugaba nada. A Benítez, la gente le quería matar. Pero Xabi Alonso tiene crédito entre parte del público. Entonces, dando por bueno que la química entrenador-jugadores no ha sido la mejor, igual el problema es una mera cuestión deportiva, de mala planificación, de plantilla que llega hasta donde llega.
Todo esto de las luchas de poder entre jefes rígidos y empleados engorilados se puede resumir en realidad en una sola escena. Hay quien piensa que nadie le pega mejor a una pelota en el mundo que Luka Modric. Pero el golpeo del croata no era suficientemente preciso para Rafa Benítez. Durante un entrenamiento, cuando era el míster del Madrid, Benítez explicó al jugador croata cómo debía golpear al balón. La corrección quedó como ejemplo de las distantes relaciones entre las estrellas y el técnico. En la lógica de los jugadores -cabrona, si se quiere- Benítez nunca había pasado de Segunda B como jugador, pero daba lecciones de toque al mejor centrocampista de su generación. Benítez, que acabó en la calle porque su Madrid con corsé táctico aburría a las ovejas, trató de desmentir la performance con Modric a posteriori, pero en realidad la confirmó puntos por punto. "No le dije a Modric que no disparase con el exterior ni a Cristiano Ronaldo cómo tirar las faltas. Una vez a Modric le dije que en un golpeo de tres metros le das con el interior para que al compañero le llegue limpio el balón, sin efecto. Ese es un comentario en un entrenamiento, pero cuando a las cosas se le quieren sacar punta, se le sacan".
Esta semana, el periodista y profesor José Miguel Villarroya lanzó una interesante filípica sobre la barroca crisis merengue en la tertulia digital de Siro López. En síntesis: "Los jugadores saben que no les va a pasar nada hagan lo que hagan. Como el club les ha permitido todo, creen que mandan ellos... A Florentino no le vengas con estas milongas, él está pendiente del futuro del club, del estadio infinito y de los palcos vip. Si a Florentino le dices que el padre de Endrick se ha quejado [porque su hijo no juega], te manda a hacer puñetas... ¿Dónde está el director deportivo que conoce los problemas del equipo? ¿Necesitamos tres extremos izquierdos cuando no tenemos delantero centro? ¿Dónde está el centrocampista que toque el balón? ¡Esto es la casa de Tócame Roque! ¡Encima tienes un presidente que cree que los entrenadores son prescindibles, que se pondría a entrenar él! Está muy bien que lleves el Madrid como una empresa, pero hay cosas que no son de empresa. ¿Cuál es la lógica [florentinista] detrás de esto? Que los que generan dinero son los jugadores, no el entrenador. Muy bien. Pero usted debería saber que si no se gana nada, estos jugadores también valdrán menos. ¡La temporada pasada no se ganó nada, y ésta tampoco se va a ganar nada, ya lo aviso!".
Así están las cosas en la casa blanca, una oficina más revuelta aún que la de la otra Casa Blanca.