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El Atlético de Madrid, la derrota y la importancia de no ser el tonto de los cuentos de Chéjov
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Ennio Sotanaz

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El Atlético de Madrid, la derrota y la importancia de no ser el tonto de los cuentos de Chéjov

Tras caer en el Camp Nou, los de Simeone exhiben transición táctica: posesión elevada pero dificultades ante presión intensa, fragilidad defensiva y falta de pegada. ¿Dónde está Julián?

Foto: Simeone cae en una falta de Gerard Martín. (Reuters/Nacho Doce)
Simeone cae en una falta de Gerard Martín. (Reuters/Nacho Doce)
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En tiempos como los actuales, donde cualquier cosa puede servir como material fungible para alimentar la llama de la rabiosa actualidad, el resultado de un partido de Liga se ha transformado en una especie de hecho conclusivo, que además merece un análisis categórico. Especialmente si sirve para apoyar la veracidad de un relato que está prefijado de antemano. Especialmente si el resultado es una derrota de ese equipo que, ya te lo decía yo, no merecía tanto elogio.

Es tan complicado mantener el nivel de histeria que demandan los modos contemporáneos, que la densidad de "finales anticipadas" se incrementa exponencialmente con cada temporada hasta números que ya bordan lo ridículo. Sin ir más lejos, el Atlético de Madrid ha tenido que jugar dos en la última semana. Una la ganó y otra la perdió. Una sirvió para confirmar que el equipo de Simeone estaba en la senda de las cosas grandes (Inter de Milán) y otra ha servido para confirmar exactamente todo lo contrario. Así estamos.

placeholder Julián Álvarez está apagado. (Europa Press)
Julián Álvarez está apagado. (Europa Press)

¿Qué significa entonces la reciente derrota frente al FC Barcelona? Pues diría que la pérdida de tres puntos que, a priori, eran difíciles de ganar; aunque sé que me tacharían de cínico si me quedara sólo eso. El partido dio material para abrir encendidos debates alrededor de los aspectos que sostienen al equipo, lo admito; otra cosa es que alguno de esos aspectos sea concluyente o distinto a lo ya conocido. La entidad del Barça, y su relación simbiótica con el otro equipo de la capital, hace que los focos iluminen mucho más en ocasiones así, hasta el punto de que la caja de resonancia aumente de volumen. Si a eso le sumas el mal uso que los aficionados hacemos de las expectativas, es inevitable que acabemos viviendo entre hipérboles y regañinas. Y no me gusta. Hay que tener cuidado con estas cosas o será cada vez más difícil quitarnos esa sensación de frustración que aparece al levantarse en un hotel Las Vegas y comprobar que lo que parecía maravilloso bajo el mágico halo de las luces de neón estaba en realidad construido de cartón piedra.

Perder en el Camp Nou duele. Y así debe ser. Cualquier derrota merece un análisis crítico y unas conclusiones que sirvan para evitar que, en la medida de lo posible, vuelva a ocurrir. Eso es incuestionable. Lo que entiendo menos es que se rebusque en el baúl de los tópicos para justificar algo que en realidad se justifica de una forma más sencilla. Decir, por ejemplo, que el Atlético de Madrid fue cobarde en Barcelona, bien sea por disputas personales, por orgullito o porque simplemente no has visto el partido, creo que es faltar a la verdad. Personalmente, creo que el planteamiento colchonero fue incluso temerario en varias fases del partido. Precisamente por eso, hubo momentos en los que se invirtieron los papeles y acabó sufriendo en parcelas del juego, como las transiciones rápidas del rival o la defensa a campo abierto que, según cuenta la leyenda, no deberían suceder en los supuestos planteamientos de Simeone.

Basta abrir los ojos y tener la mirada limpia para ver que el juego del Atlético de Madrid está en un interesante periodo de transición. También para intuir hacia dónde se dirige. Otra cosa es determinar lo cerca o lejos que se está del objetivo. Y otra, todavía más crítica, es saber si la plantilla tiene los mimbres necesarios para poder transitar por ese camino. El que esto escribe apoya sin reservas la decisión tomada, que quede claro. Las dudas, insisto, están en otro sitio.

Foto: atletico-madrid-julian-alvarez-simeone-champions

El equipo de Simeone está entre los cuatro equipos de la Liga con mayor posesión de balón. Sé que es duro enfrentarse al estereotipo que sigue dominando con puño de acero el discurso oficial, pero pueden buscar el dato. El problema no está ahí y tampoco en una valentía de la que nunca ha carecido. El problema surge cuando hay que retener el balón frente a un equipo que te lo quiere quitar y que además es mejor que tú en eso. El problema se acrecienta cuando enfrente tienes una versión del Barça con Pedri y Raphinha en el campo, que es la mejor versión del Barça. Tengamos en cuenta que el centrocampista clave del Atleti para organizar el juego de construcción resulta que sufre en partidos de ritmo muy alto y que por eso no juega de titular en esos partidos. Lo vimos cuando tuvo que sustituir a Cardoso y saltar al campo desde el banquillo. Vimos también que, más allá de un Pablo Barrios excelso, hoy por hoy, no hay mucho más.

El aporte de Gallagher, normalmente irrelevante, creo que se explicaría mejor desde la lógica de un expediente X que desde la lógica de una planificación deportiva. El peor tramo del Atleti, que lógicamente coincidió con el mejor tramo del Barça, aconteció después del primer gol, cuando el equipo blaugrana aumentó la intensidad de la presión adelantada y monopolizó el balón. Si el Atleti actual sufre normalmente en ese escenario —lo vemos cada tres días—, razón de más para que ocurra delante de un equipo que es élite en esa faceta del juego.

placeholder Johnny Cardoso, otra vez lesionado. (Reuters/Albert Gea)
Johnny Cardoso, otra vez lesionado. (Reuters/Albert Gea)

No creo que el Atleti se echase atrás. Pienso que el Atleti fue incapaz de salir de ahí, que no es lo mismo. Me cuesta mucho creer que Simeone confíe en la rocosidad de un potencial bloque bajo construido con una defensa plagada de carencias. Así es hoy la defensa del Atleti. Una, cuya confección es muy difícil de explicar. Es más, su poca fiabilidad es precisamente una de las razones principales por las que se ha optado por jugar de otra forma.

Foto: atletico-mercado-fichajes-psg-mundial-clubes

Y existen otras limitaciones, que quizá sean más difíciles de solucionar. La más evidente: la falta de agresividad de cara al gol. Hace mucho que Griezmann perdió esa magia que tenía para anotar y que pocos futbolistas consiguen tener en toda su carrera. Contar con que eso cambie a corto plazo entra en el terreno de la ensoñación. Sorloth es lo que es. Es decir, un suplente en este Atlético de Madrid. Fichajes como Almada o Nico no parecen suponer un elemento diferencial en ese aspecto (y está por ver si lo son en algún otro). Sin Álex Baena en el campo, fantástico futbolista, las miradas se dirigieron lógicamente hacia el jugador más diferencial de la plantilla, pero el argentino no tuvo un buen partido. Eso, unido a la discreción de sus últimas actuaciones, ha levantado las primeras voces de alarma entre los buscadores de drama. No creo que estemos en ese punto, pero el Atlético de Madrid necesita que Julián Álvarez demuestre que es algo más que un gran jugador.

El tema, lo irónico del mundo del fútbol, es que estos mismos mimbres fueron los que derrotaron al Inter de Milán en Champions, al Real Madrid hace unos meses y que llevaban varias semanas contando sus partidos por victorias. Quizá lo sensato sería volver al inicio de este texto, olvidarnos de los prejuicios, y pensar que perder contra el líder de Liga en su casa es algo que puede perfectamente formar parte de la trama. Que el Atleti está en evolución y que los últimos resultados, en conjunto, deberían hacernos ser optimistas sobre el proceso. Que si bien las últimas ventanas de fichajes se han movido entre la mediocridad y el desastre, el Club ha cambiado el organigrama, lo que indica que quieren hacerlo de otra forma. En realidad, bastaría con entender que hay cosas, especialmente en el fútbol, que simplemente no tienen explicación. Como leí hace poco en un libro maravilloso (La pregunta 7, de Richard Flanagan), en los cuentos de Chéjov, solamente los idiotas tienen respuestas para todo.

En tiempos como los actuales, donde cualquier cosa puede servir como material fungible para alimentar la llama de la rabiosa actualidad, el resultado de un partido de Liga se ha transformado en una especie de hecho conclusivo, que además merece un análisis categórico. Especialmente si sirve para apoyar la veracidad de un relato que está prefijado de antemano. Especialmente si el resultado es una derrota de ese equipo que, ya te lo decía yo, no merecía tanto elogio.

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