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La nueva vida de Paunovic lejos de Oviedo: el difícil reto del Mundial en su aterrizaje en Serbia
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UN DESAFÍO MAYÚSCULO

La nueva vida de Paunovic lejos de Oviedo: el difícil reto del Mundial en su aterrizaje en Serbia

Tras ser destituido en Asturias hace tres semanas, ahora le toca buscar el pase a la Copa del Mundo, con duros enfrentamientos frente a Inglaterra y Letonia todavía pendientes

Foto: Paunovic fue despedido del Oviedo a pesar de conseguir el ascenso. (EFE/Kai Forsterling)
Paunovic fue despedido del Oviedo a pesar de conseguir el ascenso. (EFE/Kai Forsterling)

Veljko Paunovic siempre tuvo algo de explorador en su comprensión del fútbol. Su carrera, marcada por los saltos entre continentes, idiomas y sistemas, se ha movido más por los impulsos que por el cálculo racional. Fue destituido en el Oviedo hace tres semanas, a pesar de estar fuera de los puestos de descenso. Ahora vuelve a aparecer: se ha convertido en el nuevo seleccionador de Serbia. Es el regreso al origen, aunque con un reto difícil: clasificar a Serbia para el próximo Mundial, con duros enfrentamientos frente a Inglaterra y Letonia todavía pendientes.

Su salida del Real Oviedo fue absolutamente inesperada. El proyecto, que los había devuelto a Primera tras 24 años de espera, se quebró antes de encontrar ritmo en la élite. Ocho jornadas bastaron para que el fútbol se volviera implacable. Paunovic había logrado cumplir la promesa más emocional del club, pero el vértigo de la nueva categoría lo devoró a una velocidad cruel. Sin embargo, no se marchó entre reproches. Su discurso de despedida fue sereno, casi poético: "Ascender no fue sólo un objetivo deportivo, fue cerrar una herida que llevaba abierta desde hace dos décadas".

La historia lo ha colocado frente a un desafío completamente distinto. En Belgrado le esperan una selección desconcertada y una federación que se asoma a una crisis estructural. Serbia no ha logrado encontrar un rumbo estable desde su última gran cita mundialista, y el relevo generacional se ha mezclado con los egos propios de una generación brillante pero irregular. El encargo para Paunovic es tan directo como ingrato: reactivar la fe nacional en medio de una clasificación agónica. La prensa serbia ya lo describe como "la última apuesta emocional antes del abismo".

La paradoja es que, en Oviedo, esa misma sensibilidad que lo hizo conectar con la grada acabó jugándole en contra en la rutina competitiva. Paunovic tiende a los procesos largos, a construir desde lo emocional. Pero el fútbol moderno no concede tiempos. En Serbia, el contexto no será más benévolo. Los aficionados viven con la impaciencia de quien siente que tiene generación para más: Vlahović, Milinković-Savić, Tadić… nombres que pertenecen a clubes de élite y que, sin embargo, no han logrado funcionar como bloque. El seleccionador deberá integrar el talento disperso en un relato común sin margen temporal para construir con la misma facilidad que en un club.

placeholder Paunovic saluda a Calero. (EFE/Javier Lizón)
Paunovic saluda a Calero. (EFE/Javier Lizón)

El recuerdo del Mundial sub-20

La autoridad que tiene en su país puede jugarle a favor. No sólo fue internacional, también formó parte del cuerpo técnico que conquistó el Mundial sub-20 en 2015. Aquella gesta todavía se recuerda dentro del fútbol serbio, y Paunovic fue su arquitecto. Desde entonces, su nombre se asocia a la idea de método, de orden y pedagogía. Si logra trasladar ese espíritu a un vestuario adulto, quizás encuentre la clave que tantas generaciones anteriores perdieron en la dispersión.

Su propuesta no suele deslumbrar, pero convence a quienes buscan rigor. Equipos compactos, líneas juntas, presión adelantada y gusto por los mediocentros con pie. En Oviedo intentó aplicar un 4-2-3-1 muy disciplinado, aunque su equipo perdió alegría ofensiva. En Serbia, el desafío será distinto: no le faltará talento, pero sí tiempo para armonizarlo. Quizás su mayor virtud —esa obsesión por el detalle— deba convivir con algo que nunca lo caracterizó: la improvisación.

La designación, vista desde España, tiene también un componente de redención. En Oviedo dejó la sensación de un entrenador inteligente, honesto y coherente, pero los resultados le dieron la espalda. En Serbia, el relato se reinicia. No tiene el peso de un proyecto a largo plazo ni la carga de un pasado emocional, sino el de un país entero que espera un milagro. El ascenso en el Oviedo ya fue uno de ellos.

placeholder Paunovic solo ha durado dos meses esta temporada. (EFE/Rodrigo Jiménez)
Paunovic solo ha durado dos meses esta temporada. (EFE/Rodrigo Jiménez)

La resistencia de Paunovic

Su nuevo desafío es más simbólico que futbolístico. Reinsertarse en el tablero internacional y devolver a Serbia a un Mundial significaría reconciliar al país con su propio potencial. Y para Paunovic, quizás, cerrar otro círculo vital. El serbio vuelve a casa con una mochila llena de cicatrices recientes, pero también con la convicción de que el fútbol siempre ofrece una segunda oportunidad a quienes se atreven a mirar más allá del marcador.

Si algo define la trayectoria de Paunovic es precisamente eso: la resistencia a rendirse a la inmediatez. En ese sentido, quizás el reto de Serbia no sea una locura, sino la consecuencia natural de un entrenador que nunca supo vivir lejos del riesgo.

Veljko Paunovic siempre tuvo algo de explorador en su comprensión del fútbol. Su carrera, marcada por los saltos entre continentes, idiomas y sistemas, se ha movido más por los impulsos que por el cálculo racional. Fue destituido en el Oviedo hace tres semanas, a pesar de estar fuera de los puestos de descenso. Ahora vuelve a aparecer: se ha convertido en el nuevo seleccionador de Serbia. Es el regreso al origen, aunque con un reto difícil: clasificar a Serbia para el próximo Mundial, con duros enfrentamientos frente a Inglaterra y Letonia todavía pendientes.

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