¿Tú eres Fulanita de Tal? De Chueca a ser 2.000 mujeres conquistando el fútbol popular
Lo que empezó como una broma en un bar de Chueca en 2009, ya es una liga con 60 equipos y más de 1.200 jugadoras, que no para de crecer desde que la Roja se hizo con el mundial
Belén, a sus cincuenta años, nunca había tocado un balón. Angie llevaba décadas sin chutar uno, aunque le encanta el fútbol desde pequeña. “Siempre jugaba en la calle, con los chicos”, explica, “porque ni había medios, ni estaba bien visto”. Con trece años lo dejó definitivamente y probó suerte en otros deportes. En enero decidió quitarle el polvo a las botas y le hizo una propuesta a su amiga: ¿y si probamos una clase en la escuela senior Fulanita de Tal?
Cada miércoles, al caer la noche, hasta el campo de Parque Lineal de Manzanares (Comunidad de Madrid) llega un centenar de mujeres como Angie y Belén. La mayoría no ha jugado nunca al fútbol, por uno u otro motivo. Esta escuela les brinda una segunda oportunidad y les sirve de trampolín para encontrar un equipo con el que formar parte de la liga amateur Fulanita, una de las pocas que existen en fútbol femenino, y de las más grandes, rozando las 2.000 jugadoras.
Para Lourdes López, su presidenta, no existe un torneo más diverso. “Lo bonito es que acogemos jugadoras de todos los niveles y edades. Simplemente vienes a entrenar y conoces gente con la que vas a entablar amistad, viajar, competir… acaba siendo una segunda familia”, incluso ha sido, dice, un espacio donde seguir jugando para exfutbolistas profesionales como la excolchonera Priscila Borja o Natalia Pablos (Rayo Vallecano).
La “liguilla” lleva el nombre del famoso bar LGTBI de Chueca en el que nació. En 2009, dos chicas, Laura y Ruth, empapelaron el barrio con un mensaje simple: “Se buscan mujeres para jugar al fútbol”. Entonces consiguieron agrupar 22 equipos, este septiembre empiezan la temporada con 70. El boom les llegó tras el Mundial de Sidney, año en el que duplicaron con creces el número de inscritas y pudieron crear una segunda división, que ya ha dado lugar a una tercera. “Notamos un cambio en la post-pandemia, pero lo de 2023 ha sido imparable”, resalta López.
La actual presidenta aterrizó en Fulanita, primero como jugadora y, al poco tiempo, como experta en tecnología deportiva. Se encargó de la digitalización y del marketing que necesitaban para darse a conocer y, ya en 2021, impulsó la creación de la escuela senior, uno de los proyectos de los que se siente más orgullosa. La iniciativa surgió tras una avalancha de decenas de chicas sin equipo, que no ha hecho más que crecer. Este año han conseguido ampliar las clases a los domingos, dando servicio a una red de más de trescientas chicas de forma completamente gratuita.
“No es fácil empezar en un sitio de cero, con cuarenta o cincuenta años. Siempre va el ‘no’ por delante. Pero más que miedo, llegan con cierta vergüenza e inseguridades que enseguida desaparecen porque saben que vienen a un espacio seguro”, cuenta López, que insiste en que la mayoría repiten semana a semana.
Desde Fulanita hacen todo tipo de proyectos y han estado desde su inicio muy vinculadas al MADO. Cada julio realizan el Torneo del Orgullo y entregan los trofeos en la Plaza del Rey, como parte de la programación oficial del Pride. En 2019 hicieron una convivencia con jugadoras locales en Salvador de Bahía (Brasil), que repitieron en 2023. “Somos la constatación de que el fútbol no es solo profesional. No tienes que estar dentro de un club federado o pasar unas pruebas para disfrutar del deporte en grupo y aprender, y para las mujeres de Madrid esto era algo impensable hace una década”, asegura López.
"Me gustaría crecer más, pero no hay instalaciones"
“Si hubiera tenido esto con 18 años, me habría dedicado de lleno a algo que me gustaba, que era el fútbol, pero no tuve la oportunidad. Ahora, al menos puedo disfrutar y divertirme, es como retomar un viejo sueño”, cuenta Angie. La liga Fulanita es un ejemplo más de la revolución silenciosa que atraviesa el fútbol femenino y que va más allá del resultado de un mundial o una Eurocopa. Referentes como Bonmatí, Paredes o Putellas inspiran a niñas y no tan niñas a encontrar su espacio en el deporte masculino por excelencia. “El problema es que no nos esperaban. Dicen que las mujeres han tomado los campos, pero no pueden porque no hay campos”, denuncia López.
Cedida por Liga Fulanita.
El sueño de Fulanita es claro: en un futuro les gustaría conseguir un campo de gestión propia. Hasta ahora, todo se ha basado en su buena relación con los clubes y en “negociar y negociar”. Cuando les hace falta un equipo femenino, ellas lo crean a cambio de poder entrenar, y adaptan sus horarios a las horas en las que hay menos demanda de federados. “El alquiler de instalaciones ha sido y es nuestro gran obstáculo”, señala la presidenta, “cada vez hay más escuelas, más niños… y lo que interesa son familias que paguen 500 euros al mes y tener todas las horas ocupadas”.
En 2013 empezaron en los campos de Canal, con bastantes dificultades y cancelaciones imprevistas. Poco a poco han conseguido contar con tres ubicaciones: Madrid Río, Parque Lineal y Alzona, su última incorporación, donde juegan los equipos de tercera. “Me escriben desde Fuenlabrada, Leganés, Alcorcón… mujeres con hijos, de todas las edades, con todo tipo de historias. No hay nada como esto para ellas”, asegura la presidenta, a quien le gustaría crecer más, pero no cuenta “ni con instalaciones ni con medios”. “A veces es incluso más complicado con los clubes, digamos, grandes, porque si tienen una vertiente femenina es única y exclusivamente para conseguir subvenciones, lo sé de primera mano”, añade.
Un refugio contra la soledad
Más allá de las cifras, la fuerza de la liga está en las historias personales. Ese espíritu lo encarna Belén, que encontró en su equipo una vía de escape tras su divorcio. "De repente se te viene el mundo abajo y posibilidades como esta, no solo de hacer deporte, sino de conocer a gente en tu misma situación, en la que apoyarte… a mí me ha dado la vida", cuenta con cariño. Se organiza con su expareja para que cuide de su hija cuando tiene partido o acude a torneos como el de fútbol playa que organizaron hace unos meses en Málaga.
Cedida por Liga Fulanita.
La liga también se ha convertido en un lugar de integración para mujeres en situación de vulnerabilidad. Colaboran con el Ayuntamiento de Madrid en programas dirigidos a perfiles en riesgo de exclusión social, principalmente mujeres migrantes, que arrastran historias duras y suelen tener problemas con el idioma. Cada temporada participan unas diez o quince de estas mujeres dentro de la escuela de Parque Lineal.
“Hay mucha gente que llega a un sitio nuevo, enorme, y no conoce a nadie. Nos escriben porque les han dicho que aquí se hace comunidad”, cuenta López, que habla de chicas de Argentina, Colombia o Estados Unidos, que buscan un equipo al que incorporarse antes incluso de llegar a España. Una de las anécdotas que más le gusta recordar es precisamente de una chica estadounidense, que vino unos meses de Erasmus a Madrid y le escribió hace poco para contarle que, finalmente, se iba a quedar en España y que se casaba con una de sus compañeras de equipo. "Con historias como esta me doy cuenta de lo que podemos llegar a cambiar la vida de una persona con tan poco, ¿no? Somos un puente que conduce a muchos otros que cambian vidas", sentencia.
Belén, a sus cincuenta años, nunca había tocado un balón. Angie llevaba décadas sin chutar uno, aunque le encanta el fútbol desde pequeña. “Siempre jugaba en la calle, con los chicos”, explica, “porque ni había medios, ni estaba bien visto”. Con trece años lo dejó definitivamente y probó suerte en otros deportes. En enero decidió quitarle el polvo a las botas y le hizo una propuesta a su amiga: ¿y si probamos una clase en la escuela senior Fulanita de Tal?