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El problema de Yamal nos lo contó Neymar; el de Bellingham se lo está contando Mbappé
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Ángel del Riego

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El problema de Yamal nos lo contó Neymar; el de Bellingham se lo está contando Mbappé

El Barça venció in-extremis al Girona y el Madrid hizo lo propio en Getafe. Los blancos llegan líderes al primer enfrentamiento, con dos puntos de ventaja sobre los azulgranas

Foto: El entrenador del Real Madrid, Xabi Alonso. (Europa Press)
El entrenador del Real Madrid, Xabi Alonso. (Europa Press)
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Según la teoría general del Madrid y su ahijado, el balompié, nacen de una confabulación para evitar hablar de los asuntos importantes. Preguntando al intelectual sobre cuáles son los asuntos importantes, deja caer que la verdad está en las pequeñas cosas de la vida (no hace falta colonizar un continente para ser feliz, vaya).

Encontrarse en el bar con los amigos, pasar unas horas con el hijo, hacer un regalo a un ser querido, concentrar la mente en algún asunto trivial que haga desaparecer las preocupaciones del día a día. El intelectual es un hombre sencillo y se ufana de ello. Se da la vuelta, carraspea, y desaparece transparentándose en la masa.

Al ser querido, se le regala una camiseta de Mbappé o de Lamine con el estampado rojigualdo. Los mejores momentos con el hijo serán aquellos que pasemos viendo a nuestro equipo del alma, con el chaval en vilo vigilando nuestras reacciones. Apagado el fuego de la juventud, la música y su latido tribal están fuera de foco; queda el trabajo, la política y el fútbol. La masculinidad requiere dosis de análisis minuciosa de algún objeto impersonal. La política conviene no tocarla, pues es un tema muy directo que puede romper las frágiles alianzas del mundo adulto. El trabajo consiste en estar ocho horas delante de una pantalla, rellenando casillas o hablando en un inglés paleolítico con avatares sin vida propia. Así que sólo queda el Madrid, último reducto de la felicidad anormal.

O quedaba. Esa gran conversación que nacía en los bares también está en trance de extinguirse.

Las carencias del Madrid

No ayuda el equipo actual del Madrid, falto de carisma, de talento, de espíritu y con un plan de juego a duras penas telegrafiado desde el banquillo.

Tampoco ayuda Getafe. La primera de las ciudades dormitorio. Un lugar que es frontera y donde ni la verdad alcanza. El fútbol, incluso este fútbol menor y deshuesado, es una religión animista y necesita de espíritus que rellenen los huecos. Nada traspasa el hormigón que cerca la ciudad satélite. Sólo hay lo que usted tiene delante. Sin poso. Sin literatura. Sin fuera de campo.

Foto: real-madrid-arbitros-xabi-alonso-vinicius

La prueba de Ancelotti

Y así comenzó el partido. Al parecer, se jugaba con tres centrales y mucha gente en la media para hacer bulto. Mbappé de delantero y Rodrygo con Mastantuono ocupando las bandas. Es una bonita alineación para hacer una guerra de pijamas pero no para el fútbol áspero del extrarradio.

De vez en cuando la cámara enfocaba al banquillo y el banquillo escupía una verdad: Endrick no era feliz. Ese chico que parecía poseído por el demonio ahora es un animal castrado que se está dejando llevar al horizonte sin fin de la metafísica. Su mirada perdida, su paso cansino, su conversación indolente.

Sobre el campo quien andaba fuera de foco era Bellingham. No es nueva esa noticia. El príncipe inglés fue colocado por Ancelotti como falso nueve. El italiano tiene una mirada profunda y nunca se lleva a engaño. Su sabiduría es como la de la tradición o la de los refranes. Una decantación de la experiencia. Carletto vio que Bellingham tenía alma de delantero, aunque sus modales fueran de centrocampista. Entendió que era un jugador de ataque, alguien que hacía jugadas. Nunca un señor que hilvanara el juego, que lo pensara, que masticara el bolo intestinal, parar hacerlo digerible. Eso no lo era y no lo va a ser. No está en su esencia. Jude rindió como un rey los seis primeros meses. Partía del interior, pero se plantaba en dos zancadas en la zona del nueve. Era un leopardo de las nieves que bajaba a por comida a las llanuras. Pero su lugar de caza estaba ahí arriba. Como los dos delanteros eran Vinícius y Rodrygo, que se abrían sin problemas y que también empezaban la jugada por debajo de la mediapunta; Jude nunca se pisó con los ellos. Vivía en una transición continua arriba y abajo, haciendo su juego que era como una ola que rompía contra la portería. Detrás estaba Kroos, vigilante, indicándole cuál debía ser su dominio, marcando el ritmo y creando el tiempo y el espacio donde los demás iban a vivir.

Foto: getafe-christantus-uche-salida-bordalas-inscripciones

Con Mbappé ese juego es imposible. El francés demostró en Getafe lo que lleva demostrando toda la temporada: es el mejor jugador del mundo. El heredero de los cracks antiguos. Dembelé ganó el Balón de Oro y será como esos Premios Nobel dados por compasión de los que nadie ha leído nunca un libro. Lamine es muy joven y muy talentoso. Pero su sombra es la de Neymar, no la de Cristiano o Messi. Un genio poseído que nunca quiso salir de su civilización infantil. Es demasiado irregular para ser el mejor del mundo; lo subieron a los altares antes de que su espina dorsal se haya solidificado. Y eso entraña muchos peligros.

La misión de Bellingham

Mbappé es el mejor del mundo y eso lo sabe el Madrid. El juego gira a su alrededor. Y es ya un jugador posicional. Un nueve que cae a banda, como aquel Cristiano del 2016. Y Bellingham mira hacia arriba y lo vea él. No ve el campo pelado, descubierto por dónde avanzar. Lo ve a él y no sabe qué hacer. Jude no tiene esa mirada instantánea del mediapunta, que está permanente enamorado del delantero centro. No lleva dentro esa sencillez ni está unido con Mbappé por un hilo invisible, como Arda. Jude aparece por cualquier parte del campo y se enreda sobre la jugada como si estuviera molesto con su naturaleza. A veces sale indemne y con la cabeza levantada y otras pierde la pelota. El domingo hizo esto muchas veces y solo una vez oteó a Kylian en el horizonte y se la puso de cara a la portería. Demasiado poco para tanto gasto de energía.

Arda, sin embargo, salió y en su segunda jugada descubrió a Kylian en la zona del daño. Entre centrales, cogiendo el abrigo del perchero para salir a la calle. La pelota fue rauda y ligera, guiada por el pensamiento, que es lo que parecen siempre las buenas pelotas que ponen los mediapuntas. Y Mbappé se fue dando un portazo y le pegó duro y esquinado. Un gol instantáneo aunque algo mordido. Era el final de un partido feo, lleno de incidentes y sin resplandor alguno. El gol escupió la estética, pero subió al marcador.

placeholder Es importante la sociedad entre Bellingham y Mbappé. (Reuters/Marcelo del Pozo)
Es importante la sociedad entre Bellingham y Mbappé. (Reuters/Marcelo del Pozo)

Más allá de la ofuscación de Bellingham, el encuentro no tuvo melodía reconocible. El juego fue una maraña sin más hilo conductor que alguna estampida de Camavinga y la posibilidad de amenaza de Mbappé, siempre tan cerca del gol como lejos de sus compañeros. Los jugadores no parecían unidos con nadie más que consigo mismo. Eran soldados con las cosas claras pero incapaces de hilvanar un plan general. En ese sitio misterioso que suele llamarse entre líneas, no había nadie. Mastantuono lo intentaba, como Rodrygo, haciendo, diagonales que chocaban entre sí por la arritmia general del partido. Bellingham estaba en sitios pintorescos y Camavinga y Fede dominaban autopistas que no iban a ninguna parte. Sin Huijsen y sin Güler, los dos únicos creadores de juego que tiene el Madrid, los partidos vuelven a lo más desértico del juego de Ancelotti del año pasado. Y no era culpa del entrenador, sino de la plantilla. Lo que hacen las piedras al chocar entre sí es un ruido áspero y sin eco; difícilmente brota de ahí hidromiel, excepto en las fábulas de los niños. Esto mismo lo saben en toda Europa.

Italia, un lugar misterioso

Y saben también que tapando al turco con cara de adolescente, el juego del Madrid se ha acabado antes de empezar. Entre semana espera la Juventus. Italia se ha vuelto un sitio misterioso. Están fuera de los caminos del fútbol. Limpiaron su liga de dinero negro y se creyeron los dogmas que nacen en el norte de Europa. Y de esa forma se les secó el país, se les cayó el fútbol y se han convertido en un amable parque de atracciones para los instagramers de todo el mundo.

Encontrarán su camino porque los italianos siempre vuelven pero todavía siguen perdidos. La Juventus ha caído contra el Como, donde sobresale Nico Paz, español de la cantera del Madrid que juega de mediapunta y tiene esas esquirlas en la zurda que son como una caída de ojos de una estrella de las de antes. Un mediapunta con sangre argentina y origen español. Aquel que todo lo sabe. Parece que su destino será el equipo blanco y parece que cualquier otra cosa sería un error terrible.

Foto: barcelona-getafe-cronica-ferran-torres-doblete

La Juve no está bien y ninguno de sus jugadores tiene peso en su etiqueta. El ritmo de la Liga italiana es más lento y pesado que el de la española. Pero el Madrid también es una incógnita. Los inicios prometedores del equipo se han desplomado. Entre los escombros yace una idea. Una idea frágil porque apenas nadie piensa sobre el campo. Los transalpinos no será piedra de toque. La amenaza aparece al final de la semana. Y es el Barcelona. El equipo azulgrana está como el Madrid. A medio parir, deshaciendo el camino del pasado año, con tantas incógnitas como certezas y con una vulnerabilidad en su juego que todos conocen.

En el centro de todos los desvelos está Pedri. El chico es probablemente un genio, pero no es un genio completo, es alguien que necesita un escudero. Otro jugador que recoja los balones que él pierde. Otro jugador que barra para casa los balones que Pedri no recupere. Y eso no lo tiene el equipo de Flick.

Pedri está peor acompañado que en la Selección. Su juego es genial, pero entraña un peligro. Si pierde la pelota, todos los pasos estarán abiertos para el equipo rival, desde esa pérdida hasta la portería del Barcelona. No hay equipo que pueda hacer más daño desde ahí que el Real Madrid. Pero la pelota le tiene que caer a Güler y eso no será fácil. Todos están avisados. El cetro del partido estará en las decisiones que se tomen en la parte central, en las pérdidas de ambos equipos, en la ineficaz presión de los contendientes y también, en la puntería que tenga Mbappé cuando encare la portería blaugrana.

placeholder Pedri se encuentra en su mejor versión. (Europa Press)
Pedri se encuentra en su mejor versión. (Europa Press)

Veremos un enfrentamiento de bajo rango entre dos equipos heridos y en continua reconstrucción. Pero será un Madrid-Barça, el primer partido de la temporada donde la sangre será real. Todo lo de antes y después, no importa. En ese partido corre el tiempo de otra manera. Sólo existe la memoria de otros clásicos y el Madrid, ahí, comienza por debajo. La impresión es que tiene que remontar antes de que se pite el inicio del partido. Xabi vivió muchos clásicos así y lo sabe. En él estará la clave.

Según la teoría general del Madrid y su ahijado, el balompié, nacen de una confabulación para evitar hablar de los asuntos importantes. Preguntando al intelectual sobre cuáles son los asuntos importantes, deja caer que la verdad está en las pequeñas cosas de la vida (no hace falta colonizar un continente para ser feliz, vaya).

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