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La supuesta resurrección de Vinícius, el futbolista que nunca se fue (y al que quisieron echar)
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Ángel del Riego

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La supuesta resurrección de Vinícius, el futbolista que nunca se fue (y al que quisieron echar)

Cuestionado por parte de la afición, el brasileño afronta una nueva etapa en el equipo, adaptándose al protagonismo de Mbappé y buscando recuperar su mejor versión

Foto: Vinícius fue el mejor del Madrid frente al Villarreal. (Europa Press)
Vinícius fue el mejor del Madrid frente al Villarreal. (Europa Press)
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Todo comenzó en una carrera fulgurante por la banda donde un chico brasileño sortea rivales como postes de la luz. Se planta frente el portero y, en el último instante, tropieza con una cáscara de plátano y el balón se queda tonto, sin dueño, en medio del área hasta que un defensa lo despeja de un patadón. El Bernabéu se queda pensativo ante ese pequeño jugador. Es muy rápido y sabe engatusar al balón. No conoce el miedo pero tampoco la vergüenza. Sus aventuras suelen salir fatal justo en el momento donde lo importante es tomar la decisión correcta: y Vinícius siempre elige la puerta que no es, la que le hace caer al pantano de los cocodrilos, no la que le lleva directamente a la chica con un ramo de flores.

Quizás el problema de Vinícius fue su facilidad. Llevar el balón controlado muy dentro del cuerpo a la velocidad de la luz es algo que no hace prácticamente nadie. Cada regate de Lamine Yamal es considerado una conquista social; Vinícius se va de dos jugadores simplemente arrancando, parando y cambiando de dirección y se considera que eso es lo mínimo que puede hacer por la humanidad.

¿Al fin y al cabo es un profesional, no?

Esa primera imagen del chico rápido, pero atrabiliario, no demasiado listo sobre el césped y con un talento goloso, pero no mágico; es la que sigue prevaleciendo en el madridismo. Tras deshincharse el globo de su Balón de Oro, se dictaminó que su tiempo había terminado. Desde fuera del club se filtraban ofertas sin fin a cada cual más absurda. Arabia daría por él mil millones y la mitad de sus desiertos.

Foto: rodrygo-real-madrid-vinicius-avispero-xabi-alonso-champions-titularidad

Sabemos que es un jugador que cae mal fuera del Madrid. Cae mal y además sele teme. Un caso análogo al de Cristiano, del que de cada temporada se decía que sería la última en el club blanco. En la 2024/2025 el equipo se convierte en un barco a la deriva sin capitán que enderece el rumbo. Mbappé parece de repente un jugador rústico y su maridaje con Vinícius es espectral. El brasileño se comporta como un príncipe destronado: vaga por el césped sin un sitio claro y cada partido suyo se resume en media docena de chispazos que proyectan sombras donde antes había un rayo incandescente.

Su velocidad punta ha descendido; o quizás es menor comparada con la de Mbappé. Eso se comenta en muchos círculos. No tiene por qué ser una antesala de la decadencia: el mejor Cristiano vino tras perder esa rapidez cósmica y enclaustrarse en el área rodeado de los mejores artistas del Barroco. Pero de Vinícius se decía, y hay que volver a esa primera impresión, que sólo era un gran jugador por su velocidad futurista y por la repetición de esfuerzos que le convertía en un protón disparado contra un núcleo. Un protón capaz de atravesarlo y mirarnos burlón desde el otro lado.

placeholder Vinícius y Mbappé jugaron de titulares. (Reuters/Marcelo del Pozo)
Vinícius y Mbappé jugaron de titulares. (Reuters/Marcelo del Pozo)

Comienza la nueva temporada. Una parte del madridismo está impaciente. Xabi considera a Vinícius un aderezo. Son las cortinas del salón, las que matizan la luz y la luz es Mbappé. Vinícius parece poca cosa. Se ha hecho pequeño. La parodia que hacían contra él le ha ido comiendo espacio en el imaginario colectivo. Ahora es casi un estereotipo: esa estrella madridista al que solo se le daba importancia porque vestía de blanco, que tuvo un par de años buenos pero ahora vive de las rentas. Una parte del madridismo está de acuerdo. Es la parte que se supone analítica y sesuda, también crítica, imaginativa y burlona. La que anida en Twitter, donde está la gran conversación madridista, que se fue de los bares para no volver.

Algunos hablan de una decadencia como no se había conocido en una estrella madridista. Pero sus números del año pasado son los de siempre: 22 goles y 19 asistencias en 58 encuentros. Algo menos de un gol/asistencia por partido. Los mismos que en los de este inicio de temporada. Inferiores a los del francés, sí, pero nadie tiene los números del francés. Nadie excepto Cristiano y Messi, depredadores fuera del tiempo y el espacio que crearon una religión con un único discípulo: Mbappé.

Foto: xabi-alonso-entrenador-valiente-vinicius-decisiones

Desde que Vinícius se quitó el canto lóbrego de encima, en aquella primera temporada con Ancelotti, su juego ha ido superando fases. Primero marcó los goles inverosímiles. Tanto tiempo estuvo imaginándolos que fue necesario pasar de las musas al teatro forzando en cada uno de esos goles los límites del fútbol. Luego marcó en una semifinal. Él solo contra una llanura, todavía pervive ese recuerdo. Después llegó el gol que dio la Champions empujando un pase de Valverde. Era el siguiente nivel. El de los goles sencillos. Un nivel que todavía se le resiste. Siguió y siguió y, en la última temporada de Kroos, le puso letra a los pensamientos del alemán. Ya no era un loco que nos gritaba desde la banda. Sus carreras tenían un principio y un fin y las pensaba antes de ponerse a ello. Cada vez más pisaba el centro. Sus goles en semis contra el Bayern y en la final contra el Borussia vinieron por ahí. Parecía destinado a ser un delantero centro iconoclasta. Pero vino Mbappé y todo comenzó de nuevo. Tras un año de purgatorio, Vinícius ha vuelto a la banda. El juego deposición de Xabi le obliga a ser una chincheta que estire el tejido del equipo. Recibe más alto, así que sus carreras son más cortas. Su elasticidad sigue intacta, su arrancada también. Teniendo a Mbappé por delante, su velocidad punta ya no es tan necesaria. Su influencia en el juego es menor, porque está Kylian, pero Vinícius nunca galvanizó el juego del Madrid.

Muchos de sus críticos comparan el juego del actual Vinícius con algo que nunca existió. El brasileño poseía (y posee) todas las velocidades: el metro en el área, la conducción con balón, la reacción fulgurante, el desplazamiento lateral, la agilidad de malabarista para levantarse en una décima de segundo...pero la velocidad a campo abierto, que no era menor, tampoco fue su mayor virtud. Nunca fue Ronaldo Nazario, nunca fue el primer Cristiano,nunca ha sido Mbappé.

placeholder Xabi eligió a Vinícius en el once. (Europa Press)
Xabi eligió a Vinícius en el once. (Europa Press)

En los últimos partidos su juego se ha tranquilizado. Ha aceptado con naturalidad, no con resignación, que Mbappé es quien tiene el trono de los deseos. Contra el Villarreal, el francés anduvo obtuso y fue Vinícius el que mantuvo el fuego ardiendo. No le hizo falta un partido histórico. Sólo esa pizca de suerte y encontrarse cómodo en los salones. Con lo sibilino que puede ser el juego de Vinícius (más aún el de Rodrygo) y lo rectilíneo que puede llegar a ser Mbappé; esa sociedad que todavía está en su fase embrionaria, podría devastar Europa. Porque además los dos son diferentes y a la vez, intercambiables. Y están muy cerca de encontrarse en los contrataques, que ya no son esas comedias de enredo de cuando Ancelotti, pero todavía no fluyen corriente abajo que es lo que parece una contra cuando todo está en su sitio.

En el partido contra el Villarreal hubo otras cosas más allá de Vinícius. Estuvo Fede en el lateral derecho tan serio y tenaz como requerían las circunstancias. Otro jugador que ha levantado suspicacias por un partido regular y otro en el que ha refunfuñado por lo bajo. Mastantuono volvió a hacer un partido en el límite del crack. Ese límite lo marca el gol que él lleva tan lejos y tan cerca. Es como el primer Vinícius pero aprendiendo dos veces más rápido. Güler volvió a la mediapunta como si quisiera estar siempre a la distancia justa de su viejo amigo Kylian. Y en el hueco del interior, entró Ceballos. El andaluz va y viene llevando el balón como un aguador en los cuadros antiguos. Pero no lleva la manija, que más que manija es un testigo que pasa de jugador a jugador. A ratos Huijsen, otros Arda parece marcar el ritmo y en la segunda parte fue Vinícius.

Foto: real-madrid-xabi-alonso-claves-revolucion-equipo-estilo-futbol

El equipo levantino no salió con muchas ganas y, sin embargo, se encontró con varias oportunidades, casi sin querer. Y es que Huijsen es un militar pacifista, un hombre de bien al que la vida le ha puesto en medio de una guerra. Hemos tenido algunos de esos en el Madrid, Varane, el más reciente. Y Varane necesitaba a Ramos como la fotosíntesis necesita la luz; ya saben: para que los niños puedan salir a la calle para protestar contra la guerra, lo único que es absolutamente necesario es que la guerra se haya ganado. Y después de eso, todos nos cogeremos de las manos y las alzaremos hacia el cielo.

Todo comenzó en una carrera fulgurante por la banda donde un chico brasileño sortea rivales como postes de la luz. Se planta frente el portero y, en el último instante, tropieza con una cáscara de plátano y el balón se queda tonto, sin dueño, en medio del área hasta que un defensa lo despeja de un patadón. El Bernabéu se queda pensativo ante ese pequeño jugador. Es muy rápido y sabe engatusar al balón. No conoce el miedo pero tampoco la vergüenza. Sus aventuras suelen salir fatal justo en el momento donde lo importante es tomar la decisión correcta: y Vinícius siempre elige la puerta que no es, la que le hace caer al pantano de los cocodrilos, no la que le lleva directamente a la chica con un ramo de flores.

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