Simeone tiene razón en el éxtasis rojiblanco: lo de Julián Álvarez es para llorar de alegría
Desde aquel Griezmann, el equipo rojiblanco no tiene un jugador de tal potencial. Pese a un inicio flojo de competición, el Atleti disfruta de una estimulante paliza a su eterno rival. El técnico llegó a emocionarse fruto de la tensión
Julián celebra uno de sus dos tantos. (Europa Press)
A Diego Pablo Simeone se le escaparon las lágrimas después del golazo de falta de Julián Álvarez que acabó por definir el primer derbi de la temporada. El Atleti le endosó una goleada histórica a su eterno rival (5-2), arrebató la imbatibilidad al Real Madrid de Xabi Alonso y, lo más importante, por fin se reencontró con su espíritu. Más allá de tácticas, de eternos debates sobre estilos de juego o guerras internas: afición y equipo fueron uno. El fútbol, y la vida, es más sencilla cuando un jugador de la talla de Julián está en tu equipo.
"Hay muchas emociones dentro del cuerpo. Empezó la temporada complicada y hay mucho esfuerzo de mucha gente que no se ve y está siendo maravilloso", comentó el técnico rojiblanco sobre unas lágrimas que quedan marcadas para siempre en la retina de los asistentes al Metropolitano. La tensión y la presión, descomunales. Una derrota en casa contra el Madrid habría dejado a persecución de la lucha por LaLiga para poco más que un milagro.
La resurrección colchonera toca cimentarla con tres partidos relativamente asequibles (Celta de Vigo, Frankfurt y Osasuna) antes de medirse a un nuevo coco como el Arsenal. Pero el Atleti ha renacido cuando tocaba. Lo hizo de la mano de Julián. Grandes jugadores pisaron el césped del Calderón, de momento, ninguno como el argentino lo ha hecho en el Metropolitano con la camiseta rojiblanca.
Los Futre, Fernando Torres, Agüero, Forlán o la mejor versión de Griezmann. En esa mesa se sienta Julián a comer, en la de los cracks colchoneros de mayor talento en sus botas. La inversión de los 90 millones de euros ya, viendo cómo está el mercado, suena casi a chollo y a error mayúsculo del Manchester City. Un futbolista capaz de llevar el peso del juego, pero, sobre todo, de generar ocasiones de la nada. De picadura en picadura, la Araña asoma.
Tiene motivos Simeone para llorar de alegría. No es casualidad que dichas lágrimas fueran por su compatriota. Semanas atrás, hubo tensión. Las imágenes del delantero enfadado al ser sustituido con el partido por decidirse contra el Mallorca generaron ruido. Julián desmintió que sus palabras "feas" no eran contra su técnico. Pero, como siempre pasa, saltó el runrún (interno y externo) de una salida a medio plazo. Siempre, por cierto, relacionado con el FC Barcelona, que ya deslizó su interés por el futbolista.
Éxtasis rojiblanco en el Metropolitano. (Europa Press)
La respuesta a la frustración de Julián fue contundente: triplete con remontada ante el Rayo Vallecano y doblete con paliza histórica al Real Madrid. "Me siento cuidado, muy bien, feliz acá. Me han dado el espacio que quería y trabajo día a día para mejorar. La temporada es muy larga y hay que pensar en objetivos a largo plazo", aseguró Julián. El Atleti respiró, sonrió y celebró.
No será la última vez que se especula sobre el futuro a corto plazo, tanto de Simeone como de Julián. Tan cierto es que el técnico había ofrecido signos de agotamiento y frustración interna durante el inicio de la temporada, como que la victoria en el derbi explica la fe incondicional de la afición, y de la estructura deportivo del club, en su figura. Nadie representa mejor el éxtasis rojiblanco.
Los platos rotos los pagó el Real Madrid. De la solidez a diluirse como un azucarillo en un Metropolitano en ebullición. "Duele", reconoció Xabi Alonso. Es la primera gran derrota como madridista del técnico vasco. Tocan días de lamerse las heridas en Valdebebas... y de viajar a Kazajistán para medirse al Kairat. Esto nunca para.
A Diego Pablo Simeone se le escaparon las lágrimas después del golazo de falta de Julián Álvarez que acabó por definir el primer derbi de la temporada. El Atleti le endosó una goleada histórica a su eterno rival (5-2), arrebató la imbatibilidad al Real Madrid de Xabi Alonso y, lo más importante, por fin se reencontró con su espíritu. Más allá de tácticas, de eternos debates sobre estilos de juego o guerras internas: afición y equipo fueron uno. El fútbol, y la vida, es más sencilla cuando un jugador de la talla de Julián está en tu equipo.