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¿Existe realmente el Atlético de Madrid que tenemos en la cabeza?
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Ennio Sotanaz

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¿Existe realmente el Atlético de Madrid que tenemos en la cabeza?

Crisis de identidad, dudas en el banquillo y decisiones polémicas marcan el presente rojiblanco, mientras la estabilidad institucional parece priorizarse sobre el rendimiento y la personalidad en el campo

Foto: Cerezo, Simeone y Gil Marín, en la renovación del Cholo. (EFE)
Cerezo, Simeone y Gil Marín, en la renovación del Cholo. (EFE)

No es buen momento para analizar la actualidad del Atlético de Madrid, por mucho que el equipo venga de ganar al Rayo Vallecano en un partido desquiciante y poliédrico (3-2). Sería un poco cínico intentar agarrarnos a esa victoria para creer que todo lo anterior fue simplemente una racha pasajera. Dejando al margen la eventualidad de que se han conseguido la mitad de los puntos disputados en lo que va de Liga, sin entrar a valorar elementos abstractos, la realidad tangible es que desde que el cuadro colchonero ganó en Salzburgo el pasado 29 de enero, entre Champions, Liga o Copa, ha disputado quince partidos fuera de su estadio y solamente ha conseguido ganar tres (Girona, Sevilla y Valencia).

Esto no puede justificarse desde una "sorprendente" falta contundencia —como si la contundencia fuese algo que llega por arte de magia—, por una inesperada racha de lesiones o porque determinado jugador esté mohíno. Ahí hay algo más, y asumirlo es el primer paso para cambiarlo. Si se quiere cambiar, claro. Porque a lo mejor vivimos exactamente en la realidad que buscan los que llevan el volante y estamos discutiendo amargamente sobre algo que no existe.

placeholder Simeone, en una imagen reciente. (EFE/Mariscal)
Simeone, en una imagen reciente. (EFE/Mariscal)

Sé que la inmensa mayoría de los lectores, especialmente aquellos que tienen poca simpatía por esto que llamamos Atleti, tienen clarísimo dónde está el problema y cuál es la solución. No es mi caso. Y no es que piense que Simeone está exento de responsabilidad, como interpretará inmediatamente el que camina por la vida teniéndolo todo muy claro, es simplemente que no me parece tan sencillo. Por supuesto que Simeone tiene responsabilidad. Más que nadie, por el simple hecho de ser oficialmente responsable del desempeño deportivo del equipo y cobrar por ello. Especialmente, cuando, además, ha decidido ser un hombre de club y "morir" alineado con las decisiones de sus pagadores. Una elección muy lícita, faltaría más, que a mí me cuesta mucho entender. Con todo, sigo sin tener tan claro que al Atleti le fuese mejor con un entrenador distinto. Lo digo honestamente, e independientemente de que cada vez me atraiga más la idea de poder comprobarlo.

El debate podría ser muy interesante, en cualquier caso, pero es imposible tenerlo en este ambiente de intereses cruzados, hipocresía institucionalizada e histeria colectiva. Es imposible interpelar ideas cuando resulta obligatorio tener que elegir una trinchera, defender el frente mediante un único discurso y no titubear. Me aburre mucho esa mecánica moderna del todo o nada, en la que es inevitable tener que surfear entre hipérboles. Detesto que cualquier contratiempo tenga que analizarse sobreactuando y con la profundidad de un baile de TikTok. No cuenten conmigo para eso.

Simeone ha dejado muchas víctimas en la cuneta y su figura tiene seguramente muchas más aristas de las que uno es capaz de ver, pero me niego a dar por buena esa caricatura ridícula que nos muestra el establishment. Una que, por cierto, se construyó en tierra enemiga y con un fin muy concreto. Simeone tapa demasiadas cosas en esta institución llamada Atlético de Madrid. Y eso, además de viciar cualquier reflexión que pretenda ir más allá de su figura, que es lo que a mí me gustaría, provoca que otros grandes protagonistas de la historia puedan vivir plácidamente al calor de su sombra.

Foto: histeria-arbitral-atletico-real-madrid-xabi-alonso-simeone

Pero igual que alabamos en su día la heroicidad de construir un equipo top europeo (y rentable) a partir de las cenizas de una institución desnaturalizada, decadente y sin identidad, que fue lo que hizo Simeone, sería cínico exculparlo ahora de cualquier autoría sobre ese equipo vulnerable, ciclotímico y carente de personalidad que vemos. Y no es ya una cuestión de jugar bien o mal, que no deja de ser una de esas simplificaciones posmodernas que se usan para trazar la línea entre buenos y malos; el problema es que el Atleti parece desaparecer del campo justo en los momentos en los que debería recordar que es el Atleti.

El equipo que empató en Vitoria fue un horror, pero el que volvió a empatar en Mallorca ganó claramente "la posesión", "defendió en campo contrario", utilizó la "presión adelantada" y "fue protagonista con el balón". Jugó bien, según el canon actual, pero ni así fue capaz de meter más goles que su rival. También "jugó bien" contra el Rayo, pero acabó ganando un partido que estaba perdido gracias a la genialidad del único jugador genial que le queda. Lo mismo el problema no es solamente de "jugar bien". Lo mismo hay algo más profundo.

Lo que vemos ahora es un equipo capaz de acercarse con bastante frecuencia al área rival, pero sin talento para hacer gol. Un equipo al que le llegan poco, pero que encaja gol cada vez que le llegan. Ineficaz en ataque, mediocre en la construcción y muy malo defendiendo. Un equipo para "soñar a lo grande", decían. Ya. En esa búsqueda desordenada, y forzada, por encontrar una nueva identidad que fuese del gusto de los sabios oficiales, parece que el equipo se ha quedado sin identidad alguna.

placeholder Julián, la estrella del equipo. (Europa Press)
Julián, la estrella del equipo. (Europa Press)

Todo es raro ahora mismo en una institución que se comporta como la caja negra de avión y solamente sabremos lo que pasa cuando el avión se estrelle. No es normal que al entrenador no le valgan ninguno de los cuatro laterales que tiene en la plantilla. Si tiene razón para obrar así, que no lo sé, habría que despedir al responsable de la configuración del equipo. Y si no la tiene, que tampoco lo sé, habría que despedir al entrenador. Lo que no vale es mantener esta farsa actual en la que parece que nunca ocurre nada.

No puede ser que aparezca una imagen de Simeone pidiendo a sus propios futbolistas que no le pasen el balón a su delantero centro, cuando éste juega de espaldas. Un delantero, por cierto, que ocupa el puesto que ocupó Falcao, Diego Costa o Luis Suárez, pero que no mete la pierna, no se lleva una y transmite poco. No puede ser que siga apareciendo en el campo un jugador como Nahuel Molina, absolutamente bloqueado desde hace años, para que cualquier debutante rival lo haga parecer un espontáneo aturdido, que acaba de caer en una novillada. No puede ser que después de años buscando un sustituto para el Koke de treinta años, la mejor opción sea el Koke de treinta y tres años. No puede ser que Griezmann siga teniendo un puesto de responsabilidad en el equipo cuando aporta más en las redes sociales del club que en el campo. No puede ser que tu mejor recurso ofensivo en Liverpool sea un centrocampista que estaba jugando en el lateral derecho y que dos partidos después ha jugado de central. No puede ser que no te sirvan los regateadores que tenías el año pasado, los eches, y no traigas a alguien que sepa regatear. No puede ser que cuando uno mire al césped, lo que vea sea una colección de futbolistas sin carácter, que se muestran planos y que no parecen un equipo.

Y podemos seguir disimulando que no pasa nada, o insistiendo en que todos los males se concentran exclusivamente en Simeone, pero la realidad es mucho más tozuda que todo eso: nada va a cambiar mientras el Atleti sea capaz de mantener la posición que ha ocupado en los últimos años. Me refiero a entrar en Champions de la manera que sea, que es algo que sigue estando en la mano. Todo lo demás, especialmente lo deportivo, seguirá siendo secundario. Independientemente de que su afición, con la inestimable ayuda de los medios de comunicación, se desangre cada día en una guerra civil absurda sobre los anhelos y la pureza de la sangre rojiblanca. El propio consejero delegado y máximo accionista lo dejó claro el otro día, cuando en un foro para señores ricos dijo que su idea de fútbol iba más allá de los 90 minutos. Es decir, que su idea del fútbol apunta a algo que no es fútbol. Fantástico. Tiene sentido, viniendo de un señor que tiene el mejor asiento del estadio, pero que nunca, jamás, acude a ver los partidos. Es obvio que lo importante siempre estuvo más allá de los 90 minutos. ¿O alguien piensa que el interés de Apollo es por lo que ocurre en el césped del estadio Metropolitano y no por lo que pretenden que ocurra fuera?

No es buen momento para analizar la actualidad del Atlético de Madrid, por mucho que el equipo venga de ganar al Rayo Vallecano en un partido desquiciante y poliédrico (3-2). Sería un poco cínico intentar agarrarnos a esa victoria para creer que todo lo anterior fue simplemente una racha pasajera. Dejando al margen la eventualidad de que se han conseguido la mitad de los puntos disputados en lo que va de Liga, sin entrar a valorar elementos abstractos, la realidad tangible es que desde que el cuadro colchonero ganó en Salzburgo el pasado 29 de enero, entre Champions, Liga o Copa, ha disputado quince partidos fuera de su estadio y solamente ha conseguido ganar tres (Girona, Sevilla y Valencia).

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